ver más
FAMILIAS DESESPERADAS

Sirios refugiados en Uruguay quieren irse

Llegaron a Montevideo por decisión del entonces presidente José Mujica, ahora insisten en marcharse. Aseguran que ese país es muy caro  y que  las ayudas que reciben no les aseguran un futuro digno

MONTEVIDEO.-DINO CAPPELLI
Especial

La respuesta es no. Así de contundente se expresó el Gobierno uruguayo ante el pedido de unas 70 personas de nacionalidad siria para abandonar el territorio, luego de que el asilo dado por este país cumpliera poco más de 10 meses. Aquella idea del expresidente José Mujica de brindar asilo a familias refugiadas sirias, que huían del terror de la guerra civil, no ha tenido su mejor desarrollo a juzgar por el petitorio hecho público por las cinco familias.

LEA TAMBIÉN: Argentina construye muro en la triple frontera que limita acceso desde Paraguay

“Nos queremos ir de Uruguay, no soportamos el alto costo de vida, la inseguridad”, dice uno de tantos sirios que por estos días acampan en la Plaza Independencia de Montevideo, al frente de la Torre Ejecutiva, sede de la Presidencia.

Mientras el Gobierno de Tabaré Vázquez se compromete a seguir trabajando en la situación de cada refugiado sirio en Uruguay, las familias prometen endurecer las medidas de protesta, esas que por ahora les han llevado a pasar días y noches en pleno centro de Montevideo, aguardando que el gobierno les devuelva al punto de origen.

El no rotundo

Tras recibir a delegados de familias sirias refugiadas, el prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, reiteró el compromiso del Gobierno de “seguir trabajando en la situación” de cada una de ellas. Los exhortó a volver a sus viviendas, a la vez que pidió a los uruguayos comprensión ante la problemática de estas personas.

Precisamente los uruguayos que discurren cada día por el punto más céntrico de la ciudad, no logran entender la situación. Mientras las noticias acercan imágenes de cientos de miles de refugiados que huyen de Siria, en la tranquilidad de Uruguay hay 70 personas –muchos niños, adolescentes, hombres y mujeres- que quieren abandonar la paz del país sudamericano.

“Nos queremos ir, no soportamos más estar acá. No es vida, no es justo, no está bien”, manifestó Merhi Alshebli a DIARIO LAS AMÉRICAS. Este sirio de 50 años de edad es padre de familia. Tiene 14 hijos y una esposa que le acompaña en cada uno de sus movimientos, inclusive cuando se toma unos minutos para alejarse de las discusiones y se sienta al diálogo que otros niegan

“No foto, no foto, no somos animales de circo. Vinimos buscando un mejor lugar donde vivir, pero Uruguay es caro, muy caro, no se puede vivir. Zapatos 1000 pesos (unos 35 dólares), camisa mil pesos, ropa mil pesos, no se puede vivir”, dijo en su idioma, traducido por su hijo Omar, de 13 años.

Reuniones y medidas de lucha

La protesta de los sirios, exigiendo volver a sus territorios, comenzó el martes pasado. Bajo un tibio sol, carpas y mochilas, frazadas y valijas se alinearon en desprolijo orden en uno de los canteros de la Plaza Independencia. Alrededor, decenas de niños de todas las edades. Más allá, las mujeres fumando al sol, en silencio. Más acá, los hombres que solicitan una entrevista al presidente de la República. Quieren irse de Uruguay, el país que les brindó asilo, educación, inclusión laboral y vivienda. Luego el Gobierno pidió 48 horas para pensar la respuesta, que se intuía negativa.

LEA TAMBIÉN: 

El miércoles, la presidencia accedió a la reunión con la representación de las familias sirias refugiadas en Uruguay. “Se le reiteró el compromiso del Gobierno de Tabaré Vázquez de seguir con el programa de atención previsto en el acuerdo que posibilitó su llegada al país con los auspicios de la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Roballo destacó el trabajo que realiza la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República y los técnicos del programa de acogida de las familia sirias”.

El texto oficial no da cuenta de las lágrimas y los momentos de tensión que se vivieron en el edificio gubernamental y minutos más tarde en la plaza, a pocos metros del Río de la Plata.

“Acá es difícil como la guerra, no poder vivir. Mi familia depende de mí, quiero trabajar y vivir tranquilo”, dijo Maher, uno de los sirios jefe de familia. Llegó a Uruguay y fue alojado en Piriápolis, 100 kilómetros al este de la capital. Desde allí entiende que no gana lo suficiente para mantener dignamente a su gente.

Los transeúntes les acercan comida, bebidas, abrigos, dinero. Ellos agradecen todo gesto de ayuda, pero quieren retornar. “Alemania, Turquía, Siria, me quiero ir para cualquier lugar”, agrega uno de los hombres que se muestra más taciturno.

En las oficinas del Gobierno, la Secretaría de Derechos Humanos recuerda que los refugiados en general y los que arribaron a Uruguay, en particular, “viven una situación humanitaria extrema y dolorosa de ruptura forzada de sus vidas. Es normal que en este contexto, la inquietud, el malestar y la angustia surjan. En tal sentido, se pide a la población la comprensión de la situación de estas personas”.

A los refugiados que pretenden llegar a otros territorios se les explicó que viajar no depende de la voluntad del Gobierno uruguayo, sino de las políticas migratorias de terceros países.

Se les exhortó a volver a sus hogares resaltando –en particular- su preocupación por la presencia de niños y niñas en la Plaza Independencia.

La desesperación por abandonar el suelo uruguayo es tal que una familia tomó un vuelo hacia Turquía. Apenas arribó a Estambul, se le conminó a abandonar el territorio. Así, se produjo el rápido retorno al punto de partida.

Alshebli habla sin rodeos. “Juan Lacaze lindo, pero caro. No puedo mantener a mis hijos, no es vida. Quiero irme. Nadie nos dijo que Uruguay era tan caro. Quiero ir a Europa, Turquía, Líbano, Siria, a cualquier lado”. A sus 50 años está empezando cada día, y pretende establecerse en un lugar que le permita criar a sus 14 hijos, lejos del poblado Juan Lacaze, al sur de Uruguay.

A todo esto, las medidas de lucha prometen endurecerse. Se habla de cortar la calle, de seguir durmiendo a la intemperie en una Montevideo que está siendo atravesada por una ola de frío polar. Bajo ese manto, de frío y de incertidumbre, duermen en la plaza unas 70 personas sirias.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar