A medida que el coronavirus suma miles de muertes en el mundo y arrecia su impacto en EEUU, crecen las dudas sobre la posible intencionalidad de la pandemia originada en una provincia China.

Los rumores sobre una posible conspiración del gobierno de Pekin para desestabilizar las principales economías del planeta y en especial la de Estados Unidos, parecen acercarse a lo que sería el comienzo de una nueva era de la “Guerra Fría”.

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De ser así, las consecuencias a nivel político y diplomático desencadenarían un caos, en medio de la expectante reacción del presidente Donald Trump, ante una presunta y abierta declaración de guerra económica del gigante asiático para obtener la supremacía mundial.

A finales del 2019, las tensiones sobre temas económicos entre Estados Unidos y China escalaron a un nivel inesperado por las medidas de la Casa Blanca contra las importaciones chinas, litigio que meses después quedó aparentemente resuelto con un acuerdo entre ambas partes.

El Departamento de Justicia de EEUU anunció, a través del Fiscal General de Massachusetts, Andrew Lelling, que el Jefe del Departamento de Química y Biología Química de la Universidad de Harvard -junto a otros dos ciudadanos chinos- fueron acusados de ayudar al gobierno de la República Popular de China.

Guerra en silencio

El Dr. Charles Lieber, de 60 años, enfrenta cargos en Boston, Massachusetts, por hacer una declaración falsa y fraudulenta.

Yanqing Ye, de 29 años, ciudadana china, fue acusada de fraude al solicitar su visa de entrada al país, hacer declaraciones falsas y de actuar y conspirar como agente de un gobierno extranjero.

Ye, indica el documento judicial, es teniente del Ejército Popular de Liberación (EPL), las fuerzas armadas de la República Popular de China y miembro del Partido Comunista Chino. En su solicitud de visa J-1, Ye se identificó como con testimonio falso una "estudiante" mintió sobre sus servicios en la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa (NUDT), una academia militar superior dirigida por el Partido Comunista.

Se alega, además, que mientras estudiaba en el Departamento de Física, Química e Ingeniería Biomédica de la Universidad de Boston (desde octubre del 2017 a abril del 2019), Ye cumplió numerosas orientaciones de oficiales de inteligencia, como realizar investigaciones, evaluar a militares estadounidenses, hackear sitios web relevantes y enviar información clasificada de EEUU a China.

Según documentos legales, el 20 de abril del 2019, agentes federales interrogaron a Yanqing Ye en Boston. Durante la entrevista, afirmó que tenía un contacto mínimo con dos profesores de NUDT, que resultaron ser oficiales de inteligencia de alto rango del ejército chino.

Contrabando

Por su parte, Zaosong Zheng, de 30 años, ciudadano chino, fue arrestado el 10 de diciembre del 2019 en el Aeropuerto Internacional de Boston. Zheng intentaba llevarse a China 21 fórmulas de investigación biológica. El 21 de enero de este año, fue acusado de un cargo de contrabando de bienes estadounidenses y otro por hacer declaraciones falsas y fraudulentas.

El texto judicial revela que - desde el 2008- el Dr. Lieber, recibió más de $15 millones en fondos de subvención de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y del Departamento de Defensa (DOD) de Estados Unidos. Estas subvenciones exigen dar a conocer cualquier acción que represente un conflicto de interés financiero con contrapartes en otros países, incluido el apoyo directo o indirecto a gobiernos extranjeros.

El informe del Departamento de Justicia indica que sin el conocimiento de la Universidad de Harvard, a partir del 2011 Lieber se convirtió en un "Científico Estratégico" en la Universidad Tecnológica de Wuhan (WUT) en China, donde comenzó el brote del nuevo coronavirus, y fue partícipe contractual en el Plan de los Mil Talentos de China, desde el 2012 hasta el 2017.

Robo de información

El Plan es uno de los proyectos chinos más destacados para el reclutamiento de talentos, diseñados para atraer, captar y cultivar profesionales de alto nivel que fomenten el desarrollo científico, la prosperidad económica y la seguridad nacional de China. Los programas captan a talentos asiáticos en el exterior y a expertos extranjeros, que puedan aportar su conocimiento y experiencia a China, además de que recompensan a las personas por robar información patentada.

Bajo los términos del contrato de tres años, WUT le pagó a Lieber 50.000 dólares mensuales, más 158.000 dólares para diferentes gastos. Con el objetivo de establecer un laboratorio de investigaciones en Wuhan, el científico también recibió más de 1.5 millones de dólares. A cambio, Lieber se vio obligado a trabajar para la universidad china "no menos de nueve meses al año" al "declarar proyectos de cooperación internacional, preparar a maestros jóvenes y estudiantes; organizar conferencias internacionales, solicitar patentes y publicar artículos a favor de "WUT".

