Este año 2019 coincidieron durante el mismo tiempo la conmemoración de dos fechas Patria de gran importancia para el pueblo cubano, el Grito de Yara y la Asamblea de Guáimaro. Aunque los dos acontecimientos tuvieron concurrencias en el aniversario centésimo quincuagésimo, luego, el 10 de octubre se cumplió los 151 años del inicio de la gesta independentista con el Grito de Yara.

En Yara, Manzanillo, Cuba, se inició la más larga lucha por la independencia de la nación cubana del yugo del Imperio Español, la Guerra de los Diez Años, de 1868 a 1878. Muchos valientes patriotas con el espíritu troyano se lazaron a los campos de Oriente, Camagüey y Las Villas para conquistar esa patria independiente, soberana, libre y democrática en realización de sus sueños.

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El abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes Castillo desencadenó e hizo realidad el advenimiento y conglutinación de las ideas de insurrección por la independencia en su finca La Demajagua en Yara y les expresó a sus advenedizos soldados: “Ciudadanos, ese Sol que veis alzarse por la cumbre del Turquino, viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”.

Después, todos hacen su juramento de combatir hasta lograr sus objetivos independentistas y prometió la invasión al occidente del país con la liberación total de la Isla, que en sus propias palabras fueron: “La pronta llegada del Ejército Libertador a las riberas del Almendares, cuyas limpias aguas apagaran la sed a nuestros corceles, prontos a hollar con sus cascos el último rincón donde se oculte el ibero”.

Del mismo modo, acto seguido, Céspedes expone el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba (hoy Manifiesto del Diez de Octubre), dirigido a sus conciudadanos y a todas las naciones del mundo, para luego ejercer la representación principal de la patria libre como Capitán General del Gobierno Libertador de Cuba.

Los verdes campos cubanos se convirtieron en suelos redentores de las más sublimes ideas revolucionarias, hombres y mujeres, civilizados y responsables en instaurar a plenitud los conceptos del republicanismo en la isla. Así pelearon durante meses, hasta el 10 de abril de 1868 en que sus representantes elegidos democráticamente por cada región -Oriente, Camagüey, Las Villas y Occidente- constituyeron la Asamblea Constituyente, de donde saldrían los poderes y las leyes republicanos: la Asamblea de Representante, el Ejecutivo y la Constitución de la República de Cuba.

En Cuba hubo muchos grandes patriotas, antes, durante y después de Carlos Manuel de Céspedes Castillo, este es al estilo de Héctor y Eneas, es un cubano exceso en gloria y nobleza, su grandeza la manifestó en su sencillez al despojarse de toda dignidad institucional y militar y participar como un ciudadano simple y soldado en la constituyente de Guáimaro. El pueblo cubano lo rescató y lo eligió en la Cámara de Representante, Presidente de la República de Cuba.

Los iniciadores de la guerra de independencia de 1868 y la consolidación en 1869 de la República de Cuba, con sus actos patrióticos bendijeron el nombre de Cuba libre e hicieron a la frase de ¡Viva Cuba libre!, un ideario propio de los cubanos dignos y libres. Bien expuesto por Céspedes a su aceptación de la presidencia de la república y como General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba. Este dijo que “La Institución de un gobierno libre en Cuba, sobre la base de los principios democráticos, era el voto más ferviente de mi corazón”.

Y luego continuó: "Cuba ha contraído, en el acto de empeñar la lucha contra el opresor, el solemne compromiso de consumar su independencia o perecer en la demanda: en el acto de darse un gobierno democrático, el de ser republicana.

Céspedes ya había expresado en el Manifiesto del Diez de Octubre que él y sus compatriotas “sacrificaron sus intereses y afecciones más caras, para morir si es necesario, batiéndose con los enemigos de nuestra patria, con los tiranos que tanto tiempo la tienen esclavizada a despecho de la época en que vivimos, a despecho de nuestras reclamaciones y nuestras quejas; a despecho de la justicia y de nuestros derechos; a despecho, en fin, de lo más sagrado y santo que existe en la conciencia de todos los pueblos del mundo: a despecho de la libertad”.

En la actualidad un grupo de descendientes de aquellos colonialistas y voluntarios del Imperio Español han secuestrado la nación cubana y extendido su opresión a través de un régimen despótico, que se enmascara en un gobierno democrático, republicano y de libertad, con el falso nombre de República de Cuba, cuando sencillamente es una dictadura totalitaria comunista.

Levanta tu voz, voz de justicia y verdad, pues si no gritas, tu silencio te convertirá en cómplice. A quienes quieran silenciar la voz de libertad, clamémosles con toda potencia: ¡Viva Cuba Libre! Para que no se apague el orgullo de ser descendientes de aquellos cespedinos y así seremos una nación libre.

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