No caben dudas de que el pueblo de Cuba bajo el matriarcado dictatorial de América Latina pueda pasar una nochebuena como Dios manda.

Imposible vivir algo normal, humano o tradicional en aquella realidad donde prevalece lo horroroso, lo pecaminoso. Donde la alegría individual los pone bajo sospechas y no se ve revolucionariamente adecuado.

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Donde la risa de los cubanos y las reuniones familiares se vigilan como posibles conspiraciones contra la tiranía Castro-Fascista-Comunista. Donde los chivatos mantienen las orejas paradas -a lo dóberman en convalecencia quirúrgica- para ver si con los excesos festivos brotan los excesos de ideas que no tienen derecho de expresar.

La alimentación en Cuba es un acto milagroso. En los días feriados la cubanía se lucía con una mesa servida con cerdo asado como protagonista; para 10 millones este acto nacional se convierte en un sueño tropical tan lejano como el horizonte de la justicia.

Muchos desean que pasen estos días de celebración encima de un cohete que rompa la velocidad de la luz -cuando no hay apagón- para no pensar tanto en lo que no se tiene. Para -muchos- no estar enajenados tanto tiempo en una compañía etílica de una calidad tan baja que no los deja olvidar, ni alucinar conque todo sea distinto. Se convencen de que es imposible para los grados del alcohol superar los niveles de crueldad del comunismo.

Esta decena de miles al cuadrado se niega a pensar que trabajan para estar peor. Al llegar a la conclusión, una vez más, de que un oficio y una profesión son directamente proporcionales a la miseria exagerada de muchas maneras.

Por eso, millones de cubanos tendrán el 24 de diciembre una “nochemala” y un inicio de año nuevo, peor. El centro de la cena será el arroz, a pesar de que el archipiélago es caribeño. Y si en una manzana a la redonda, algún vecino sacrificó la vida de un cerdo- puerco-cochino-chancho-marrano, o como lo llamen en cada región, sólo se comerá un “arroz con gritería”… con esos chillidos finales retumbando en una mezcolanza con el desánimo de tantas mentes...

El arroz en Cuba merece un Oscar. Ha sido acompañante por décadas. Casi siempre extranjero, importado. Porque la tiranía Castro-Fascista con su bloqueo interno impide el abastecimiento de víveres, libertades y de cuanto mantenga en paz a los cubanos.

Y ni hablar de los hogares rotos por la separación; de los que lloran por los encarcelados, únicamente por hacer lo que hicieron Martí y Maceo. Los que viven el sobresalto del atropello de la dictadura. Los que lloran sus muertos sepultados o desaparecidos. Los que ya no ven ni un túnel oscuro, los vencidos por la desesperanza...

Esta frase hecha: “Arroz con gritería” la escuché por primera vez en el Presidio Modelo de la Isla de la Juventud. Era 1991. En ese verano lloraba la muerte reciente de mi madre, y unos amigos me invitaron a viajar desde Camagüey hasta la “Isla de las Cotorras” para pasar la primera etapa de mi luto.

Nueva Gerona es su capital, y tiene el Parque de las Cotorras, agrego… invisibles para los ojos y el corazón. La dictadura las vende a los turistas extranjeros, no vi ni una. Ellos cuidan la fauna de Cuba en el exterior.

Siempre que visito un lugar desconocido, lo primero que quiero conocer son sus museos. Y esta costumbre jugó en mi contra en esa ocasión. Me llevaron al Presidio Modelo, donde estuvieron presos Fidel Castro y su camarilla, y muchos jóvenes rebeldes. Pero después de 1959 tomó categoría máxima de suplicio inhumano. Padecieron allí tantos cubanos por la severidad de la dictadura Castro-Comunista que después de acabar con muchos, el lugar quedó para exhibir lo que no puedo explicar.

Me tiemblan las entrañas al recordar aquella visión. Frente a aquellos cinco edificios redondos, cerré los ojos y oí el dolor de una multitud que no podía ver… las galeras o celdas en varios pisos… ¡Qué tristeza! Quise salir corriendo, pero me dijeron: ¡espera! Verás lo mejor… la celda de lujo donde estuvo incomunicado el caballo apocalíptico, Fidel Castro Ruz.

Y así fue. No exageraron. Recuerdo una celda con muy poca oscuridad. El piso brillante, creo que de mármol. Una cama de metal y un colchón tan alto que lucía como el primer Tempur-Pedic de la historia. Confortable como tendrán pocos hogares de la isla.

Y lo más insólito: una mesita con una torre de libros que leía el dictador de dictadores en su vagancia habitual. Haría algo a propósito para separarse como el León cobarde enjaulado, con su idilio de “Ser Superior”.

En la enfermería estaban Raúl y una veintena de rebeldes más. Llevados a prisión después de los ataques a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y de Bayamo, en 1953. Las camas tendidas de un blanco impoluto con una cinta negra sobre cada una. Nos explicaron que las usaban para taparse los ojos para poder dormir con la luz encendida todo el tiempo.

El puertorriqueño Pablo de la Torriente Brau, escritor y combatiente revolucionario junto a los cubanos, también cumplió prisión política allí. (Escribió un famoso libro con el título "Presidio Modelo", donde se relatan el ensañamiento, la falta de honor y los horripilantes crímenes que se cometían en la prisión por los propios guardias).

¡Esto me suena! Parece escrito por los opositores dentro de Cuba, los de ahora, los que son irrespetados o asesinados por órdenes perpetuas del régimen usurpador comunista, y por una Constitución enemiga de los cubanos.

Nos contaron, como un dato del ingenio juvenil, que todos los días escuchaban los gruñidos de cerdos moribundos. Y creían que comerían de esa carne. Pero el arroz lo servían casi solo, y por eso le llamaban “arroz con gritería”.

Si un cubano o una cubana grita: ABAJO LA DICTADURA CASTRO-COMUNISTA, juégale al “Canelo" que a lo mejor no tendrá vida para cenar “arroz con gritería” ni en esta, ni en otra nochebuena.

@idaysicapote

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