La acusación también alega que entre el 2018 y el 2019, Lieber mintió sobre su participación en el Plan de los Mil Talentos y su afiliación con el centro de educación superior de Wuhan.

La supremacía

Las públicas y aparentemente “buenas relaciones del gobierno de China con Estados Unidos” encubren una guerra de espionaje económico sin precedentes, desde que las autoridades del gigante asiático apostaron por la entrada a la economía capitalista mundial con un régimen comunista; un método que ha funcionado para sacar de la extrema pobreza a más de la tercera parte de su población y convertirse en la segunda potencia comercial del planeta, solo superada por EEUU.

Más allá de una supuesta “buena voluntad”, China no se conforma con ser la número dos y hace intentos sostenidos de ataques encubiertos contra la estabilidad de EEUU.

Hace apenas unos meses, un científico chino fue sentenciado a dos años de prisión por robar tecnología de baterías de última generación de la compañía petrolera en Oklahoma, donde trabajaba desde junio del 2017. Antes, había sido asistente de investigaciones y experto visitante en el Instituto de Tecnología de California.

Hongjin Tan, un ciudadano chino de 36 años con residencia permanente en EEUU, fue arrestado en diciembre del 2018 y en noviembre del año pasado fue declarado culpable de robar secretos comerciales.

La tecnología de baterías de última generación que Tan robó tiene un valor en el mercado de más de 1.000 millones de dólares, dijo el Departamento de Justicia.

Tecnología de punta

La agente especial del FBI, Melissa Godbold, afirmó que "las empresas estadounidenses invierten mucho en investigación avanzada y tecnología de punta".

"El robo de secretos comerciales va en detrimento de la seguridad de nuestra nación y la economía del libre mercado", añadió Godbold. "Le quita las ganancias a las compañías y los empleos a los estadounidenses".

“La investigación y el juicio pusieron al descubierto otro ejemplo de los persistentes intentos de China de robar la propiedad intelectual estadounidense", acotó el fiscal general adjunto John Demers.

En otro caso de espionaje, el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció la acusación de cuatro militares chinos por su presunta participación en el hackeo masivo del 2017 de la base de datos de la agencia de crédito Equifax.

"Este fue uno de los mayores pirateos cibernéticos de la historia" en el que se robó "información personal sensible de casi la mitad de los ciudadanos estadounidenses", dijo el fiscal general de Estados Unidos, Bill Barr, en una entrevista a la agencia de prensa AFP.

La acusación señala a Wu Zhiyong, Wang Qian, Xu Ke y Liu Lei, miembros de un instituto de investigación del ejército chino, como responsables de múltiples cargos por pirateo informático, fraude cibernético; espionaje y fraude económico mediante telecomunicaciones.

Según funcionarios del Departamento de Justicia, la investigación se extendió por más de un año a través de 34 servidores informáticos en 20 países, en los que supuestamente ocultaron sus maniobras.

Posible respuesta

La lista es muchísimo mayor, pero en múltiples casos los sistemas de inteligencia de cada país ocultan la detección de espionaje para proteger sus fuentes encubiertas de información.

Los supuestos rumores que circulan desde hace semanas por redes sociales y algunos medios de comunicación sobre las presuntas intenciones de China, relacionadas con el brote de coronavirus, al parecer, podrían no ser tan infundadas.

Hasta el momento, y tal vez nunca sabremos, si verdaderamente el brote del nuevo coronavirus fue un plan estructurado por el régimen comunista chino para destruir la solidez de la actual economía de Estados Unidos y desestabilizar el resto de las potencias como Japón, Arabia Saudita, el Reino Unido y Alemania, o fue un brote que intentaron controlar en silencio y se convirtió en la peor pesadilla del siglo XXI hasta ahora, sin un final determinado. Sin saber además cuál será el balance total de muertes ni contagiados.

Los intereses económicos, diplomáticos y la línea de un orden mundial -que evite una tercera guerra global- pesan más en los tiempos actuales que en decenas de años atrás. Y aunque al presidente Donald Trump le llegue a su escritorio en Washington un informe detallado que pueda confirmar que haya habido una conspiración china con el COVID-19, la principal estrategia ahora para EEUU es tratar de reducir en lo posible el notable daño y las consecuencias de esta pandemia para el país: un costo altísimo en pérdidas humanas y un golpe devastador para la economía.

Llama la atención cómo un gran número de los medios de comunicación en EEUU, que se muestran contrarios a las políticas del Presidente, no han iniciado una avalancha de artículos sobre la recesión que ya pesa sobre nuestras sienes; quizás la respuesta esté en no querer sumar más preocupaciones a un país sumido ahora también en el dolor y la muerte, como España e Italia.

lmorales@diariolasamericas.com

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