China y el Vaticano renovaron el jueves su histórico acuerdo sobre el nombramiento de los obispos. "China y el Vaticano han decidido, tras consultas amistosas, prolongar por dos años el acuerdo temporal sobre el nombramiento de obispos", dijo a la prensa el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijan.

El Vaticano también confirmó este jueves el acuerdo en una nota oficial.

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"Tras expirar la vigencia del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de obispos (...) las dos partes acordaron extender la fase de implementación experimental del acuerdo por otros dos años", reza la nota.

Pekín y el Vaticano firmaron en septiembre de 2018 un acuerdo provisional y renovable en octubre de 2020 que deseaba poner fin a cerca de 70 años de tensiones por la espinosa cuestión del nombramiento de los obispos.

En su nota oficial, el Vaticano dijo que "pretende continuar el diálogo abierto y constructivo para promover la vida de la Iglesia católica y el bien del pueblo chino".

Justo antes de la renovación del acuerdo con Pekín, la mano derecha del papa Francisco, el cardenal Pietro Parolin, declaró a la prensa el miércoles estar "contento" por ello.

"Desde luego, hay numerosos problemas que el acuerdo no intentaba resolver" aseguró, aunque rehusó hablar de "persecuciones" contra los católicos chinos.

Los 12 millones de católicos de China viven entre una iglesia clandestina, llamada "subterránea", que solo reconoce la autoridad del papa, y la iglesia "oficial", sometida al régimen.

En virtud del acuerdo de 2018, el papa Francisco reconoció a ocho obispos nombrados por Pekín sin su aprobación y las autoridades chinas reconocieron a su vez a dos exobispos de esta iglesia subterránea.

Pero las concesiones realizadas por el Vaticano no han hecho que la vida de los cristianos de esta iglesia clandestina china, que representaría unos 6 millones de fieles, sea más fácil.

Los católicos, al igual que los fieles de otras religiones, padecen esta política de omnipresencia del régimen chino que se traduce en la destrucción de iglesias o de cruces situadas en los tejados de los edificios o en el cierre de escuelas consideradas confesionales.

"La situación no ha mejorado en absoluto" declaró a la AFP antes de la renovación del acuerdo un exsacerdote clandestino de la provincia de Jiangxi (centro), y agregó que la perspectiva de renovar el acuerdo Vaticano-Pekín deja a los católicos "desamparados y desesperados".

Al otro lado del país, en la provincia de Liaoning (noreste), uno de sus colegas informa de un aumento de la vigilancia. "Otros sacerdotes me han dicho que tenga cuidado porque el clima se está poniendo tenso, pero sigo predicando y organizando clases de catecismo", afirma.

Del lado de la Iglesia patriótica, los sacerdotes contactados por la AFP prefirieron no responder.

Pero en su blog, uno de ellos, el padre Paul Han Qingping, de la provincia de Hebei (norte), se pronunció a fines de septiembre por una renovación del acuerdo.

"Con el levantamiento de los obstáculos, los obispos de China pueden ahora reunirse más a menudo para resolver los problemas de la Iglesia", escribió, aunque admitió que parte del clero clandestino se resistía a ello.

El "sueño" de ir a China

Pese a esta complicada situación, el papa Francisco quiere restablecer las relaciones con el régimen comunista, rotas en 1951, y ha expresado el "sueño" de viajar al gigante asiático, al que el catolicismo llegó en el siglo XVI, gracias fundamentalmente a misioneros jesuitas, la misma orden del papa.

China y el Vaticano "seguirán hablando (...) y haciendo avanzar el proceso de mejorar sus relaciones", dijo Zhao.

Para terminar de complicar las cosas, el Vaticano forma parte de los 15 Estados del mundo que reconocen el gobierno de Taiwán, isla dirigida por autoridades contrarias a Pekín desde 1949 y sobre la que China reivindica su soberanía.

FUENTE: AFP

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