A Luis Rubiales no le tembló el pulso. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol se enteró tarde y mal. Su director deportivo Fernando Hierro tampoco estaba informado. Lopetegui había negociado a espaldas de ellos con el Real Madrid. Entendió que ir de cara no perjudicaría en nada al grupo y se encararía el Mundial con las mismas garantías de éxito.
Fue una traición en toda regla para Rubiales. Su prestigio estaba en juego, después de las palabras que pronunció tras ganar las elecciones a la presidencia y abrir las puertas de la Federación de par en par prometiendo máxima transparencia. La deslealtad sería castigada, el lugar en el que había quedado interpretó que le obligaba a intervenir. No podía permitir que la selección española, el equipo de todos, pasase a un segundo plano respecto a los clubes.
Se enteró cinco minutos antes del comunicado del Real Madrid. No se cansó de repetirlo. Al presidente de la Federación nadie le informó de nada a tres días de que la selección española de el primer paso en el Mundial 2018, considerada una de las favoritas. Todo lo deportivo quedó de lado de golpe.
La calma de Krasnodar desapareció desde el cargo que menos se esperaba, el que era jefe de todo, un Lopetegui metódico, que tenía estudiado todo al detalle y jamás pensó que su decisión de aceptar el ofrecimiento del Real Madrid fuese a provocar tal terremoto.
Los jugadores, en su mayoría, estaban de su lado. Estos dos años ha sido un seleccionador cercano, siempre de cara y directo, como a los futbolistas les gusta que les traten. De esos técnicos que dan un paso al frente cuando les miden. Algunos no esperaban este movimiento, lo consideraron una traición y auguraban lo peor en un clima enrarecido que explotaría en cuanto llegase un resultado malo.
Nada hizo cambiar de opinión a Rubiales. Los valores de la Federación estarían por encima de los nombres y de cualquier interés personal. Si había que anteponerlo a cualquier aspecto deportivo se haría. Así llegó una noche tensa y una mañana de decisiones difíciles de encajar. Lopetegui estaba fuera. Los jugadores asistían a todo desconcertados en la concentración.
Nunca se pensó en buscar fuera de la casa. Las opciones se reducían a Fernando Hierro o Albert Celades. El calado de Hierro en el grupo es mayor. Con varios de ellos fue campeón del mundo en Sudáfrica, con otros cosechó éxitos en las categorías inferiores de la Roja. Es historia viva de la selección en su pasado de futbolista, con cuatro Mundiales y dos Eurocopas disputadas.
Su falta de experiencia en los banquillos, un año al mando del Real Oviedo y otro de ayudante Carlo Ancelotti en el Real Madrid, que vale por un puñado de ellos en cualquier otro club, son su corto aval. Pero nada le hizo temblar para convertirse en el salvador de una situación caótica e inaudita. Nunca en la historia una selección cesó a su entrenador a dos días del inicio de un Mundial.
Encara el mayor reto que cualquier entrenador puede afrontar. Con el agradecimiento eterno de Rubiales a su valentía y marcando el paso del que siempre fue un ganador. Cree firmemente en las opciones de estos jugadores por conquistar el Mundial. El primer éxito lo vivió de cerca y ahora lo intentará desde el banquillo. El día más convulso de la selección quedará en el olvido cuando el balón comience a rodar.
Roberto Morales
FUENTE: Agencia EFE
 

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