MIAMI.- El reinado de la anarquía, al parecer y a juzgar por los reclamos contenidos en los letreros de algunos de los asistentes a las manifestaciones convocadas por la organización Black Lives Matter (BLM), es el propósio de quienes mantienen vivas estas protestas en Estados Unidos, un mes después de que dieran inicio en reclamo por la muerte de un hombre afroamericano a manos de un policía, en Minneapolis.

Los carteles más comunes, según lo pudo constatar DIARIO LAS AMÉRICAS en las más recientes protestas convocadas en Miami, este fin de semana, se refieren a ICE (Policía de Inmigración y Aduanas) como un organismo que debe desaparecer.

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Otros cuestionan el embargo económico de EEUU contra el régimen cubano, tildándolo de ‘bloqueo’ y también con el mismo término critican la postura de Washington respecto a la cúpula que usurpa el poder en Venezuela, de cuyos integrantes muchos son prófugos de la justicia por probados vínculos con el crimen organizado.

Asimismo, los manifestantes que asisten a estas protestas ponen en entredicho la labor de la Policía y se cuestionan la necesidad de que exista esta fuerza del orden público.

En las protestas que tuvieron lugar el viernes y sábado en Miami, que contaron con muy baja asistencia, en comparación con las primeras que se registraron en el condado en días posteriores al caso de Floyd, estos eran los mensajes más visibles entre un pequeño grupo de jóvenes, en su gran mayoría nacidos en este país, según contaron a este medio, y algunas personas mayores, principalmente de origen hispano, que se sumaron a esos mítines.

Abolir ICE

Las manifestaciones se realizaron en las inmediaciones de la Antorcha de la Amistad, en el downtown de Miami. Una chica de no más de 20 años, cuerpo atlético, vestida de pantalón corto y playera, gritaba a todo el que pasaba por el lugar: “Hay que abolir ICE”. Un letrero que alzaba al cielo, en medio de una temperatura de 96° F., decía lo mismo en inglés: “Abolish ICE”.

Pues bien, ICE es el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, también conocido como Policía de Inmigración, que se creó en 2003 tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando el país y el mundo quedaron atónitos al ver por los canales de noticias cómo las Torres Gemelas de Nueva York se desmoronaron al ser impactadas por dos aviones comerciales que secuestraron extremistas de Al Qaeda.

Esta agencia es la rama investigativa del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la segunda en tamaño del Gobierno federal. Nació de la fusión de las autoridades investigativas, policiales y de inmigración del antiguo Servicio de Aduanas de los Estados Unidos (U.S. Customs Service) y el entonces Servicio de Inmigración y Naturalización (Immigration and Naturalization Service).

Este organismo se encarga de hacer cumplir las leyes federales que gobiernan el control fronterizo, aduanas, comercio e inmigración, con el fin de promover la seguridad nacional y pública, a través de una plantilla de más de 20.000 empleados en más de 400 oficinas en los Estados Unidos y en otros 48 países.

ICE, cuya sede principal se encuentra en Washington, es clave para resguardar la seguridad de los EEUU. Algunas de sus investigaciones penales y civiles están relacionadas con la explotación infantil, comercio, narcotráfico, fraude, delitos financieros, trata de personas, exportación ilegal de armas, terrorismo y violencia desatada por pandillas, entre otras.

Las personas que defienden la tesis de que ICE debe desaparecer o ser reemplazada por una agencia “más humana” o “menos restrictiva”, afirman también que los inmigrantes “tienen derechos” consagrados en la Constitución y que debido a la pandemia esa entidad debe liberar a decenas de personas que entraron ilegalmente al país para evitar que se conviertan en víctimas del COVID-19.

Recientemente, el vocero de ICE en el sur de la Florida, Néstor Yglesias, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que la entidad está permitiendo la salida de inmigrantes que “no representan un peligro para la sociedad”, como una medida que acoge el fallo de una juez federal y pone en marcha acciones preventivas contra el coronavirus en sus centros detención.

Por esos días, un grupo de manifestantes estaba pidiendo que dejaran en libertad a un hombre de origen cubano que cumplió una condena de 34 años por los delitos de homicidio, tráfico de drogas y robo, según el Departamento de Correccionales de la Florida, y en estos momentos afronta un proceso de deportación por falta de documentos que avalen su estatus. Por ese motivo, el hombre pasó de una institución penitenciaria a un centro de detención de ICE.

Protestas Miami
Un grupo de manifestantes se reúne en las inmediaciones de la Antorcha de la Amistad, en el Downtown de Miami.

Un grupo de manifestantes se reúne en las inmediaciones de la Antorcha de la Amistad, en el Downtown de Miami.

"Bloqueo" a Cuba y Venezuela

Entretanto, un hombre canoso, que usaba gorra de pelotero y lentes oscuros, exhibía durante la protesta del sábado un cartel que decía “I can´t breathe Venezuela” o “No puedo respirar Venezuela”, y otro apoyado sobre sus piernas con la leyenda “Hands off Venezuela” o “Manos fuera de Venezuela”. Muy cerca del hombre, una pancarta de color amarillo, extendida entre dos señales de tránsito, se refería asimismo a ese tema.

Estados Unidos comenzó a imponer sanciones a Cuba luego de que Fidel Castro llegó al poder en 1959 y poco después de que expropiara bienes estadounidenses en la isla por valor de más de 1.000 millones de dólares (algunos aseguran que hasta 1.800 millones de dólares, con valores de aquella época), lo que condujo al entonces presidente John F. Kennedy a imponer el embargo económico a ese gobierno en 1962.

Las relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba se rompieron en 1961 en la medida en que crecían las tensiones entre ambos países, como consecuencia de que el régimen castrista firmó un acuerdo con la Unión Soviética, que derivó en lo que se recuerda como “la crisis de los misiles”, un episodio que estuvo a punto de generar una guerra nuclear, según estiman analistas.

La antigua URSS pasó a ser el gran aliado de la dictadura de la isla, pero su desmembramiento y la caída del Muro de Berlín hicieron que desde 1992 el régimen castrista iniciara una campaña para promover la derogación de lo que, acorde con la retórica castrista, se tilda de “bloqueo”.

Más tarde, dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, que ayudaban a balseros cubanos en aguas del Estrecho de la Florida, fueron derribadas por orden de los Castro en 1996. En respuesta a ese hecho, el presidente Bill Clinton firmó la Ley Helms-Burton, que endureció el embargo comercial a la isla.

Hoy Cuba sigue gobernada por un régimen totalitario, con pésimos antecedentes en materia de derechos humanos, cuyo sistema represivo logró implantarse en Venezuela, gracias a una serie de alianzas estratégicas con el entonces dictador Hugo Chávez. De allí que Estados Unidos extendiera su política de sanciones hacia el régimen que en estos momentos detenta Nicolás Maduro.

Las personas que critican los procedimientos de EEUU en contra de esos dos regímenes creen que los efectos del embargo a Cuba y las sanciones impuestas a la cúpula del chavismo en Venezuela, afectan directamente al pueblo.

Por su parte, quienes defienden esa práctica aseguran que “suavizar el trato” es permitir que lleguen más riquezas a las arcas de esas dictaduras y coadyuvar en su fortalecimiento.

Policía y violencia racial

Los reclamos sobre la actuación de la Policía vienen de la mano del lamentable suceso en el que perdió la vida George Floyd, en Minneapolis.

Los protestantes enmarcan este incidente en el contexto de lo que denominan “violencia racial”, tal como lo expresaron en diferentes pancartas vistas en las protestas del fin de semana pasado en Miami, y en otras que han tenido lugar en distintas partes del país.

Estados Unidos es una nación de leyes y normas que deben hacer cumplir las autoridades encargadas de la seguridad ciudadana.

En este aspecto, no hay una petición concreta. Algunos, como el grupo abolicionista MPD150 de Minneapolis, demandan eliminar a la Policía de la sociedad. Otros piden recortar los fondos destinados a estas instituciones. Hay quienes proponen disminuir las tareas de esos cuerpos armados y que esas funciones sean asumidas por funcionarios de ciudades o condados.

Sin embargo, no existen precedentes que permitan ver cómo sería Estados Unidos sin la Policía.

El presidente Donald Trump, mostrando la misma línea de pensamiento de algunos analistas, ha planteado sacar las “manzanas podridas” de la Policía e introducir cambios en sus reglamentos, pero no acabar con esas agencias.

Mientras tanto, la organización Black Lives Matter (BLM), junto a otras que se han sumado a sus demandas, anuncia que continuarán las protestas bajo la advertencia de que si el país “no nos da lo que queremos, liquidaremos el sistema”.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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