Lo bueno de la política es que mientras más cerca estas de lograr la victoria, más interesante y dinámica se torna a su alrededor, de manera que se producen hechos y acontecimientos importantes cada segundo, muchos de ellos sorpresivos e inesperados.

Se consolidan posiciones tradicionales, se comienza en el campo de las definiciones a ser más claro y transparente y definitivamente se caen las “caretas” de los oportunismos de turno. Se inicia la llamada “metamorfosis” de los cambios políticos, los cuales no solo afectan el ambiente, sino también directamente a algunas personas en su propio modo particular de actuar. El psicoanálisis pasa ser una herramienta de trabajo rutinario para poder interpretarlos, como también la andragogía, “cada día se aprende algo nuevo”, y la sinergia, “la sumatoria del esfuerzo de cada uno es el logro de la meta trazada”.

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Bueno, lo importante es saber que toda transformación genera cambios profundos en las sociedades, en la familia y en las personas. Ejemplos sobran en este campo. Una joven mujer al dar nacimiento a su primer hijo sufre posteriormente de importantes cambios biológicos, físicos y psicológicos. El “dolor del parto”, símbolo tradicional de este hecho histórico de la naturaleza, es su primera experiencia, que la transforma y la acerca a una realidad nueva en su vida como ser humano.

Luego la primera amamantada de su bebé, la hace más sublime y proclive a lograr la sobrevivencia, por encima de cualquier factor extraño, como medio de protección permanente y cuidadoso del recién nacido. A partir de esta toma de conciencia se generan en cadena reacciones positivas, que concluyen con el lógico desarrollo de la criatura en un niño, luego joven adolescente y finalmente adulto, siempre bajo el amparo y protección de la madre amorosa y orgullosa.

En este breve ejemplo quiero graficar lo que significa la política universal, como un hecho dialéctico, histórico, pero profundamente natural, ya que la presencia del hombre en este proceso lo “humaniza” y lo hace susceptible a la influencia de elementos sensitivos, emocionales, psicológicos y personales.

La “metamorfosis en la política” no es nada especial o sobrenatural. La condición humana la hace muy sensible al fenómeno real de su desarrollo en el marco de la sociedad actual. Los cambios muchas veces son más rápidos en la conducta humana, cuando alguien que ayer no era nadie, me refiero en la vida política, porque no tenía un destino labrado, de la noche a la mañana cambia sus actitudes, por sentirse cercano por determinadas relaciones grupales o personales, muy dadas al amiguismo y a la solidaridad inmediata, vinculadas a una fuerza de poder, y allí se inicia el “via crucis” para algunos y el camino de la felicidad para otros. El conflicto natural de la vida.

Quienes crecimos en otra generación, en circunstancias históricas y sociales distintas a las actuales, bajo la acción de la formación ideológica, la experiencia directa en las confrontaciones y discusiones sobre ideas y proyectos políticos, combinándola con la presencia activa en los conflictos sociales de la vida diaria, a tener experiencia en la dirección y liderazgo social, aprendiendo a convivir, a pesar de los antagonismos ideológicos, a ser tolerantes y respetuosos de las ideas de los demás, y a tratar de ser honestos con nosotros mismos, en los términos de combinar la teoría con la praxis, para hacer consecuente la prédica con el ejemplo.

También tenemos como convicción la necesaria “quema de etapas” en nuestra formación, aprendizaje y enseñanzas, no solo bajo los textos y libros, sino de la mano directa de hombres sabios, políticos honestos y comprometidos con las causas sociales de los más necesitados, y líderes reales, no de pacotillas y mediáticos, que marcaron profundamente nuestras vidas para comprometernos eternamente en estas lides, por convicción y no por ambición, a luchar contra la injusticia, por la paz, el amor y la conquista de una sociedad pluralista, amplia y respetuosa de la libertad de expresión, del pensamiento y de la libre empresa.

Quienes así fuimos formados, nos motivamos por esos principios éticos, morales y religiosos, como católicos, los cuales nos hacen impermeables a la codicia, la envidia, la ambición desmedida, al disfrute sensual del poder para vanagloria personal e individual. Practicamos el apostolado político y social con sentido universal de la vida.

Quienes buscan en la política figurar o llegar al poder bajo cualquier excusa social que exista, solo para exhibirse como un trofeo, le harán un flaco servicio a la humanidad, o al país donde desarrollen sus actividades, porque solo serán fatuos exhibicionistas de la vanidad y la miseria humanas, destrozando las justas aspiraciones y deseos de cambio de las mayorías sociales en su debida oportunidad.

Tienen que estar atentos a los síntomas clásicos de la metarmofosis para evitar caer en ese maquiavélico juego personal. El exhibicionismo y el protagonismo permanente en las redes, para opinar sobre cualquier tema, así hagan el ridículo, pero no duran 24 horas sin hacerlo, y siempre imponiendo sus propios criterios y atacando a los demás por equivocados. Usan opiniones sesgadas de amigos y familiares para que los honren en sus “gloriosas luchas”.

Usan el lenguaje más agresivo y extremista, a veces con vulgaridades, para tratar de influir porque son más “vergatarios” que los demás. No son capaces de escribir dos párrafos coherentes sobre un tema específico de actualidad nacional o internacional, usan los textos de otros y lo colocan como de ellos, y además su práctica es denigrar, chismear y criticar en las sombras hasta de su mejor supuesto amigo. Usan la “pantalla” como arma de promoción mediática, pero en forma superficial, convirtiendo temas importantes en temas banales, por su ignorancia y falta de formación política.

El mejor antídoto para evitar esta enfermedad de la “metamorfosis política” es ser auténtico, consecuente con sus ideales y principios políticos, honesto intelectual, practicar el apostolado social de servirle con sinceridad a las causas nobles, ser fiel y consecuente amigo por encima de las tentaciones humanas y, sobre todo, practicar la tolerancia y el respeto a la opinión ajena y tener opinión propia, que los coloque en la mira de ser una persona confiable y creíble. No hay capital en la tierra que pueda comprar estas nobles virtudes.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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