La Primera Guerra Mundial (1904-1908) fue un conflicto que se presumía de corta duración, pero se prolongó durante más de cuatro años. Sobrevivir para diferentes Estados consistió en la criminalización del adversario para legitimar la propia posición en el conflicto. La propaganda de guerra alcanzó niveles desconocidos y los medios de comunicación acompañados de los intelectuales, resultaron decisivos.

Fue en este contexto cuando aparece la obra de Vicente Blasco Ibáñez, Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Una “novela de la guerra” que alcanzó un gran éxito y convirtió al autor en el más internacional de los escritores españoles de inicios del siglo XX. Una proclama de legitimación republicana sobre "la guerra justa” para los franceses... Disputa de orden “ïdeológica” que levantó pasiones desde la historia de una familia francesa, los Desnoyers, y la Alemana, los Von Hartrott. Dos grandes ejes desde donde se concibe una Gran Guerra, y en las que ambas quedarán políticamente enfrentadas pero aferradas a sus principios más que familiares, originarios.

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El autor: Vicente Blasco Ibáñez

El más internacional de los escritores españoles que llegó a conquistar Hollywood. Nace en Valencia el 29/01/1867, hijo de una pareja de emigrantes turolenses que se habían afincado a la ciudad levantina. Murió rico y famoso en Menton, en Villa Fontana Rosa, su residencia en la Provenza francesa [1928], un día antes de cumplir sesenta y un años.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis forma junto con Mare Nostrum (1918) y Los enemigos de la mujer (1919), la trilogía de novelas de Blasco Ibáñez sobre la Primera Guerra Mundial. Destacan como personajes protagonistas de la novela Julio y Margarita. También dos figuras claves: Tchernoff, un místico carpintero y revolucionario anarquista que ilustra a Julio Desnoyers sobre la imagen bíblica de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte. Representa a Rusia. Y Argensola, quien es el criado de Julio Desnoyers, un personaje inteligente y rápido pero a la vez apático, que es la imagen de España... simbolizando así a los bandos en lucha y el choque de civilizaciones de la Gran Guerra.

La genialidad del autor consistió en internacionalizar el conflicto. Acercar a América y Europa en favor de Francia, agitar la apatía republicana de los hispanos aliadófilos [francófonos] en contra de la denunciada [por Blasco] derecha social y política: los carlistas, conservadores, personajes de la Corte, clero, terratenientes, altos funcionarios, parte de la clase empresarial y la mayor parte de la oficialidad del Ejército y de la Armada.

Como reseña el libro “Más allá de la Guerra” de Inés Quintero, Angel Almarza y José Bifano entre otros, “en medio de cruentas guerras, la vida continuaba”. El amor, la universidad, la fe, la esperanza. Un ideal consciente. Por qué los esclavos participaron en la guerra de independencia junto a sus amos? Porque el ideal de libertad y de justicia era la esperanza que se anteponía al miedo a morir…

Fue un planteamiento universal "vivir o morir por un ideal” lo que hizo famoso a novelistas como Victor Hugo y sus Miserables; Tolstoi y La Guerra y la Paz; Shakespeare y Romeo y Julieta o a Blasco Ibáñez y sus Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Morir por amor; morir por la libertad, por el honor, por la cultura de la tierra patria, que al decir de Roosevelt es tener coraje “que no significa no tener miedo sino temer no cumplir con nuestro deber ciudadano". ¿A qué le tememos los Venezolanos? ¿A morir por la libertad o sólo a morir ?

Esclavos de nuestra cultura

En este contexto de Kulturkampf o “lucha cultural”, los intelectuales de España divididos entre germanófilos o meramente francófonos, entretejieron su propia guerra. Los germanófilos para los que el Imperio Alemán representaba el orden y la autoridad, y los aliadófilos quienes Francia y el Reino Unido representaban la causa del derecho, la libertad, la razón y el progreso. Esta tendencia agrupaba desde los liberales monárquicos y los republicanos hasta los socialistas y los sindicalistas de extrema izquierda, así como a la clase trabajadora, a la clase media ilustrada, industrial y financiera y a una pequeña parte del Ejército. El tema no era ideológico, insisto, era simplemente cultural: vivir por un valor superior de libertad, originario, genuino, perenne. ¿Lo tenemos?

Los Cuatro jinetes del Apocalipsis de Blasco Ibáñez se convirtió en un mansaje para la humanidad. Vendió más que La Biblia en su momento y en 1921 fue objeto de una gran superproducción cinematográfica protagonizada por Rodolfo Valentino, el ídolo del momento en el papel de Julio Desnoyers. En definitiva Blasco Ibáñez elaboró un discurso legitimador de pasiones apocalípticas. Tanto vivir y morir para justificar la guerra contra contra la opresión, como vivir o morir para desterrar la peste, el hambre, la violencia y la muerte por dignidad...

Todas las plagas han llegado al Venezuela. Décadas de devastación, amoralidad y corrupción. ¿Estamos legitimados a una confrontación mayor"? ¿Estamos dispuestos como los Desnoyers? ¿O es nuestra cultura es más apática como la de Argensola?

Alfonso X El Sabio predijo: “Este reino tan notable, tan rico, tan poderoso, tan honrado, fue derramado y estragado por desavenencia de los de tierra, que tornaron sus espadas unos contra otros como si les faltasen enemigos…”.

Entender el sacrificio por la libertad es nuestra tarea, culturalmente ¡No le temamos! Eso es coraje...

@ovierablanco
Embajador (designado) de Venezuela en Canadá.

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