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@DesdeLaHabana

La Habana.-Desde el 11 de julio, el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara permanece en la prisión de máxima seguridad en Guanajay, Artemisa, provincia localizada a 45 kilómetros al oeste de La Habana. Otero Alcántara está acusado por el régimen de supuestos delitos de instigación a delinquir, desacato agravado y desorden público.

La última visita a Otero Alcántara fue el 18 de noviembre. Según informa la familia, tiene buen estado de ánimo y practica deportes, aunque está muy preocupado por la salud de su amigo Maykel ‘Osorbo’ Castillo, músico urbano, premiado con dos Grammy Latino por su participación en el hit Patria y Vida, y que se encuentra recluido en la cárcel Kilo 5 y Medio, en la occidental provincia de Pinar del Río.

Enix Berrío Sardá, economista, opositor y tío de Luis Manuel Otero, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que el martes 30 de noviembre habló por teléfono con su sobrino y que se encontraba bien de salud, tranquilo y dejando claro que bajo ninguna circunstancia aceptará el destierro político como opción.

Cuando hace tres semanas me encontré con Berrío Sardá en una atestada parada de ómnibus habanera, me había comentado que “Luisma -como lo llaman sus allegados- sabe que es inocente. Pero no es ingenuo. Sabe perfectamente que su lugar está aquí, en Cuba. Así se lo ha dejado saber a todos aquellos que interceden por su excarcelación. Sigue manifestando su disposición a salir del país para participar de las becas, premios y programas artísticos que estaban planificados, y a los cuales se había comprometido a asistir, pero siempre con la condición de regresar”. Según Enix, su sobrino “está informado de lo que pasa. Su posición sigue siendo la misma, igual que sus prioridades. Y agradece profundamente a todas las personas que se preocupan por él”.

Sobre Luis Manuel pesa también una acusación de ultraje a los símbolos patrios, un expediente abierto desde 2020, por su obra Le drapeau (la bandera) un performance donde Otero llevaba la enseña nacional abrazando su cuerpo.

Ese amplio dossier abierto por la Seguridad del Estado es simplemente un instrumento de presión para que emigre, opina un ex oficial de la Inteligencia cubana. “Si Luis Manuel Otero aceptara las condiciones impuestas por el gobierno, al día siguiente lo trasladan para una casa de visita de la Seguridad del Estado y en 24 horas lo suben en un avión. Los operadores políticos del régimen saben perfectamente que este muchacho fue el fósforo que prendió la mecha del profundo descontento social. Detrás del 27N y las protestas del 11J están Luis Manuel Otero Alcántara y el Movimiento San Isidro”, asegura el exagente.

Lo que sabemos de Otero

Recuerdo que en la mañana del domingo 11 julio, luego de que corrieran como pólvora en las redes sociales los videos de las manifestaciones ocurridas en San Antonio de los Baños, chateé por WhatsApp con varios activistas, opositores y artistas contestatarios en busca de una respuesta a los sucesos. Todos estaban sorprendidos. Poco antes de las dos de la tarde, antes de que la dictadura cortara el servicio de internet, en un breve chat, Luis Manuel me dijo: “Me voy para el Capitolio. No puedo estar en mi casa mientras la gente se tira para la calle pidiendo libertad”. Fue la última vez que supe de Luisma.

En los últimos tres años le hice varias entrevistas a Otero y en innumerables ocasiones charlé en privado con él. Luis Manuel Otero Alcántara se crio en el barrio de El Pilar, municipio Cerro, en la calle Romay entre Monte y Zequeira, donde vivieron mis abuelos, se crio mi madre y nacimos mi hermana y yo. Nosotros vivíamos en el número 67 de un edificio de dos pisos construido a principios del siglo XX, que ya se derrumbó. La casa de la familia de Luisma quedaba en el número 57.

En esa misma cuadra residió también el afamado compositor Jorge Luis Piloto, ganador de premios Grammy, su hermano Juan Carlos y su madre, Amada Alsar, ya fallecida. El Pilar era un barrio duro. Se vendían marihuana, sicotrópicos, se jugaba a la ilegal bolita y existían casinos clandestinos llamados burles.

Mi generación todavía jugaba en la calle con una pelota de goma a las cuatro esquinas. No había teléfonos celulares, videojuegos ni internet. Eran pocos los vecinos que tenían teléfono o televisor. La gente vivía mal y comía peor. Emborracharse era un pasatiempo.

En estos barrios de La Habana profunda existe un código de honor. La chivatería es una afrenta. Los afiliados al partido comunista y militares miraban para otro lado cuando el vecino de al lado de tu casa vendía detergente robado la noche anterior de los almacenes de la fábrica Sabatés.

Luis Manuel Otero nació el 2 de diciembre de 1987. Cuatro años después, Cuba entraba de golpe en el Período Especial. En una entrevista, Otero me comentó que recordaba los extensos apagones de doce horas diarias y las encendidas rumbas que se armaban en el solar de su cuadra.

Apenas conoció a su padre. Cuando no estaba preso lo estaban buscando, me dijo una tarde sentado en la azotea del edificio donde entonces vivía con su exnovia Yanelys Núñez, en la intercepción de las calles Monte y Ángeles. Su infancia fue compleja. Eran tres hermanos. Su progenitora fue madre y padre.

Cuando niño se dedicó a vender a tres pesos ladrillos que extraía con un cincel y un martillo de casas inhabitadas. “Era una forma de tener dinero para ir a fiestas o comprarme un par de zapatos. En la escuela primaria Romualdo de la Cuesta me hacían ‘bullyng’ porque llevaba unos zapatones horribles”, me confesó en otra entrevista.

Desde pequeño, siempre estaba tallando un trozo de madera. Comenzó a practicar atletismo, se hizo corredor de medio fondo para escapar de la miseria. En su adolescencia se inscribió en diversos talleres de escultura y artes plásticas. Tenía un talento natural para el arte. El oficialista periódico cultural Caimán Barbudo publicó una nota el 7 de agosto de 2012, escrita por la reportera Yadira de Armas Rodríguez, elogiando la obra de Luis Manuel Otero.

Cuatro años después, al confrontar a la dictadura, los medios estatales comenzaron a acusarlo de 'seudo artista, marginal y mercenario'. En los despiadados ataques contra Luis Manuel Otero, Maykel ‘Osorbo’ y el Movimiento San Isidro, además de odio, hay un racismo feroz. Por ser negros, por ser pobres y por rebelarse al sistema. Es un racismo biológico e intelectual.

Luisma logró articular a su alrededor a muchas personas de San Isidro, barriada de la Habana Vieja a la cual se mudaría y convertiría su destartalada vivienda en sede del Movimiento San Isidro. A las personas, jóvenes o viejas, les hablaba de igual a igual, sin consignas, ni aburridos teques políticos.

Al vecindario de San Isidro le amplificaba el descontento social. Le decía que debía reivindicar sus derechos elementales para tener un nivel de vida decoroso, que desayunar, almorzar y comer no debía ser un lujo. Al régimen le reclamó el desmantelamiento de las tiendas en divisas y que escucharan a los olvidados de siempre.

Las protestas ocurridas en Cuba tienen como ancla a Luis Manuel, quien este 2 de diciembre, en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, no podrá celebrar sus 34 años. A Otero Alcántara el régimen le teme: sabe que además de un líder innato y popular, es un símbolo de resistencia.

 

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