Después de semanas de agitación política sin precedentes, ¿es acaso posible mirar al futuro y descubrir qué aspectos surgirán, una vez que se confirme el resultado electoral?

Por una parte, Estados Unidos ha demostrado tener una increíble capacidad de recuperación. Incluso cuando los dos candidatos presidenciales, el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden, luchaban codo a codo por cada voto en los estados clave. El mercado de valores se recuperaba y las acciones continuaban su repunte después de una serie de caídas.

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El presidente de la Reserva Federal, Jeremy Powell, si bien anunció hace poco que mantendrá las tasas de interés referenciales ancladas entre 0% -0.25%, como medida de emergencia por la pandemia, también dijo que "la actividad económica y el empleo han seguido recuperándose, aunque todavía se mantienen muy por debajo de sus niveles de principios de año”.

Powell naturalmente concede seriedad a la pandemia pues según ha dicho “la senda de la economía dependerá significativamente del curso que tome el virus”. Pero, ante la próxima llegada de una vacuna para el COVID-19, hay esperanzas de que se produzca un impulso tanto para la economía como para la moral del pueblo estadounidense.

La presidenta del grupo de trabajo británico sobre vacunas contra el coronavirus, Kate Bingham, dijo que esperaba ver datos provisionales positivos de la vacuna COVID-19 de Oxford y Pfizer y BioNTech a principios de diciembre y aunque los expertos piden cautela, Pfizer ha dicho que su vacuna es más de 90% eficaz.

La vacuna candidata, BNT162b2, se encuentra actualmente en fase III de desarrollo y ya se han inscrito más de 42.000 participantes en el estudio, que actualmente se está llevando a cabo en Estados Unidos, Brasil, Argentina y Europa.

BioNTech y Pfizer esperan presentar las solicitudes regulatorias para BNT162b2 en los Estados Unidos en breve. Eventualmente, si se aprueba la vacuna, Pfizer/BioNTech planea fabricar hasta 100 millones de dosis para fines de 2020 y potencialmente más de 1.300 millones de dosis para fines de 2021.

Así que, por muy sombrío que parecía el porvenir cuando llegó la pandemia, no hay duda de que los malos tiempos llegarán a su fin, tal vez a principios del próximo año.

Algunos países como el Reino Unido, por ejemplo, han advertido que sus economías no se recuperarán adecuadamente hasta 2022, debido a los enormes déficits que se han acumulado por el endeudamiento sin precedentes al que recurrieron, para salvaguardar millones de empleos. Pero Estados Unidos debería ver resultados económicos cada vez más prometedores para el próximo año.

Como asignación pendiente, queda todavía la resolución de algunos aspectos de la interminable campaña presidencial para unificar al país, porque la incertidumbre política tiene efectos nefastos, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

La composición en el Senado y la Cámara de Representantes también será crucial.

A pesar de los temores en el partido Republicano, los resultados fueron sorprendentes.

El senador republicano por Carolina del Sur, voz influyente en cuestiones de política de seguridad y defensa, Lindsey Graham, fue uno de los ganadores.

De igual manera, Mitch McConnell, líder veterano del Senado controlado por los republicanos desde 2015, ganó fácilmente en Kentucky, lo que garantiza que permanecerá en una posición poderosa, sea quien gane la mayoría.

Los presidentes de todos los tiempos han enfrentado dificultades para aprobar legislaciones cuando la Cámara o el Senado han estado controlados por la oposición.

El presidente Barack Obama ganó en 2008 con el Senado y la Cámara de Representantes bajo control demócrata, sin embargo, perdió el Senado ante los republicanos en 2014. Desde entonces hasta que terminó su administración en 2016, los republicanos emprendieron una campaña anti-Obama.

El presidente Donald Trump disfrutó del control republicano del Senado, pero enfrentó una dura oposición de la Cámara de mayoría demócrata, especialmente después de que Nancy Pelosi se convirtiera en presidenta del cuerpo legislativo por segunda vez en 2019.

La mejor combinación para los próximos cuatro años sería el fin de la pandemia del coronavirus, una importante reactivación de la economía estadounidense y un período de estabilidad política que conduzca a la sanación de las heridas. Esperemos que esos elementos se cumplan.

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