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El asedio y la represión contra los líderes de base y los jóvenes que participaron en los tranques organizados para contrarrestar la represión durante las protestas contra el régimen de Daniel Ortega en 2018, no ha cesado.

El número de presos políticos, asesinatos y exiliados va en aumento, mientras la cúpula que se atribuye la representación opositora tras el estallido social, es señalada de ser excluyente y no termina de encajar en la aprobación de la población porque está integrada en su mayoría por sandinistas que gobernaron con Ortega durante la década de los 80.

La cúpula también la integran empresarios que fueron aliados del dictador hasta antes de que estallara la crisis, y de algunos sectores estudiantiles cuya representación ha ido mermando por aparentes desacuerdos con el rumbo que lleva la Alianza Cívica (AC) y la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB).

Al panorama anterior se suma la división de los distintos sectores de la oposición. Cada uno se prepara por separado para enfrentar a Daniel Ortega en los comicios de noviembre de 2021, convencidos que es la vía para derrotar al dictador. Ya se habla de potenciales candidatos que manifiestan su interés de manera pública y en privado, trabajan en organización de territorios, y en la búsqueda de fondos.

Pero ir a elecciones con Ortega no es un tema que cause simpatía en la población que manifiesta su opinión en las redes sociales. A Ortega lo señalan como responsable de inestabilidad, destrucción, y crímenes de lesa humanidad, estos últimos, documentados por organismos de derechos humanos tras la muerte de más de 300 manifestantes asesinados por francotiradores.

Mientras las cúpulas van detrás de posesionarse para alcanzar el poder, el pueblo huye de la represión, busca el sustento que cada vez es más difícil de conseguir, demanda la libertad de los presos políticos y clama justicia por los asesinados. Todos son temas de los que cada vez se habla menos o son vistos con indiferencia por el liderazgo opositor como lo muestra el reciente comentario del directivo de la AC, Mario Arana quien anunció que los presos políticos saldrían con un nuevo gobierno. A ello se suma la sustitución del símbolo azul y blanco (colores de la Bandera Nacional) por el color morado, que identifica a las feministas.

El sandinismo en la oposición

El político nicaragüense de línea conservadora, Noel Vidaurre, sostiene que Nicaragua es rehén del sandinismo que usurpa el poder, y de los que gobernaron con Ortega en los 80. Se refiere al Movimiento Renovador Sandinista, cuyos miembros están en la AC y la UNAB; el Rescate al Sandinismo y la Articulación de Movimientos Sociales, dirigidos por exaliados de Ortega y simpatizantes del régimen cubano.

Para Vidaurre, lo anterior define que la lucha en Nicaragua es ideológica porque los antiguos aliados de Ortega se han apoderado de los espacios que se crearon tras el estallido social. La mayoría de los liderazgos surgidos durante las protestas están en el exilio. Pero los integrantes de la AC y la UNAB manifiestan que es una lucha entre democracia y dictadura, así lo manifiesta a través de los medios Eliseo Núñez, asesor de la AC, que ve con simpatía el sandinismo disidente aunque su origen es liberal (conservador).

“Nicaragua es rehén del sandinismo desde los años 70, absolutamente", asegura Vidaurre. Esta gente del MRS, el Movimiento de Rescate al Sandinismo, y la Articulación, quieren confundir porque saben que no pueden llegar al poder y lo que hacen es mezclarse con otros grupos que no están definidos ideológicamente para llegar al poder. No los necesitamos para derrocar al sandinismo”, asegura el analista, quien considera que la presencia de los antiguos aliados de Ortega perjudica la unidad de la oposición.

“Los que hoy aparecen como palomas de la paz, disfrazados de corderos, destruyeron la paz en Nicaragua, los que integran la Alianza Cívica y la UNAB, integraron el gobierno de los 80 y los jóvenes que hay son hijos de ellos”, sostiene.

La Alianza Cívica es coordinada por Carlos Tunnermann, exministro de Educación durante la revolución sandinista y embajador de ese régimen ante la Organización de Estados Americanos (OEA); Azahalea Solís, una exoficial del Ejército Popular Sandinista y actual líder feminista en Nicaragua, Ernesto Medina, y Gioconda Belli, una poetisa que fue recién nombrada suplente de Tunnermann, que no tiene reparos para manifestar en las redes sociales, su admiración por el legado de Fidel Castro, y comentar durante una entrevista a un medio de comunicación nicaragüense la invitación que le hizo el dictador a su oficina.

El director ejecutivo es Sebastián Chamorro, que dos meses antes de la crisis firmó alianza con Bancorp, el banco de Alba de Nicaragua (Albanisa), la subsidiaria de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), pese a las sanciones que ya había impuesto Estados Unidos contra el régimen de Ortega y de la petrolera venezolana en agosto de 2017.

El Bancorp fue sancionado por el Departamento del Tesoro, en abril de 2019.

