Nunca antes se había hablado tanto de política en Cuba, considera Miriam, ingeniera, mientras en un mercado habanero aguarda para comprar dos kilogramos de pechuga de pollo. Dice que en tres horas de cola, personas que no se conocían, opinaron sobre el alto precio de los alimentos, reprobaron la tarea ordenamiento y terminaron compartiendo en sus celulares el hit musical Patria y Vida, interpretado por Yotuel Romero, Descemer Bueno, Gente de Zona, Yotuel, Maykel Osorbo y El Funky.

“Donde quiera, a cualquier hora y en cualquier lugar, la gente está hablando de política. Eso no pasaba cinco años atrás. En los centros laborales, igual, todo el tiempo se la pasan criticando al gobierno. Ninguno es opositor, pero ya muchos se refieren a la necesidad de cambios democráticos en el país. Es que los cubanos ya están cansados del mismo discurso, de vivir en una sociedad donde el futuro pinta peor que el presente”, asegura Miriam.

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Los viejos taxis colectivos se han convertido en auténticas tribunas ciudadanas. Raudel, empleado de un hotel de lujo, cuenta que "cuando subes a un almendrón, encuentras que los pasajeros no solo están manifestando su descontento del sistema, también debatiendo y opinando. Se critica todo, desde el deterioro de la salud pública, educación, la brutalidad policial, la corrupción de los mayimbes (dirigentes) y sus familiares hasta la carestía de vida. Muy pocas veces me he encontrado personas que defiendan al proceso”.

Carlos, sociólogo, coincide que las calles en Cuba se han convertido en un termómetro del estado de opinión ciudadano. “Se ha ido perdiendo el miedo. Hace veinte años, los comentarios críticos contra el régimen en lugares públicos y donde había personas no desconocidas eso no solía suceder. La gente se cuidaba de dar sus criterios ante un desconocido, por temor a que fuera un policía encubierto o un chivato y te denunciara. Ahora la polémica sobre la situación del país, su presente y futuro, y lo que la ciudadanía opina de sus funcionarios y dirigentes, está presente en el barrio, con los vecinos, en las colas, taxis, guaguas y en los centro de trabajo. Se ha traspolado a la vía pública lo que se hablaba en voz en baja en la sala de las casas. Después, con la apertura de internet, esos debates han cobrado fuerza en las redes sociales", señala el sociólogo y añade:

"El último escalón que falta por conquistar es protestar abiertamente en las calles en contra de medidas impopulares. Ya usted observa cosas inéditas que jamás se dieron en 62 años. Intelectuales que reclaman diálogo y respeto a las diferencia políticas frente al Ministerio de Cultura, jóvenes que exigen implementar una nueva ley de protección a los animales en la sede del Ministerio de Agricultura, estibadores, médicos, obreros y profesionales que con sus nombres y apellidos en las redes sociales denuncian malas condiciones laborales. La única protesta multitudinaria que ocurrió en Cuba, el 5 de agosto de 1994, fue para pedirles al gobierno que los dejaran emigrar, aunque algunos gritaron Abajo Fidel y pidieron libertad”, y concluye:

“Más de 25 años después, una mayoría de cubanos reclaman una nación mejor, mayor transparencia, que los gobernantes cuenten con sus puntos de vista. Este tipo de acciones se van a incrementar. Ya no es un pequeño grupo de opositores que plantean demandas. Son ciudadanos que se van sumando y mostrando su descontento públicamente. Si el gobierno no les da respuesta a sus peticiones, van subir la parada. Es una batalla que va más allá de los símbolos y de una ideología. Es un clamor popular: los cubanos quieren un nuevo trato y un nuevo modelo de país”.

Fermín, productor musical, cree que las condiciones están dadas para que en Cuba suceda un cambio. “Hay demasiado malestar por una serie de medidas aplicadas por el gobierno como el alza de precios, el tarifazo eléctrico y el desabastecimiento de alimentos y medicinas. Si las autoridades son inteligentes, deben apostar por ese cambio democrático que muchos están reclamando. Si se atrincheran en sus posiciones y continúan con la campaña de represión y linchamientos mediáticos a los que se les oponen, están dejando abierta las puertas de la violencia”, afirma y precisa:

“El contexto cubano actual es diferente. Pero el gobierno sigue con su viejo discurso. No son creativos. Repiten la muela gastada de Fidel Castro, toman medidas muy impopulares como las tiendas en MLC, la construcción de hoteles de lujo y abren una sede para estudiar al pensamiento de Fidel en medio de una pandemia y una aguda crisis económica. En las redes sociales en estos momentos está planteada una interesante guerra de símbolos que el gobierno no ha sabido o no puede contrarrestar. Utilizando memes, encuestas, hashtags o un hit como Patria y Vida, que en cuatro días el video oficial tenía un millón y medio de entradas, mientras la conga Con Cuba no te metas, realizada por instituciones estatales y subida a YouTube hace un mes, no llegaba a las 125 mil visitas. Una comparación que evidencia que en esa batalla el régimen ha fracasado”.

