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OPINIÓN

20 de Mayo: Varela y la República que Cuba aún espera

No hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad. Pbro. Félix Varela

Por Pbro Juan Lázaro Vélez González

El 20 de mayo de 1902 quedó oficialmente fundada la República de Cuba. Un día como hoy se cumplen 124 años de aquel momento trascendente para la historia Patria, cuando la nación cubana, después de largos años de sacrificios, guerras y esperanzas, vio levantarse sobre su tierra la aspiración republicana de un pueblo que soñaba con vivir libre, soberano y dueño de su propio destino.

La fecha no solamente representaba el nacimiento jurídico de una República, encarnó también la consumación parcial de un ideal sembrado durante décadas por hombres y mujeres que pensaron a Cuba desde la dignidad, la justicia y la libertad. Entre ellos la figura del Pbro. Félix Varela, verdadero precursor de la conciencia nacional.

No podemos olvidar que hay hombres que pertenecen a su tiempo, y hay hombres que pertenecen a la historia. También existen algunos pocos cuyas palabras logran atravesar generaciones enteras hasta convertirse en conciencia moral de un pueblo.

Así ocurre con Varela. Su pensamiento no envejece porque con su vida predicó: la verdad, la libertad y conoció el sufrimiento concreto de Cuba.

En medio de una Isla agotada por la pobreza, la emigración, la desesperanza, la represión, Varela vuelve a levantarse como brújula moral y política para iluminar el porvenir de una Cuba libre. El prelado comprendió profundamente el momento histórico de su época y que es sumamente esencial para todos nosotros hoy: la libertad no es una concesión del poder; es un derecho natural de los pueblos.

Cuánto eco tienen hoy estas palabras del sacerdote Varela, que nos enseñó primero en pensar. Durante décadas, el régimen ha monopolizado el lenguaje de la “revolución” para justificar el fracaso nacional, la persecución del pensamiento libre y el empobrecimiento sistemático del pueblo.

“Ningún gobierno tiene derechos”, escribió, los tiene sí el pueblo para virarlo cuando él se convierta en medio de ruina y no de prosperidad. Sin embargo, Varela, jamás confundió el sufrimiento con resignación. Su pensamiento está atravesado por una esperanza activa, por una fe profundamente encarnada en la realidad histórica.

Sabía muy bien el Santo Cubano, como lo llamaría nuestro Apóstol Nacional, que la libertad comienza primero como conciencia moral antes de convertirse en acontecimiento político. Por eso insistía en distinguir solamente dos clases de hombres: los patriotas y los especuladores. Los que aman el bien de Cuba por encima de cualquier interés personal y aquellos que lucran mientras la nación se hunde.

La Casa Cuba necesita hoy más que nunca patriotas y servidores del bien común, que reconstruyan la conciencia nacional resquebrajada por el comunismo.

Pero Varela también comprendió algo muy doloroso: la libertad nunca nace de la unanimidad absoluta. Las grandes transformaciones históricas han comenzado siempre desde minorías lucidas, decididas y moralmente comprometidas. El miedo colectivo, la dependencia y la división son instrumentos habituales de toda tiranía. Por eso advertía sobre la terrible arma de desunión, capaz de destruir incluso las causas más nobles.

En mi humilde parecer, creo que ahí reside uno de los mayores desafíos del presente cubano. La reconstrucción del presente-futuro de Cuba exigirá reconciliar sin renunciar a la verdad, unir sin borrar la injusticia, convocar a todos los cubanos de buena voluntad, dentro y fuera de la isla, alrededor de un proyecto nacional donde vuelvan a reinar: Dios, la justicia, la dignidad y la libertad.

La nación no solamente renacerá desde la política. Necesitará también una profunda reconstrucción moral, espiritual, social, económica y cívica. Cuba, necesita recuperar urgentemente la responsabilidad personal.

Este 20 de mayo no puede ser únicamente una evocación nostálgica de la República perdida. Debe ser también una reafirmación de la República futura: Una Cuba donde nadie sea perseguido por pensar distinto, donde la ley no sea instrumento de miedo, donde el trabajo permita vivir dignamente, donde confluyan el pluralismo político, donde nadie tenga que emigrar de su tierra para poder soñar.

Hoy, ahora, todos los cubanos vivimos uno de los momentos más cruciales y trascendentales de nuestras vidas. Que no perdamos la esperanza, que permanezca nuestro corazón despierto y deseoso de ese cambio definitivo. La certeza que sostuvieron: Varela; Martí y los demás próceres y fundadores sea hoy nuestra bandera de luz. El futuro de Cuba no pertenece al miedo. Pertenece a los libres.

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