"El pensamiento moralista es el que intenta censurar, en cambio el pensamiento ético es el que intenta comprender". Hegel.

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Por ADRIÁN MORALES

El Museo Automovílistico de la ciudad de Málaga, emplazado en el estupendo enclave arqueológico industrial, cuya nave fue el emblemático edificio de “La Tabacalera”, se alza como Rara Abis en la oferta cultural e historiográfica malagueña.

Una institución con nombre propio que no necesita presentación. Restauración y obra relativa de la arquitecta Carolina Serrano, fue inaugurado y funciona como Museo desde el 16 de septiembre de 2010.

Málaga es una de las ciudades españolas con más proyección cultural internacional inmediata. Sólo en estos últimos 5 o 10 años ha producido una explosión museística verdaderamente impresionante, generada por franquicias que denotan un fragor artístico y un interés paralelo de base, para un desarrollo general de una industria cultural imparable.

Enorme puesta en escena con más de 90 vehículos (joyas del coleccionismo) en exposición, que pertenecen a diferentes etapas del desarrollo del diseño y la ingeniería, abarcando desde el año 1898 en adelante, con una representativa variedad de modelos de las más grandes marcas internacionales de culto: Auburn, Bugatti, Delage, Hispano Suiza, Packard, Rolls Royce, Bentley, Jaguar, Mercedes, Ferrari, Lancia, y un largo etc., así como diversos motores, intervenciones artísticas, e instalaciones relativas a la temática. Además de albergar en paralelo una finísima y muy selecta sección de moda y alta costura, sombreros vintage, sombrereras y maletas de época, dentro de sus 7.000 metros cuadrados, hábilmente seleccionados, herencia de un coleccionismo al más alto nivel, y que lejos de secuestrar su patrimonio de la indiscreta mirada pública, se brinda como gema para la conservación y disfrute de esta maravillosa ciudad. Dividido en diez claros espacios bien diferenciados: "Energías Alternativas", "Belle Époque" -hasta 1914-, "Años 20", "Art Déco", "La Dolce Vita", "Excentricidad", "Coches de Ensueño", "Coches Populares", "Tradición Inglesa" y "Tuning".

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Autos, historias, personas... un detalle de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Autos, historias, personas... un detalle de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Pero hoy no hablaré de estas fascinantes obviedades que uno puede apreciar cuando lo visita, en sus catálogos, o en toda la información disponible en internet, sino de la gran institución que es, y confirmo, bajo la dirección de su inspirado director y especialista en moda, Joao Magalhaes, impulsor de una política de dinamización, inmersión social y organizativa, creciendo no sólo como colección y muestra, sino también en su proyección mediática y visibilidad pública, relativamente ninguneada por una política cultural, cuya alegación (al decir “especializado”) parece ¿no entrar? en el canon del “arte” y el ámbito.

Comprendiendo el doble engañabobos del secuestro de los términos “política” y “cultura”, representación del actual panorama metafórico costumbrista, de ciertas (des)integraciones al borde, exclusivamente enfocadas en la impositiva y precaria iniciativa presupuestal, dentro de un sistema educativo y turístico voluntariosamente insuficiente, cuyo mecanismo promocional se ciñe al estrecho marco de lo administrativo e institucional excluyente, sujeto al injusto y cortesano círculo de mediocres subvenciones de los mismos para con los mismos, a expensas de las mermadas arcas públicas, generadas por un contribuyente y un empresario cada vez más estrangulado a impuestos, trabas y paralizantes regulaciones, que empeora(ra)n con el nefasto resultado político de las recientes Elecciones Generales Españolas, sumergidas de nuevo en el pantano Socialista.

