Obtener un título universitario es, sin duda, uno de los peldaños más importantes que una persona puede alcanzar, para tener un futuro lleno de posibilidade, y si en el camino se encuentra con buenos educadores y consejeros, el éxito puede que esté asegurado.

Durante más de medio siglo, 25 años como presidente de esta institución, el Miami Dade College, he sido testigo de la gran labor que realizamos como una familia mancomunada que pone su granito de arena en forjar los líderes del mañana.

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Desde 1960, nuestros programas académicos han servido a más de dos millones de estudiantes, en parte gracias a la fuerza de voluntad y deseos de superación de nuestros alumnos, pero también se debe a la labor que desempeñan a diario nuestros empleados. Sin ellos, el éxito del Miami Dade College no fuera posible.

Miles de personas laboran en los ochos campus y centros de apoyos del Miami Dade College. Éstos empleados se esfuerzan en crear un entorno de aprendizaje excepcional que no solamente invita y prepara a los estudiantes, sino les permite alcanzar sus objetivos dentro y fuera del aula. Somos una fábrica de sueños y todos contribuimos al resultado final.

No en balde a través de los años hemos recibido un sin número de honores. En la última década, hemos figurado en la lista de Mejores colleges para trabajar, distinción que otorga la prestigiosa publicación The Chronicle of Higher Education. Recibimos el codiciado Premio Aspen de Excelencia Académica, el reconocimiento principal al rendimiento y logros de colleges estatales de la nación, el Premio del Jurado a la Innovación en la Educación de la Fundación Lumina y el Premio Leah Meyer Austin de Achieving the Dream, que se otorga a una institución que haya demostrado notables logros en la creación de una cultura enfocada en los estudiantes, que abarca todos los niveles de la organización. La lista es larga, pero recalca la ardua faena de todos los que trabajamos en esta institución.

Por eso cuando alguien se refiere los empleados y facultad del Miami Dade College y expresan su infinito agradecimiento sé de dónde emana. Esto fue palpable durante la ceremonia de servicio a nuestros empleados de la cual fue partícipe recientemente. No hay palabras suficientes que expresan mi más profundo aprecio a quienes por tantos años nos han ayudado en nuestra misión. Sin ellos, los logros de Miami Dade College no hubieran sido posibles.

El evento, el cual realizamos todos los años, destaca el profesionalismo y talento de nuestros empleados, muchos han sido parte de MDC por más de 10 años, algunos más de 30 años, o como un servidor, que he estado con esta institución por más de cinco décadas. La ocasión, sin duda, reúne a viejos amigos, es decir a nuestra familia.

En nuestros predios es común escuchar historias como la del profesor de ciencias del campus Wolfson, Christopher Migliaccio, quien tras un legado de enseñanza de 32 años decidió retirarse, o la de Michael Walton, quien celebra 50 años en el campus Norte y se estima que haya enseñado y asesorado a más de 18.000 estudiantes. Este tipo de dedicación es inconmensurable.

Es cierto que Miami Dade College ha crecido enormemente desde sus humildes inicios hace cincuenta y nueve años. Hoy, el College tiene la responsabilidad de ser líder económico, cultural y cívico para el progreso de nuestra diversa comunidad y se debe a la labor de nuestros empleados que entienden que el encargo y porvenir de muchos se encuentra en sus manos.

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