CARACAS/ESPECIAL.- Los estudios comparados demuestran que la movilización y organización de la ciudadanía son factores esenciales en los procesos de cambio políticos en regímenes autoritarios; sin embargo, la oposición venezolana aún se debate en cómo lograr esa movilización y organización. Especialmente será así a partir del 5 de enero de 2021 cuando culmine el periodo constitucional de la Asamblea Nacional presidida por Juan Guaidó.

Internacionalmente está muy claro el apoyo que tiene el gobierno interino de Juan Guaidó, sin embargo, en el plano interno no es tan sencillo encontrar un bloque compacto de consensos en torno a su decisión de no participar en la farsa electoral planeada por Maduro para el 6 de diciembre y de prorrogar el mandato constitucional del Parlamento.

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Maryhen Jiménez, doctora en Ciencia Política por la Universidad de Oxford y especialista en democratización comparada, autoritarismo y política latinoamericana, sostiene que la “oposición venezolana se encuentra posiblemente en su peor momento.

La división no es solo entre distintos sectores -minimalistas, el llamado G4 y máximalistas- sino también a lo interno de los partidos. Estos niveles de fragmentación le impiden tomar una decisión y ruta estratégica común que permita a su vez aglutinar esfuerzos para llevar a la coalición autoritaria a una negociación”.

Jiménez recuerda que “después de haber construido una alianza opositora sólida, la Mesa de la Unidad Democrática, cuyo fruto fue la victoria de la Asamblea Nacional en 2015, los sectores opositores han desarrollado diferentes preferencias en la acción política”.

Desde su perspectiva, uno de estos sectores puede ubicarse en “el gerrymandering [puja por las elecciones] que se está desarrollando actualmente entre el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y la Mesa de Diálogo Nacional (MDN) que tiene como objetivo avanzar hacia una nueva constelación autoritaria pre-acordada, en la cual pueden existir ciertos grupos opositores satelitales que no pongan en riesgo la hegemonía del PSUV”.

Por otro lado, se encuentran los sectores que no consideran el voto “como un mecanismo de movilización en tiempos autoritarios y sostienen la tesis de la intervención para liberar al país antes de poder participar en comicios”.

Finalmente, Jiménez identifica al sector más importante de la oposición, liderado por Juan Guaidó, que cuenta con el apoyo de una parte de la comunidad internacional y ha decidido oficialmente que no participará en la “farsa electoral” del 6 de diciembre, “pero sin anunciar cuál será la ruta que seguirán para cumplir con la promesa de cambio que sostienen desde febrero de 2019”.

La académica advierte que este panorama a nivel de élites políticas “implica un escenario de mucha incertidumbre para la población venezolana. Por un lado, se encuentra el grupo político-institucional que parece bloquear la posibilidad de generar más acuerdos humanitarios, que urgentemente se necesitan. Además, las posturas visibles de la mayoría de los partidos políticos no parecen estar alineadas en torno a una negociación confiable que pueda dar paso a una transformación en Venezuela”.

La doctora en Ciencia Política por la Universidad de Oxford sostiene que si Maduro y los partidos que integran a la Mesa de Diálogo Nacional insisten en llevar a cabo un proceso electoral en diciembre y el gobierno interino plantea la “continuidad administrativa” o un posible gobierno en el exilio “la crisis se agravará aún más y la presión internacional no podrá generar el cambio que anhela la mayoría de la población”.

Jiménez considera que para salir la crisis multidimensional que atraviesa el país “todos los actores deberían pensar en que es más provechoso y estratégico llegar a acuerdos, incluso imperfectos. De no ser así, la violencia podrá escalar, Maduro reprimirá con más intensidad, sobre todo a los diputados que ya no contarán con inmunidad parlamentaria, y habrá más fragmentación en la oposición, los actores irregulares podrán asumir aun más control, el desplazamiento forzoso aumentará y, como en otros casos, los esfuerzos de la comunidad internacional serán aun más limitados si no tiene a un actor opositor confiable en quien depositar sus esperanzas.

La Iglesia regaña al liderazgo

La iglesia venezolana considera que de parte del gobierno interino que lidera Juan Guaidó, además de la decisión de no participar en el evento electoral del 6 de diciembre, le falta definir una estrategia.