Comprendamos cómo a diferencia una cultura como la americana, fundada en la filantropía y la iniciativa “Privada”, (the Popular Art) consiguió más con miel y seducción de masas (Edward Louis Bernays) que a dirigismos y cañonazos monolíticos de un enfoque estamentario Europeo, fundado en la aristocrática idea Florentina, subvertida bajo el principio del democrático derecho a la educación, la cultura y, bastante más tarde, el colectivismo maximalista y la subvencionada voluntad pública, bajo la eufemística sociedad del ¿bienestar?, con sus inconvenientes y virtudes.

Una dicotomía cuyo riesgo estriba por un lado en degenerar en aburrimiento estanco más atroz o terminar vuelto un “Parque Temático”, donde la diferencia y/o la ventaja radicaría, en la evolución integral desacralizada, distinta de la imagen actual del Museo: Un constructo hierático, tipo mausoleo, donde hay que estar tieso y sin tocar nada a tenor de ser requerido, esperando que l@s dinamizador@s, te cuenten de qué va la historia. Ámbito problematizante y en permanente resistencia con las nuevas tecnologías, la interactividad y los medios que se imponen, donde las reliquias, la historia y la cultura, puedan ser siempre algo más que un objeto apolillado, casposo y “el contenedor” donde descansan.

Hegel argumenta que tanto la Filosofía como el Arte, deben guardarse de ser edificantes.

En realidad, incluso siéndolo no evita escollos y dificultades, pues la moral estructural en una sociedad (como cualquier sistema educativo) no se decide a partir de la especulación filosófica, o la obligada subordinación administrativa, sino mediante un confuso complejo de variables que Kuhn nominó “paradigmas”. Cada época histórica resuelve sus problemas desde cierta óptica, que incluye determinadas necesidades sociales comprendidas como prioritarias, en relación con lo que denominó “Zeitgeist” (el espíritu de nuestro tiempo). Con disímiles procedimientos y jerarquías de valores, que: “No se fundan en certezas racionalmente establecidas (mainstream) por el contrario, constituyen los supuestos inevitables e implícitos de todo sistema teórico, y si se quiere vanguardístico”. Esta afirmación de Kuhn, formulada en el marco del conocimiento científico, puede extenderse a todo tipo de saber (logos, instituto).

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Vista parcial de la fachada del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Vista parcial de la fachada del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

La Filosofía y la “Teoría del Conocimiento” (de la Catedral al Museo) inevitablemente “llegan tarde”: Su misión no consiste en proponer nuevas formas de vida (nuevas éticas) sino en repetir una y otra vez el eterno esfuerzo del hombre por comprender lo que está pasando, y expresar conceptualmente lo que en la historia sucede, antes de cualquier sistematización... precisamente cuando el Museo es “exhibición”, muestra y por ende, “historiografía” y “sistematización”.

Hablo de cuán permisibles son las políticas culturales y los crasos dirigísmos ministeriales a la hora de admitir una exploración más audaz y aventajada, que como principio permitiría la iniciativa privada, sin la homologación a la baja y el coto de tabula rasa que “el colectivismo” relativo, impone como regla general, a la hora de repartir los invariablemente escasos dineros del contribuyente, en los pertinentes proyectos interesados en relación con la experimentación más novedosa. Probándonos que “Otro Museo no sólo es posible, sino incluso Real” y urge. Novedosas ideas de renovación introducidas con responsabilidad, habilidad y audacia.

Desde el punto de vista histórico, sobre la frontera entre arte y periferia: Para Marcel Duchamp, el arte es indisoluble del objeto y la producción estética deviene reservorio epistemológico del creador, que puede comprenderse (o no) desde la asunción, la amellioration, el environment, el apropiacionismo, la intervención o la mera intención. Y sus límites son tan difusos como el pretender averiguar y determinar “una sola lectura como posible”, en la comprensión y funcionalismo de una poética dada para cualquier autor.

