MIAMI.- Glenda del Monte dejó su Cuba natal siendo adolescente por decisión de sus padres cuando obtuvo una beca para estudiar música en Canadá. Pero la pianista recuerda a la isla como ese lugar del cual no logra desprenderse.
Glenda del Monte: "Cuba es amor y dolor"
La pianista y cantautora reflexiona sobre las emociones que le despierta su isla natal, donde asegura son necesarios el respeto y la libertad de pensamiento
“Cuba es ese lugar del que uno nunca se desconecta del todo. Y cuando pienso en Cuba, las dos palabras que vienen a la mente son amor y dolor. Un amor porque de ahí viene uno y por todo lo que representa la patria para uno. Y dolor porque, precisamente, uno añora que muchas cosas fueran diferentes”, dijo Glenda del Monte en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.
“Sobre todo, que los hermanos cubanos que están allá puedan ser libres de pensamiento, de acción, de poder decidir muchas cosas que no les permiten decidir, porque no tienen esas herramientas o facilidades. En cuanto a las nuevas bases, yo diría que sería el respeto, sobre todo, el respeto de los que mandan hacia el pueblo. Y del pueblo hacia ellos mismos, para que puedan ser libres”, agregó al contestar sobre cuáles deberían ser las bases si en Cuba fuera posible construir una nueva república, como la que existió durante 57 años, antes de que el régimen castrista se instalara en La Habana en 1959.
Del Monte destacó la resiliencia como característica del cubano, que lo hace adaptarse a cualquier lugar adonde llegue y echar raíces lejos de su tierra, aunque no logre olvidarla.
“Yo creo que puedo vivir en cualquier lugar del mundo, porque ya después que me fui de mi país, da igual, puedo adaptarme a cualquier lugar. Y nunca vas a encontrar lo mismo, pero eso es lo que tiene la adaptación, es echar pa’lante, como decimos en buen cubano”, expresó.
La pianista, que creció en el seno de una familia musical, recordó cómo se fue contagiando de esa energía.
“Siempre iba a una actividad o un ensayo con mi mamá o mi papá, pero cuando ellos formaron una banda juntos, ensayaban casi todos los días en casa de mi abuelo. Y recuerdo que mi primo y yo estudiábamos en el mismo conservatorio. Cuando nos recogían, sabíamos que, llegando a la casa de mi abuela, estaba el ensayo. Entonces era una fiesta, porque los músicos eran jóvenes. Y los que no eran jóvenes, eran muy divertidos también. Así me empiezan a inyectar un poco el 'veneno' de la música popular”, contó.
“Los tecladistas me mostraban los acordes. La manera de escribir música popular es diferente a cómo se escribe en la clásica. Esa parte era muy divertida. Era como un juego después de la escuela. Estaba aprendiendo, pero desde otro ángulo”.
Para Del Monte, si hay algo que comparten los músicos es la sensibilidad y la pasión por lo que hacen, aunque es una profesión que requiere de perseverancia y voluntad.
“Mucha gente cree que no es una carrera real y te tratan de descarrilar de ese camino, porque no lo ven como un trabajo sostenible en el tiempo. Entonces no es algo que uno empieza a hacer pensando que va a ser millonario o que va a vivir de esto, sino porque le gusta y es una pasión. Así que yo diría que los músicos tienen en común la sensibilidad y la pasión”, expuso.
“Me gustaban casi todos los instrumentos. Luego varios músicos, amigos de mis padres, me dijeron que el piano era el único instrumento que no había que cargar. Y realmente fue por eso. Me gustaba, pero yo me colaba en la clase de chelo o de flauta. Y le decía al profesor que cuándo me iba a dar clase de flauta. Pero el piano ha sido mi compañero siempre”, agregó al explicar por qué se hizo pianista.
La cantautora y arreglista, conocida artísticamente como Glenda del E, fue nominada al Latin Grammy por su álbum Ella (2022), que grabó con la violinista venezolana Daniela Padrón.
Por los días que concedió esta entrevista, barajeaba varios proyectos, entre ellos, preparaba su cuarto disco, una serie de conciertos con su banda, y se alistaba para integrar la gira de Alejandro Sanz.
“Siempre estoy un poco inquieta tratando de, además de ser parte de alguna banda, hacer alguna gira con mi proyecto o intentando hacer grabaciones en casa. Siempre ando preparando ideas para proyectos nuevos, tanto como cantautora o como pianista. Ahora estoy preparando un álbum y unos conciertos para el verano con mi propio proyecto. Me encanta armar una fiesta muy grande, ya sea en concierto o en el disco”, dijo.
Sobre cómo fue su adaptación al llegar a Toronto siendo adolescente y cómo esa experiencia enriqueció su bagaje cultural, comentó:
“Tenía amigos y compañeros de clases de la India, de Turquía, de México, de Colombia. Entonces, había momentos en que compartíamos la música también. Y ellos me mostraban cosas de su cultura. Y yo les mostraba cosas de la mía. Y eso siempre me ha llamado mucho la atención, cómo cada cultura tiene esa riqueza musical’, recordó.
“La parte multicultural me motivó para muchas cosas, pero también al principio fue un choque, porque yo venía de un conservatorio en Cuba desde los siete años. Y de pronto me faltaba esa parte que estábamos todos estudiando música, que los fines de semana siempre había una fiesta. Y en Canadá todo es diferente, cada uno en su sitio. Estaba la barrera del idioma, pero aprendíamos mucho y me fue gustando. Tenía 15 años, y tenía la dicha de tener a mis padres ahí. Entonces, esa parte de las raíces estaba en la casa, aunque estaba en un país totalmente diferente”.
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