Igor, licenciado en ciencias políticas, piensa que “a todas luces el gobierno no calculó la correlación de fuerzas. La vida real es diferente a la virtual. Las autoridades se imaginan que cuentan con el apoyo de todos esos que movilizan para actos masivos, como el 1 de Mayo o el 26 de Julio. Y no se percatan cuentan que tras esos actos hay muchas personas que por diversos motivos simulan una lealtad al sistema que no sienten. Las redes sociales e internet son diferentes. Usted se expresa camuflado con un seudónimo y sin dar la cara. Por eso tantos cubanos han encontrado en las redes sociales una forma de denunciar abusos, maltratos y casos de corrupción”.

Según Igor, ahora, cualquiera, en cualquier provincia, con un simple teléfono móvil, cuelga un video de una golpiza de un policía a un ciudadano o de gente protestando contra el gobierno. Aunque está consciente de que todavía la calle y la vida real son controladas por el régimen, sus fuerzas policiales y la Seguridad del Estado, pero en las redes sociales el panorama es diferente. "Además, a las críticas se han sumado artistas e intelectuales de prestigio como Haydée Milanés y Fernando Pérez y una legión de músicos urbanos que muy populares en Cuba. Con descalificaciones, sin permitir el derecho de réplica a quienes acusan de mercenarios y con el uso de violencia verbal y física, tienen perdida de antemano una guerra de símbolos que tiene un antes y un después de la detección del rapero Denis Solís y la huelga de hambre de Luis Manuel Otero y el Movimiento San Isidro (MSI)”.

Si en el 2000 los cubanos de a pie miraban a otro lado ante la represión de la oposición pacífica, en el 2021 está en la misma sintonía de un segmento disidente. En San Isidro, Jesús María, Atarés, El Pilar o San Leopoldo, Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero no son el enemigo. Al contrario. Son pobres y mestizos como la mayoría de los residentes de barrios donde sus opiniones, anhelos y frustraciones jamás aparecen en la prensa estatal. Por eso la campaña mediática del régimen contra el MSI ha sido un bumerán: en esas zonas las promesas de la revolución nunca se cumplieron.

La socialización de la miseria por parte del castrismo y un futuro entre signos de interrogación ha generado que cada vez, un número mayor de compatriotas reclamen cambios y se sientan identificados con Patria y Vida. Luis Manuel Otero, artista visual, dijo a Diario Las Américas que “la repercusión que ha tenido la canción es tremenda. La gente en la calle me pide selfies, me abrazan y no paran de hacerme preguntas. Indiscutiblemente esos músicos ya consagrados, son cubanos que vienen de abajo y la gente se siente identificados con ellos. Cuando músicos que vienen de abajo y han alcanzado la fama y el éxito -muchas veces el éxito en Cuba pasa por plegarte al régimen y ser oportunista-, llegan a un montón de gente. Pero va más allá de la repercusión que pueden alcanzar y la popularidad, están enviando también el mensaje de que somos negros, estamos ahí, conectados. Y la gente ve como ellos dan un paso en firme y expresan sus criterios políticos. Para mí es lo más importante. En la calle, una locura total. La gente me pide el video, lo comparten entre ellos, se los pasan. Ayer en la calle me gritaban Patria y Vida. Ese hit ha llegado a la gente”.

Tener presente que en la mayoría de los barrios habaneros, la vida de los jóvenes, de uno y otro sexo, en particular la de los negros y mestizos, gira en torno a la prostitución, las drogas o los negocios ilegales. La revolución de Fidel Castro solo les ha ofrecido falsas promesas, detenciones, actas de advertencia y cuando no están en prisión, vivir de lo que se cae del camión. Si queremos otro país, un nuevo país, habrá que contar con ellos.

De lo que se trata no es que un número sea magistral, si no que la realidad cubana, además de contada, sea cantada. Antes, raperos como Los Aldeanos habían labrado el camino. Patria y Vida va dirigida a los que nunca han tenido voz. Siempre otros hablaron por ellos. El reguetón, el rap y las redes sociales se han convertido en su amplificador. Su tribuna.

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