El asunto debió haber sido muy embarazoso. Los vicecancilleres de los países del Grupo de Contacto: España, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, Suecia, Reino Unido, Costa Rica, Uruguay, Ecuador y Bolivia, acudieron a una reunión con Nicolás Maduro. La mayoría de ellos lo califica como usurpador y ha reconocido al presidente interino Juan Guaidó.

Los miembros del Grupo se mostraban esperanzados en detectar una pequeña señal que permitiera asir una salida política. Pero no la encontraron. La certeza de las nulas intenciones de los usurpadores en querer medirse electoralmente se hacen evidentes apenas se asiste a cualquier evento de esfuerzo diplomático. En Noruega también ocurrió.

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El representante de Italia en el Grupo de Contacto, Ricardo Merlo, compartió algunas impresiones sobre el encuentro con el periódico argentino Clarín. Italia, por cierto, es uno de los países que no ha reconocido a Guaidó. El vicecanciller Merlo no pudo ocultar su desconcierto, tal vez por eso declaró. Porque cualquier funcionario responsable ha de quedar perplejo después de soportar durante hora y media el performance de un sujeto que con cinismo trata a los demás como idiotas.

Merlo explicó con alguna condescendencia que Maduro no percibe la realidad como es. Se entiende la sutileza del lenguaje diplomático para describir a un sujeto que durante 90 minutos sometió a una misión designada por la Unión Europea, a tener que escuchar una perorata atestada de datos falsos, descalificando a los venezolanos que sufren una inmensa tragedia.

Maduro estuvo describiendo un país utópico en el que todo está muy bien, con ostensibles logros obtenidos gracias a la revolución y cuyo único problema son las intenciones de Estados Unidos de invadir para lo que él ya tiene dos millones de milicianos dispuestos a defender la patria.

Merlo debe haber entendido la desgracia que sufre Venezuela con una persona con tan evidentes carencias a la cabeza del poder. El vicecanciller compartió su preocupación por la incapacidad de Maduro para discernir. Se dio cuenta de que es imposible por lo tanto, que el usurpador reconozca sus fallas y, como consecuencia, exprese alguna empatía.

"Cuando pregunté si tenían una autocrítica se quedaron mudos", refiere Merlo sobre Maduro y su equipo. "Entonces tardaron en responder, para luego no decir nada en concreto".

El resto del tiempo en la reunión, Maduro lo dedicó a descalificar a Leopoldo López y al presidente Guaidó a quienes llamó “fascista y neofascista”, respectivamente. Algún gesto de sorpresa ha de haberse escapado cuando por contraste, Maduro se autodefinió como de “centro moderado”.

El vicecanciller Merlo procuró en su relato describir lo que percibió del país. La tragedia económica así la resumió: “Fui a comer a un restaurant donde el plato que pedí costaba Bs 60 mil y el camarero gana Bs 18 mil. ¿Quién puede vivir así?”. Lo sensibilizó también la ausencia de medicamentos y agregó que en Venezuela no hay Estado de Derecho, ni separación de poderes. Definió al gobierno como de facto cívico-militar que no reconoce a la Asamblea Nacional, única autoridad elegida. Destacó que no hay libertad de prensa y que los diputados son perseguidos. De hecho, la embajada de Italia aloja a dos parlamentarios, Américo De Grazia y Mariela Magallanes.

Es probable que el vicecanciller Merlo se convierta en un activo difusor del drama venezolano. De sus declaraciones podríamos inferir que considera que la inteligencia de Maduro está por debajo de lo normal y que funciona para algunas cosas porque alguien le da órdenes y lo manipula. Es muy probable que en su imposibilidad de discernir no reconozca la esencia de las cosas, que sea incapaz de comprender que hay seres semejantes con cualidades específicas como las que tienen las personas y los animales, por ejemplo.

El escenario que avizora el vicecanciller Merlo no resulta alentador aunque es fundamental para efectos de la estrategia porque nos aterriza en nuestra realidad: Maduro no muestra disposición para elecciones libres. Él y sus titiriteros no tienen intención de dejar el poder por la vía democrática. Se burlan de la posibilidad de convocar elecciones transparentes controladas por organismos internacionales. En pocas palabras: el chavismo no se quiere medir. A ellos no les importa que Venezuela se hunda.

La percepción de Merlo contrasta con los resultados de un desayuno con el presidente Guaidó a quien vio dispuesto a evaluar las alternativas democráticas que espanten a la dictadura de una vez.

Los esfuerzos continúan. En Oslo se prolongan los intentos. También en Estados Unidos y con el Grupo de Contacto. Todas las opciones sobre la mesa, pues. Aunque van quedando muy pocas.

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