“Yo creo en el arrepentimiento, pero para eso que le pidan perdón al pueblo de Nicaragua por todos los crímenes, la piñata (robo de las propiedades confiscadas), mandaron a miles de jóvenes a la montaña a morir sin entrenamiento, la opresión. Que le pidan perdón al pueblo nicaragüense por la sangre y el luto y que devuelvan lo propiedades que se robaron. Mientras no hagan eso, no hay cambios ni arrepentimientos, lo que hay es un ocultamiento. Quieren ocultar lo que hicieron en los 80, por eso ni perdón ni olvido de lo que han hecho desde los años 80”, aseveró el político Vidaurre.

Y es que Nicaragua ha pagado más de 1.300 millones de dólares por las propiedades confiscadas que quedaron en manos de dirigentes sandinistas, una deuda que los contribuyentes no terminan de saldar.

“Lo mismo dijeron en los años 70, que democracia contra la dictadura de Somoza, y el pueblo les apoyó. ¿Qué hicieron al llegar al poder? instauraron una dictadura más sangrienta, represiva, más cruel y corrupta, nos impusieron un sistema ajeno al pueblo nicaragüense. El engaño del socialismo, del marxismo que ya lo conocemos”, indicó.

A su juicio, es apremiante salir de Ortega, pero también de todo lo que representa el sandinismo porque los supuestos disidentes, realmente luchan por la continuidad de la izquierda en el poder.

Elecciones

Para Vidaurre, sólo hay dos maneras de salir de Ortega: la vía armada o elecciones libres y transparentes.

“La vía violenta no la veo porque no hay armas, no veo apoyo internacional para que se pueda organizar una contra como en los años 80, y la única vía que nos queda es la electoral a través de un proceso libre, transparente, con observación de nacional e internacional en la que el pueblo que ya está hastiado totalmente saturado de sandinismo, salga a votar como lo hicimos en los 90, y lo derrotamos electoralmente”.

“Hay ciertas garantías que son fundamentales: la presión que el pueblo nicaragüense está ejerciendo para poder solucionar la crisis, la presión de la comunidad internacional para que haya elecciones libres y se solucione la crisis, y en tercer lugar, la propia presión que produce la crisis social y económica profunda que hay en el país. La economía va en picada. Nicaragua decreció un 5 o 6 por ciento, y en el 2020 no existe posibilidad de crecimiento, el desempleo va en aumento por el cierre de empresas”, apuntó.

“Ortega sabe que ante una crisis de hambre el pueblo va a salir a la calle nuevamente, por eso no permite ninguna manifestación, ni expresión pública porque tiene miedo a la expresión popular en las calles. Estamos en una crisis profunda, al borde de llagar al abismo”, aseguró el político.

También sostuvo que las sanciones impuestas por Estados Unidos y Canadá contra la familia presidencial, sus funcionarios y contra las empresas de Ortega obtenidas al amparo del poder, están haciendo efecto y cree que si en noviembre de 2021, no hay elecciones libres la situación en el país se hará más caótica.

Opción de poder

Claramente tenemos que asumir nosotros, como una opción de poder, no solo asumirnos como una organización que hace marchas o una organización que hace plantones, cuando decía el tema del norte (la dirección) me refería a eso a que la gente sienta que si estamos en posición de trabajar como una opción de poder no simplemente como una opción de movilización, que es importante, que sientan que es el poder el que queremos, porque queremos cambiar la situación en la que estamos. Si no somos opción de poder la dictadura continuaría", dijo la directiva de la Alianza Cívica, Azahalea Solís, al programa Esta Semana, que dirige Carlos Fernando Chamorro.

Violeta Granera, directiva de la UNAB, que en su mayoría aglutina al MRS y a movimientos de izquierda, dijo que están avanzando en su propósito. "La Coalición Nacional tiene ese propósito, ser una coalición política para competir, tomar el poder y hacer los cambios", dijo Granera en el mismo programa.

Pero los detractores de ambas organizaciones, no solo de quejan de que ambas organizaciones surgidas tras el estallido social, son excluyentes, también del interés de estos grupos que abogan por la continuidad de un sandinismo sin Ortega, y de ir a unas elecciones con el dictador, a sabiendas de los fraudes electorales cometidos por Ortega que le han permitido mantenerse en el poder.

Pese a las sanciones Ortega se rehúsa a adelantar elecciones, y ha dicho que las "ganará" en noviembre de 2021.

La ansiada unidad

“Es importante señalar que no se necesita unir al MRS y al rescate al sandinismo que integran la UNAB. Son ONG formadas cada una por dos o tres personas, son 94 ONG que se toman los espacios, son socialistas; no necesitamos a los sandinistas para derrotar al sandinismo, y eso está comprobado”, apuntó.

Y es que la base del sandinismo no ha superado el 30 por ciento en las pasadas elecciones, ese porcentaje se redujo tras el estallido social.

Vidaurre propone la creación de una iniciativa de centro derecha, pero ya tiene críticos por la integración del Partido Conservador que dirige Alfredo César, señalado de ser un partido “zancudo”, que le ha hecho el juego a Ortega. El político sostiene que la alianza es con la institución partidaria, no con un individuo en particular.

La alianza será presentada el próximo 18 de febrero en Managua.

Mientras tanto, la población y los exiliados sufren los embates de una cruel dictadura que en su segunda etapa ha disparado contra personas desarmadas.

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