@navarroadris

“Si le digo a mi mujer que mi fantasía sexual es estar en la cama con tres mujeres le da algo”, me comentó un hombre de 42 años que entrevisté hace un tiempo para mi segmento televisivo sobre sexualidad. Añadiendo entre risas: “Por supuesto que en mi fantasía ninguna de esas tres mujeres es la mía”. Lo cual, evidentemente, complicaría más su confesión.

He ahí una de las tantas fantasías que merodean las mentes de hombres y mujeres. Fantasías de todos los tipos y colores que erotizan los pensamientos y que aparecen, incluso, durante los sueños pero, ¿Hasta qué punto es bueno compartirlas con tu pareja?.                                               

El año pasado conocí a una mujer que decidió hacer realidad la fantasía sexual de su novio de pasar una noche con dos féminas, así que invitaron a una joven que ambos conocían. El resultado fue tan catastrófico que con el tiempo la protagonista de esta historia terminó la relación con ambos. Asegura que si bien el acto en sí mismo le resultó desagradable, todavía más el comentario posterior de él: “Bueno, no fue para tanto. En mi fantasía era mucho mejor”.

No podemos olvidar que las fantasías tienen que ver con la irrealidad y al cumplirlas dejan de ser fantasías para convertirse en realidad, perdiendo su esencia y por ende, su magia. Eso sin contar el elemento “decepción” ya que son creaciones imaginarias muy a gusto del protagonista que, aunque puedan llevarse a cabo (no es el caso de todas) superarlas es casi un imposible.

El sólo hecho de mencionar las fantasías sexuales a la pareja tiene sus riesgos. Si una mujer casada, por ejemplo, fantasea con tener relaciones sexuales con su jardinero, joven, apuesto y musculoso ¿Se imaginan la alegría que puede causarle tal revelación a su esposo?

Eso no significa que no se pueda hablar con la pareja sobre gustos y preferencias en la cama, ¡Todo lo contrario! Es muy sano y recomendable pero una cosa son los deseos y otra muy diferente las fantasías. Los deseos sexuales se basan en apetencias que a uno le gustaría realizar con su pareja y que pueden compartir sin sentirse mal al respecto. Las fantasías sexuales, por el contrario viven en el campo de la imaginación y aunque en ocasiones pueden ser contrarias a la propia moral del ser (por ejemplo, tener sexo con extraños) normalmente no generan culpabilidad. Lo ideal es compartirlas con tu pareja sólo y exclusivamente cuando existe la suficiente confianza y certeza de que no generará problemas a la relación.

Lejos de ser tabú o contraproducente, expertos en sexualidad recomiendan las fantasías sexuales como terapia para estimular el deseo y mejorar así las relaciones íntimas de pareja, especialmente en el caso de mujeres que padecen de una libido sexual baja. Es decir, que el jardinero o carnicero podrían ayudar, indirectamente y desde el anonimato, a mejorar su sexualidad.

Una de las fantasías sexuales más comunes en hombres y mujeres son aquellas que involucran el sadomasoquismo, roles de dominantes y dominados. Estas son más fáciles de llevar a cabo pero sólo cuando ambos miembros de la pareja lo consientan, de lo contrario sería un delito. Otra fantasía muy recurrente es la de tener sexo en lugares públicos (baños, cines, probadores, etc.). Suena emocionante pero en la realidad no son los escenarios más cómodos, sin contar la posibilidad de ser detenidos por infringir la ley.

Como ven, cuando se trata de fantasías sexuales no todas se pueden realizar ni mucho menos contar y justo ahí está la magia, guardarse algo para uno mismo, donde nadie pueda llegar y mucho menos juzgar.

*Adriana Navarro  es reportera y presentadora de AméricaTeve Canal 41 de Miami. Desde hace años está a cargo del segmento “Vivir Mejor” en el noticiero de las 5 de la tarde donde aborda temas de salud, belleza, gastronomía, cultura y educación.

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