LA HABANA, CUBA —En la prisión de Quivicán, municipio de la provincia Mayabeque, 21 kilómetros al sur de La Habana, un recluso cuenta que llevan un mes comiendo dos cucharadas de arroz, una masa repugnante de croqueta y los fines de semana, a falta de proteína, un trozo de boniato hervido.
Cuba: apagones de 12 horas, hambre y planes para emigrar
"La comida que nos dan no se la comen ni los puercos. Algunos se han desmayado trabajando en la agricultura", cuenta un recluso en Cuba
“De un plátano verde a medio cocinar, comemos tres personas. Estamos pasando muchísima hambre. La comida que nos dan no se la comen ni los puercos. Algunos se han desmayado trabajando en la agricultura. Aun así, prefieren salir a trabajar que estar trancado en la celda”, dice a Diario Las Américas un preso sancionado a quince años de privación de libertad por desfalco y enriquecimiento ilícito.
“A eso súmale los jejenes, apagones de doce horas diarias y el hacinamiento en un albergue originalmente diseñado para 40 reclusos, pernoctamos más de cien personas. La insalubridad es alarmante. Los guardias le dan a cada reo la mitad de un jabón de noventa gramos que tiene que durarnos tres meses. Hace tiempo no nos dan jabón de lavar ni pasta dental. Los familiares deben traernos el aseo en la visita. Por falta de higiene pululan los casos de sarna, enfermedades de la piel y hongos en los pies. Hay quienes se cortan las venas o intentan suicidarse para que lo lleven a la enfermería”, describe el recluso en una llamada telefónica.
“Los familiares pueden hacer muy poco. Ellos están iguales o peores que nosotros. Existen presos que están un poco mejor porque hacen dinero lucrando con los minutos de las llamadas telefónicas, vendiendo cigarros o alquilando revistas pornográficas que les hacen llegar parientes del exterior. Pero son los menos. Casi todos los presos parecemos zombis”, confiesa el recluso.
La rigurosa crisis económica que vive el país impacta con fuerza en las prisiones de la Cuba profunda. De acuerdo a estadísticas independientes, en la Isla existen más de 200 cárceles y su población penal ronda los 60 mil reclusos. La segunda mayor en porcientos, solo detrás de China.
Entre la escasez de alimentos, medicamentos, aseo y la corrupción de los guardias del penal, que según denuncian de reclusos se roban una parte importante del avituallamiento que debieran recibir, convierten a las cárceles cubanas en auténticos antros.
Fuera de la prisión no se está mucho mejor. Pregúntenle a Darío, 56 años, empleado bancario. Su salario de 4 mil pesos mensuales apenas alcanza para pagar las facturas de electricidad, agua, teléfono y gas de la calle.
“Con los dos mil y pico de pesos que me quedan solo puedo pagar los mandados de la bodega y, si acaso adquirir unas libras de viandas. El salario de mi mujer se evapora en comprar cualquier bazofia que nos llene el estómago. La única proteína es el pollo de la libreta o cuando viene al mercado de la zona. Antes comprábamos un paquete de diez libras de pollo y un cartón de huevos. Pero ahora un cartón de 30 huevos cuesta 3 mil pesos y un paquete de pollo, de 3 mil a 3,500 pesos. Es terrible lo que estamos viviendo”, subraya Darío.
El tema del déficit de alimentos es recurrente en Cuba. A cualquier hora y en cualquier sitio la gente habla del desabastecimiento generalizado y el caótico funcionamiento de los servicios básicos. En La Habana sus pobladores son ‘privilegiados’. Sufren apagones de tres a seis horas una vez por semana en horarios diurnos. Y en aquellos municipios colindantes con zonas turísticas o aledaños a las mansiones donde a todo trapo vive la aristocracia verde olivo, excepcionalmente se producen cortes de electricidad.
Pero en el resto de las provincias, los apagones fluctúan entre 12 y 14 horas diarias. Osviel, residente en Camajuaní, provincia de Villa Clara, a unos 300 kilómetros al este de La Habana, señala que “excepto en julio o agoto y en momentos puntuales que no han habido apagones extensos, desde hace dos años, el promedio es que te quiten la luz cinco o seis horas al día. Y cuando tienen varias termoeléctricas rotas o no tienen dinero para comprar combustible, que es casi siempre, entonces los apagones son de 14 y 15 horas diarias. La gente está extenuada por tanta escasez. Estamos al límite. Falta de todo y los servicios básicos no funcionan. No se ve solución a la vista. La pregunta que se hace todo el mundo es hasta cuándo va aguantar al pueblo tanta miseria para mantener en el poder a esa casta de barrigones y sinvergüenzas”.
Desde Pinar del Río hasta Guantánamo, la ciudadanía se queja del pésimo desempeño del gobierno. Lilian, maestra jubilada, piensa que las autoridades debieran “dejarse de ciencia ficción y hablarle claro al pueblo, decirle que estamos quebrados. Y pedirle auxilio a la ONU y otras instituciones internacionales. Si no recibimos ayuda con urgencia, el país se hunde. Estamos a un paso de una hambruna masiva”.
Según el VI Informe sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba, considerando los ingresos totales del hogar, el 88% de nuestros compatriotas viven en situación de extrema pobreza y el 62% dijo tener problemas para comprar lo más esencial para sobrevivir. En esa encuesta un 78% declaró que, por falta de dinero o por la escasez, se había saltado una comida diaria; solamente el 5% había conseguido medicinas en las farmacias y el 15% ingirió medicamentos vencidos.
Los que pueden huyen de la miseria a como dé lugar. En los últimos dos años alrededor de medio millón de cubanos han emigrado del país. Y al menos tres o cuatro millones de personas, prácticamente la mitad de la población, si tuvieran recursos y opciones, se plantearían marcharse de la Isla.
“Esa emigración masiva es un drama que el gobierno no quiere o no le importa analizar a profundidad. Se marcha un porcentaje importante de las personas económicamente activas, la mayor parte jóvenes. Cuba se está vaciando. Y el régimen, en su terquedad por mantener el poder, mira para otro lado”, explica Carlos, sociólogo.
Josué aspira a emigrar a Estados Unidos antes de que finalice el año. En su opinión, “es tan mala la gestión del gobierno que nos obliga a marcharnos. No se puede vivir toda una vida haciendo colas y rodeados de problemas que nunca se resuelven. Un día no hay agua, otro no hay luz, no funciona el transporte público, los salarios son una mesada simbólica, la educación y salud son un desastre, vivimos en nuestros barrios rodeados de basura, mosquitos y roedores. Parece que ellos (los gobernantes) lo que quieren es expulsarnos del país”.
A falta de democracia, los cubanos han elegido votar con los pies.
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