La crítica gnoseológica empuja a un deslinde urgente del prejuicio canónico de la “high-culture” auto-replicándose sin romper su estructura formal, no sólo en el orden simbólico y poético, sino incluso (replanteo) de las nuevas mecánicas transversales del ingenio, la institución arte, plus el coleccionismo, el curator y otras esferas de la ciencia creativa (mayéutica) del lenguaje y la instrumentalidad cultural.

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Vista de varios autos antiguos que forman parte de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Vista de varios autos antiguos que forman parte de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Repasando ideas análogas, a tenor de los eventos y actividades colaterales que allí se realizan, tanto empresas como particulares, cumpliendo un servicio a la comunidad (cabe mencionar a la afamada compañía www.siquiero.es, con Sira Antequera a la cabeza, Artist, Designer & Planner, pionera en España e indiscutiblemente la mejor del sector) sabemos que “la Iglesia” (y su acostumbrada pila bautismal a la entrada) fue instituida como Templo de Abel y “el Agua” (complejo entramado místico, filosófico y teológico Catedralicio Europeo). De igual modo, existen otras Catedrales (acaso paganas) instituidas de la Ciencia, “fundamento” (Yesod sefirá) y la “inseminatio” racional de “La Industria” (legado de la cátedra/universitat/versus uni) como un todo factual relativo “al Fuego y el Hierro” (Tubalcaín) o templo Vulcánico (Hefesto) herrero, heredero de Caín.

Así todas las derivaciones laboratoriales, no exentas de metafísica y culto (“La Fábrica”, lo instrumental, el tech-non, herencia del altar de la Ciencia) son injustamente susceptibles de ser asociadas a demonismos, exclusiones y otros juicios inquisitoriales, como devengado “peligro” moral y estético de/en la “perdición” del alma, encandilada por “las llamas”, la hipnosis del trabajo mundano reiterativo, serial, rudo, y la fusión del cuerpo y la vida con profanas tecnologías “indeseables”, sistemas alienados o desafiantes e iconoclastas prótesis de prolongación; que lejos de echarle una manito a Dios, nos aterran al Luciferino ángel caído de línea Prometéica, quién da lumbre a los hombres, compartiendo suerte, al sufrir igualmente la ira del “Altísimo” (el Canon).

Si hasta el renacimiento la preocupación fue la salvación del alma, la modernidad instala una neoreligiosidad críptica en la salvación del cuerpo: El cuerpo acosado por la cirugía estética, el cuerpo hipercontrolado e hipernormalizado desde el colmo de la apariencia ideal, los modales, los protocolos efímeros de la moda, el comportamiento, vigorexia versus anorexia, la inmortalidad del clon (del mismo al mismo sin pasar por el otro), la físicidad relativa de lo real atomizada y supervisada en lo virtual, etc, etc. El Templo, Museo o Catedral del tipo que sea, Teleológica o Teosófica, sufren lo mismo. Un manierismo administrativo finalístico, que confundió la ficción con la fantasía y lo falaz con lo incierto. A sabiendas de que “una verdad” (si lo es cuando lo sea) un “Logos”, un tractatus, para llegar a serlo, necesita una creencia, una confirmación “in realitas”.

Es decir, la realidad es/constituye también un “estado de opinión” acerca de la cosa en sí. Y ese sería hoy nuestro cometido.

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Vista parcial de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Vista parcial de la exhibición permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Abrir una ventana de celebración perceptiva distinta, sin marcos delimitadores del rol creativo, compartido por una virtud de iniciativa Museística loable, abriéndose camino -digamos que- con cierta dificultad en los bordes legitimadores de la cultura general en Málaga, y que aspira en todo caso, con mayor o menor humildad, a una consolidación inmediata, mayor visibilidad, empeño de convertirse en un sistema referencial, equilibrio/comunión eficaz, armónico y no excluyente, entre arte y tecnología, humanismo y ciencia, filosofía e instrumentalidad.

