MIAMI.– El opositor cubano José Daniel Ferrer, líder la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), asegura que regresar nuevamente a prisión por su activismo es “solo una opción”, frente a la que sería la “verdadera intención” del régimen más antiguo del continente: causarle la muerte para marginarlo de las calles de una vez por todas.

En entrevista concedida a Diario Las Américas, Ferrer hizo la denuncia mientras rememoraba casos de opositores cubanos cuyas muertes han sucedido en circunstancias no esclarecidas.

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El opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas falleció tras un incidente automovilístico en el oriente de Cuba, el 22 de julio de 2012. Según el régimen de La Habana, se trató de un accidente, pero Ofelia Acevedo, viuda del reconocido activista, y Rosamaría Payá, hija de ambos, sostienen que la muerte del fundador del Movimiento Cristiano Liberación fue producto de un “asesinato premeditado”. Un informe de Human Rights Foundation respalda ese señalamiento.

Asimismo, la muerte de Laura Pollán, cofundadora de las Damas de Blanco es otro de los casos que motiva a centenares de dedos acusadores a apuntar hacia la dictadura cubana. El deceso fue presentado oficialmente como resultado de un paro cardiorrespiratorio, sin embargo, la hoy líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, ha afirmado en diversas ocasiones que el fallecimiento de Pollán habría sido por la inoculación de un virus letal. Otros activistas piensan y han asegurado lo mismo.

Pero, además, la oposición cubana considera “extrañas” las circunstancias que rodearon las muertes de contradictores como Orlando Zapata Tamayo, Miguel Valdés Tamayo, Adrián Leiva y Wilfredo Soto, en tanto que la activista Xiomara Cruz Miranda tuvo que salir de Cuba, para salvar su vida en Miami luego de que, de acuerdo con su testimonio, “me inyectaron algo” para “sacarme de circulación”.

Esa serie de hechos, y muchos otros como el derribo en pleno vuelo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate en aguas internacionales, así como el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo, donde murieron ahogadas 42 personas, llevan a Ferrer a considerar que si cae en manos de los represores, cualquier cosa podría ocurrir con su vida.

El activista formó parte del Grupo de los 75, integrado por intelectuales, periodistas independientes y opositores, condenados a prisión durante la oleada represiva de 2003 en Cuba, conocida como Primavera Negra, en la que los arrestados fueron condenados a 25 años de cárcel por disentir del sistema imperante en la isla.

“Sin ánimo de exagerar, en casos como el mío, el de Bertha Soler y el de otros líderes de la oposición, más que el riesgo de volver a prisión, existe el de perder la vida al estilo de Oswaldo Payá o Laura Pollán, para poner fin a nuestro humilde, pero decidido y constante activismo con fórmulas que puedan parecer más bien accidentes que acciones de sus cuerpos represivos”, afirmó.

El opositor aludió a una expresión de Payá Sardinas: “Vivimos y morimos en manos de Dios y consagramos nuestras vidas y nuestros esfuerzos y el de nuestras familias en aras de la libertad y la democratización de Cuba”. A lo que agregó: “Lo único cierto es que ningún riesgo preocupa o paraliza nuestro trabajo por esa Cuba libre, democrática, justa y próspera que todos deseamos y que tanto necesitamos”.

Por todo esto, Ferrer dice que tiene la certeza de que “el riesgo de volver a prisión es permanente y siempre estamos dispuestos a asumirlo porque es parte del costo de la lucha por la libertad”, pero más allá de esa amenaza el representante de la UNPACU es consciente, como él mismo lo afirma, de que “cada día es más evidente de que hay un riesgo más alto y es el riesgo de perder la vida”.

Escala la represión

Las declaraciones de José Daniel Ferrer, cuya detención más reciente tardó seis meses por un supuesto delito que le valió una condena de cuatro años y medio en su domicilio, se conocen en momentos en que las fuerzas represivas en la isla han arreciado su accionar en contra de la oposición y el pueblo en general.

La sede de la UNPACU, en Santiago de Cuba, en el oriente de la isla, donde también reside Ferrer junto a su familia, se encuentra sitiada por agentes desde hace alrededor de 80 días, según Ferrer.

“Ante el desabastecimiento, las colas constantes [filas de espera] y el creciente descontento, lo que hace el régimen es responder con más represión y nuestros activistas, en medio de una situación tan difícil y compleja para la nación, lo que hacen es multiplicar sus energías y desarrollar un mayor activismo a favor de nuestros proyectos sociales”, dijo.

El cerco a la sede de la UNPACU, explicó, “busca evitar que confluyan activistas, vecinos, indigentes, personas que socorremos con alimentos y medicinas en medio de la compleja crisis que vive la ciudad y la nación por la COVID-19, y el régimen, en vez de buscar sanas y reales soluciones a tantas problemáticas creadas por ellos mismos, lo que hace es aumentar la represión”.

A diario se registran detenciones de activistas, según Ferrer, quien reportó que la semana pasada fueron arrestados Amir Rodríguez Cisneros y Liusban John Utra, “por negarse a pagar multas arbitrarias que durante los últimos meses les han impuesto para que abandonen su activismo a favor de la libertad, la democracia y los derechos humanos”.

Crisis profunda

Si algo no puede esconder el régimen, a pesar de la información maquillada que entregan a la comunidad sus medios de comunicación, es la crisis económica y social que golpea a cada rincón de la isla.

‘Resolver’, una palabra que está enquistada en el vocabulario del cubano como medio de supervivencia, no es suficiente para satisfacer el listado creciente de carencias que describe Ferrer.

“Aquí en Santiago como en Ciego de Ávila, por ejemplo, las colas son durante todo el día y a lo largo de varias cuadras para comprar detergente, jabón, pollo y otros artículos de primera necesidad”, aseveró.

Ferrer deploró que en medio de esa situación “lo único que se le ocurre al régimen es implementar más acciones como perseguir a los que ellos llaman ‘coleros’, acaparadores y revendedores, y eso no es sano, no resulta positivo; eso no da lugar a que salgamos de la crisis”.

“Activismo negativo”

El líder contradictor cuestionó a “algunos influencers” en el exilio que hablan de la crisis, critican las prácticas del régimen, pero que, a su juicio, “no se arriesgan a recibir golpes, ir a prisión o incluso ser objeto de torturas”.

Para Ferrer, “este es un activismo negativo”. Además, criticó que “hay personas que no sabemos de dónde salieron, ni cuál es su objetivo, que siempre los vemos criticando y atacando no solamente a los que luchamos dentro, en la vanguardia, en primera fila, sino también al grupo patriótico del exilio que mejor y mayor historial tiene en cuestiones de defensa de los derechos humanos”.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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