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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- A falta de pan, casabe o lo que sea. Es urgente elaborar comida para la población. Inventiva, compañeros. Rescatar las viejas recetas gastronómicas del ‘período especial’ que mitigaron el déficit de alimentos. Aprovechar nuestras reservas (¿?), hacer más con menos. Recuerden que la producción de alimentos es más importante que los cañones.

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No es el monólogo de un tarado. Son las notas tomadas al vuelo por el administrador de una pizzería estatal en el sur de La Habana durante una reunión de ‘los factores’ [funcionarios] en la sede del partido comunista municipal. La narrativa del régimen cubano es desquiciante. Redundante. Peripatética. Soliloquios cargados de jergas, citas de Fidel Castro y repetición de viejos conceptos y consignas.

Llamémosle Richard. Un joven administrador que cuando ocupó el cargo, su proyecto era competir con las mejores pizzerías privadas. Reunió a los desanimados trabajadores, más acostumbrados a robar que a producir, y les pintó un panorama prometedor. Había leído un puñado de libros sobre el cooperativismo en Europa y best sellers al estilo de Made in Japan de Akio Morita y Autobiografía de un triunfador de Lee Iaccoca.

Richard todavía cree en la empresa socialista. “Si le dan los medios de producción a los trabajadores y el Estado deja ser el dueño que gana la plusvalía, se puede competir con el sector privado. Lo que se necesita es sentido de pertenencia. Que los obreros sientan que son los dueños”. Cuenta que tenían garantizada la materia prima y los insumos. "Al tener menores costos, los precios de venta eran más bajos, menores los impuestos a pagar y las minuciosas inspecciones más flexibles. Si no los proponíamos, podíamos competir en calidad con las pizzerías privadas".

Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. El presidente Miguel Díaz-Canel, designado por el dictador Raúl Castro, repite como un papagayo que su intención es que el sector estatal y el privado compitan en igualdad de condiciones.

Todo es cuento

Richard es un cuadro (dirigente) formado en ese relato. En la realidad diaria, las cosas fueron diferentes. A diferencia de los particulares, recibían a menor precio la materia prima, pero el plan de ventas era muy elevado y parte del dinero que ganaban se desviaba en pagos para funcionarios de comercio interior que le garantizan los insumos o al bolsillo de los quisquillosos inspectores para que no cerraran la pizzería por insalubridad.

“Todo es un cuento. Si se permitiera formar una auténtica cooperativa, los salarios fueran de 4.000 o 5.000 pesos. Y excelente la calidad gastronómica. Pero es ese lado corrupto del Estado el que te obliga a pagar dinero de las utilidades para el director de Comercio del municipio, al jefe de inspectores, al director de los almacenes, sin contar que los ‘factores’ del partido pasan por aquí para que se les garanticen alimentos en actividades recreativas y reuniones de balance. Y no pagan un centavo. Esos factores, entre otros, son los que impiden que los trabajadores no sean los verdaderos dueños de los comercios estatales”, reconoce Richard.

Convencido de que con la metodología del estrafalario socialismo cubano es muy complicado prosperar, la pizzería volvió al pasado. Un antro de empleados más que a trabajar, van a robar queso, puré de tomate y harina. O cualquier cosa. Comenzaron a perderse los herrajes del baño recién reparado y las piezas de los splits instalados en el salón. Con la llegada de la ‘situación coyuntural' de Díaz-Canel, en septiembre del año pasado, Richard recibió instrucciones de implementar un nuevo menú sin dejar de ofertar ‘alimentos al pueblo’.

Hace quince días, en una reunión con todos los administradores municipales, los directivos de la empresa dictaron nuevos ucases. Richard, muestra los apuntes que escribió en su agenda: Vender pizzas con queso saborizado o con otros ingredientes rescatados de la etapa del período especial. Que puede ser yuca, boniato o picadillo de soya. De lo que se te ocurra hacerlas. Pero tienes que seguir reportando dinero a la empresa.

Alimentos virtuales

"Es un absurdo total", dice y explica que el menú 'coyuntural' está compuesto por sucedáneos para engañar el estómago de la gente. Ahora la pizzería oferta cajitas de arroz salteado con tripas y miragurt, una bebida saborizada, hecha a base de suero de leche vacuna, maicena y azúcar, catalogada como un alimento probiótico. También están vendiendo pay (pie) con cáscaras de melón. Próximamente van a elaborar los pays con cáscara de plátano.

Si algo distingue a la gastronomía estatal socialista es su pésima calidad. Díaz-Canel intenta revertir el panorama dando cansones teques (charlas) sobre la cultura del detalle. Pero cae en saco roto. Eulalia, nutricionista, considera que las pobres cosechas, baja producción de cárnicos y capturas pesqueras irrelevantes son las causas de que la dieta alimentaria implementada por el Estado sea de muy baja calidad nutricional.

Repasemos la gastronomía cubana en tiempos de crisis: picadillo de soya, masa cárnica, pasta de oca, fricandel, perro (salchicha) sin tripa, cerelac, café mezclado con chícharos, croquetas y hamburguesas elaboradas con ingredientes desconocidos, 'productos lácteos sin leche' y numerosos inventos culinarios para paliar el hambre.

René, sentado bajo una ceiba en un parque de La Víbora, espera que un desvencijado camión de fabricación rumana, descargue huesos de cerdo en una carnicería. “Mira ya la cola. Cuando abra, tú verás la matazón que se forma. Y es para comprar huesos, que debieran regalarlos y no venderlos. A mí lo que me molesta, es que el gobierno siempre se la pasa ensalzando la ‘mierda’ que nos vende como si fueran alimentos de primera calidad. Ya sea la mortadella especial, el picadillo extendido o el pan con harina de boniato.

Si son productos de tanta calidad, porque no lo venden en las tiendas por dólares o se lo comen ellos y le dan al pueblo el queso, la carne de res y el jamón ibérico que venden en esas tiendas. ¿Por qué no lo hacen?", se pregunta y él mismo responde: "Porque no son tontos”.

No todos son iguales

Un ex oficial del Ministerio del Interior dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que mientras los cubanos de a pie tienen que “comer cualquier bazofia, cazar gatos y hacer sopa con palomas, los generales y altos funcionarios del gobierno almuerzan a la carta, cenan en casas de visitas y reciben mensualmente cestas de comida con mariscos, carne de res, embutidos españoles, vino, cerveza, ron y whisky. Casi todos están gordos y barrigones. A ellos no les afecta que en Las Tunas se hayan muerto de hambre 7.000 vacas por falta de pienso y agua”.

En su programa del martes 2 de junio, Juan Juan Almeida comentó que el general Raúl Castro es un anciano débil de estómago y como para él los alimentos producidos en Cuba no tienen suficiente calidad, muchos no reúnen las condiciones adecuadas de refrigeración o llevan tiempo mal almacenados, por la cuarentena impuesta en Cuba por el COVID-19, semanalmente un avión vuela a Panamá a hacerle compras a él y a su familia. Entre los productos encargados se encuentran salmón silvestre de Alaska, huevos orgánicos, lentejas, caldo de hueso, carne japonesa de res de Kobe, aceite, mantequilla, queso de burro, cereales Kellog's, nueces, jugo de melocotón y kiwis naturales.

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