Un escaparate aventajado donde la industria del diseño y las artes aplicadas no sufran los prejuicios típicos del lenguaje, herencia institucional de un arte segregacionista y consiga por fin, ser del mismo modo, una nueva aventura experimental con formas emergentes de vehicular el conocimiento, en este caso, alrededor de la mitología del “Automóvil”, y en paralelo “la Moda”, dos iconos soberbios de una modernidad que no por circunstancial y efímera, deja de tener relevancia como inventario sobresaliente de arqueología industrial, que de la misma manera reformula una apertura desestandarizada y sin prejuicios en la ruta, quizás muestra por primera vez desacralizada y políglota de una auténtica contemporaneidad. El punto preciso donde la manifestación del arte de la industria y la tecnología de la comunicación se confunde(n) con lo que Andy Warhol preconizó en su “The Factory”, la industria y la producción serial, como generadora del motor de la propia Vanguardia. Este Museo es el proceso de reafirmación, asimilación, legitimación y consolidación de esa “cínica” pero necesaria y profética sentencia. Coagulación precisa en un acto, un espacio, una dinámica de los lenguajes, la comunicación y su leyenda de los objetos en medio y frente a su interlocutor/lector inmediato.

Porque desde el “Urinario” de Duchamp rebautizado como “Fuente”, el lenguaje y el propio receptáculo de lo creativo revelan dos ideas fronterizas contundentes sobre la creatividad en el arte. Primero, la industria como arte y expresión sublimada de las relaciones tecnológicas, semiológicas y/o económicas (incluso el Mercado mismo generando su propia vanguardia), y por otro lado, el arte como principio (reactivo) de contradicción análoga insolucionable, herencia de la crisis (activa) de las Vanguardias del siglo XX, exhortando perennemente a la inviabilidad de “lo nuevo” (pro-activo), precisamente allí donde parecía estar ¿todo hecho?

El filósofo francés Jean Baudrillard en su triple clasificación en “el sistema de los objetos” (1968), revisa y reinstala un postestructuralismo teórico sobre las cosas y todo aquello que cotidianamente solemos usar en/de modo: “funcional”, “no funcional” y “metafuncional”; evidencia de que el análisis semiológico del “automóvil” como mito e icono de la modernidad, la decoración, el interiorismo, incluso la Moda, nos sirven quirúrgicamente para contrastar objetos funcionales “modernos” y “tradicionales” respecto a su relación con el medio, el social feedback y su corrimiento paulatino como “objeto” (preciado) en la resemantización y relectura del arte, el diseño y su singular exclusividad, no sólo como “prestigioso término occidental” al límite, sino en la denuncia de su imprescindible voluntad incluso estética excepcional, en cuanto al tratamiento de los objetos no funcionales o “marginales”, una vez centrados en el punto cero atemporal que las antigüedades instalan como norma, en la psicología del clásico coleccionismo al uso.

Contextualizándolo, me refiero a su categoría Museística Metafuncional, que aborda también los objetos como viejos, ya inútiles, períclitos, superados, low-tech, aberrantes, y/o “esquizofuncionales”, proponiendo finalmente las implicaciones acreditadas complementarias de la publicidad y el impacto en nuestra vida diaria en torno a los propios objetos que se muestran.

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Piezas de alto valor histórico conforman la muestra permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Piezas de alto valor histórico conforman la muestra permanente del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Se trata de un Museo donde el Automóvil realiza un “tour de force” semiótico materialista en retrospectiva, revelándosenos como una referencia simbólica iluminadora sobre cada idea en su época: –diría Bataille– y su política transeconómica del status symbol, el “gasto”; la “teoría del regalo” de Mauss; en contraste con la “muchedumbre solitaria” de Reisman y/o “la sociedad tecnológica” de Jacques Ellul.

En referencia a todo esto, me resulta también una analogía evocadora inevitable, el estructuralismo de Roland Barthes en “El sistema de la moda”; incluso el estudio de Henri Lefebvre acerca de la construcción social del espacio y, por último, la crítica “Situacionista” de la “sociedad espectáculo” en Guy Debord, plus la cultura de la velocidad (de escape) y la colisión de James G. Ballard.