La iglesia es del criterio de que “a pesar de las irregularidades, la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo de parte del gobierno”.

Los integrantes de la directiva de la Conferencia Episcopal Venezolana argumentan que son conscientes de las irregularidades que se han cometido hasta ahora en el proceso de convocatoria y preparación de este evento electoral: la designación de los directivos del Consejo Nacional Electoral, la confiscación de algunos partidos políticos, inhabilitación de candidatos, amenazas, persecuciones y encarcelamiento de algunos dirigentes políticos, el cambio del número de diputados y de circunscripciones electorales.”.

Sin embargo, indican que no es suficiente que “un grupo importante de líderes y de partidos políticos ha expresado su voluntad de no participar en las elecciones parlamentarias”.

Para los representantes de la iglesia, “esto no basta”; consideran que se debe asumir la responsabilidad de buscar salidas y generar propuestas para el pueblo que durante años han creído en ellos, pues la sola abstención hará crecer la fractura político-social en el país y la desesperanza ante el futuro”.

Según el comunicado de la CEV “la decisión de abstenerse priva a los ciudadanos venezolanos del instrumento válido para defender sus derechos en la Asamblea Nacional. No participar en las elecciones parlamentarias y el llamado a la abstención lleva a la inmovilización, al abandono de la acción política y a renunciar a mostrar las propias fuerzas.

Alternativa

Arquitecto de profesión Mariela Ramírez es la cara y voz visible de los grupos de la sociedad civil agrupados bajo la plataforma Dale letra y Diálogo Social, estos son grupos de la sociedad venezolana vinculados a las ideas de la no-violencia activa y que en los últimos años han trabajo para tratar de lograr puentes de comunicación y entendimiento entre el régimen de Maduro, la comunidad internacional, los partidos de oposición, la sociedad civil, grupos religiosos y empresariales.

Ramírez recuerda que en Venezuela “tenemos un régimen que cada día profundiza el conflicto (…) En lugar de facilitar el entendimiento, aumenta la represión, profundiza los patrones de persecución y las violaciones masivas a los DDHH, permite que el Tribunal Supremo de Justicia avance en la toma judicial de los partidos políticos cerrando los espacios democráticos”.

Alrededor del régimen de Maduro se encuentran distintos grupos, con motivaciones muy diferentes.

Ramírez sostiene que en medio de esta dinámica, el gobierno de Maduro ha logrado “atraer a miembros de organizaciones políticas de la oposición que dicen trabajar por el cambio político y la democracia y que, sin embargo, reclaman por vía judicial la jefatura de los partidos”.

Otro grupo es el que dice defender la ruta electoral y han llevado a cabo un “diálogo nacional, donde los únicos que han participado son ellos y el grupo en el poder (…) estos son los partidos que acudieron a la elección presidencial del año 2018”.

En este mapa de poder también se encuentran “los partidos políticos con expresión mayoritaria en la Asamblea Nacional, partidos que atraviesan una severa crisis, no sólo por la desmesurada persecución de la cual han sido víctimas, sino también por los múltiples errores que han cometido (…) Estos partidos hablan de una continuidad administrativa, para prolongar el mandato de la Asamblea Nacional, de cara al año 2021, medida que ya en sí misma requiere un debate a profundidad sobre su viabilidad, pero que en todo caso no parece ser una solución a los problemas que vivimos los ciudadanos de a pie”, define Ramírez.

En medio de todos estos grupos, la activista identifica a los políticos “con visión democrática, los llamados moderados, silenciados bajo epítetos como traidores o colaboracionistas. En este laberinto se pierden a diario vidas de venezolanos comunes devorados por el conflicto”.

Independientemente de los grupos políticos que puedan identificarse, para Ramírez es esencial, ante la falta de consenso entre el régimen de Maduro y el resto de los grupos políticos, que se materialice un nuevo acuerdo social en Venezuela que reúna a líderes religiosos, juristas, empresarios, académicos, economistas, líderes políticos y sociales, trabajadores y ciudadanos para concretar “elecciones por la democracia”.

@Puzcas

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