En otro orden, relativo a la temática, igualmente (quizás por el location) buscando un imposible ¿por qué? en dicha relativa ¿exclusión?, por llamarle así de asimétrica, invisible y/o no declarada, que por igual resulta imponderable, echo en falta un posicionamiento más intelectual general, respecto a la Museografía que confío irá creciendo, variando y modificándose con el tiempo y una reubicación en el contexto semiótico y gnoseológico respecto al mundo investigativo, filosófico, social y antropológico de autoridades referenciales que han ahondado sobre el tema. Y que evoca/sugiero por citar al azar, desde “La Deriva” de Los Situacionistas franceses, al pensamiento Nómada, el Pop Art (popular culture), lo tecnológico y lo perceptual en Walter Benjamin, “Crash” del antes mencionado J. Ballard, “las tecnologías de la muerte y los modelos de simulación” en Scott Durham, el Taylorismo serial, o los inevitables filósofos postestructuralistas del “tech-non” Paul Virilio y Jean Baudrillard respectivamente.

Un contexto que, con la misma habilidad, lejos de ensimismar al espectador, le aporte a diferentes escalas un cardinal mucho más amplio en la versión asociativa transliteral de las lecturas del discurso entre otras analogías conceptuales.

Debo agregar la irregularidad en las “calidades” de las distintas intervenciones “artísticas” que en ciertos casos demeritan la contundencia de la colección global, pero todo ello resulta una nimiedad respecto al titánico esfuerzo conseguido, no sólo desde el punto de vista inversionista en la voluntad aglutinadora de semejante colección, sino desde el punto de vista de la gestión, la voluntad participativa social y la dinamización del Museo en general.

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Adrián Morales (izq.) posa para una foto junto a Joao Magalhaes, director del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Adrián Morales (izq.) posa para una foto junto a Joao Magalhaes, director del Museo Automovilístico de Málaga, en España.

Se me antoja como complemento propositivo del Museo, quién sabe si esperable, pronto en próximas visitas, un ciclo analítico sobre la ideología del automóvil, incluso complementado con abundante material filmográfico relativo a las piezas ya contenidas en la colección. A tener en cuenta el icónico “Crash” del polémico e incorrecto David Cronenberg sobre la obra homónima de J. Ballard, donde narra una perturbadora Epopeya sobre el pensamiento híbrido, un cuestionamiento civilizatorio sobre el principio de la mortalidad de la carne y la superación de ese determinismo fatal, mediante una estétización de la avería, que procura aniquilar las fronteras entre el arte y la técnica, la vida y la muerte, Eros y Tanatos, Abel y Caín en una reconciliación panteista, tan audaz como provocadora, revisión del fugaz mito automovilistico letal de James Dean.

Del mismo modo este Museo encara un desafío respecto a la sociedad de consumo, crítica de la economía política del signo, instando a los propios artistas y al espectador, a una recolocación cardinal en el mapa de sus estímulos culturales referenciales, en una ciudad con una calidad de vida, unos indicativos de prosperidad y felicidad de los más altos de Europa.

Y “no van lejos los de alante...”, diría el bólido Juan Manuel Fangio: “Es más difícil vivir que correr. Las carreras duran un par de horas, pero la vida dura toda la vida”.

Queda formulada así una magnífica invitación a la más elemental curiosidad cívica, por descubrir esta estupenda iniciativa que prefiero entender, artística e historiográfica, sin prejuicios y en mayúsculas, baluarte no sólo para un contexto especializado, sino para todo el público en general interesado en el desarrollo evolutivo instrumental y tecnológico de la automoción y los desplazamientos de nuestra más reciente pasada centuria.

Disfrutad del viaje.

El autor es Doctor en Estética por la Universidad de La Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de La Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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