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CELEBRACIÓN

El 20 de mayo debe ser nuestra gran fecha

El escritor y analista político Armando de Armas asegura que ese día se materializó el sueño de José Martí

LUIS LEONEL LEÓN
@luisleonelleon

Armando de Armas, además de escritor, politólogo y analista político, es un cubanólogo empedernido. Su exilio lo alejó de Cuba, pero Cuba siempre está en sus pensamientos. Sus novelas La tabla y Caballeros en el Tiempo, y sus ensayos Mitos del antiexilio, y Los naipes en el espejo, también su activismo, así lo confirman.

“Al 20 de mayo de 1902 se arriba tras treinta años de guerra por la independencia, un fuerte cabildeo, para usar un término del presente, de los cubanos ante las autoridades norteamericanas, y una propaganda de los medios de prensa estadounidenses que precipitó la intervención de EEUU en 1898, tras la explosión del Maine, dando pie a la Guerra hispano-estadounidense. Estamos así ante la primera guerra de la historia desencadenada por la prensa y, me atrevería a decir, ante la primera manifestación de lo que después se conoció como la posmodernidad. Estrada Palma viene desde la Guerra de los 10 años, fue presidente de la República en Armas, del 29 de marzo de 1876 al 19 de octubre de 1877, y luego de la firma del Pacto del Zanjón y el posterior fin de las hostilidades, fue uno de los organizadores, junto a José Martí, del movimiento de emigrados cubanos en los Estados Unidos y de la organización del Partido Revolucionario Cubano. Hombre de confianza de Martí, tras la muerte del apóstol el 19 de mayo en los inicios de la Guerra de 1895, don Tomás asume el mando del Partido y tuvo a su cargo la organización de los envíos de avituallamientos y armas a las tropas insurrectas en la isla”.

Para De Armas lo que pasó después fue un mal manejo del país.

“No estábamos preparados para gobernarnos, como los hechos posteriores demostraron hasta la saciedad. Lo ideal para Cuba hubiese sido un régimen autonómico, que las guerras por la independencia fueron en alguna medida guerras civiles, que nunca hubo más 3.000 hombres sobre las armas en esas contiendas, por lo que no era en verdad, un anhelo popular sino un anhelo de las elites criollas imbuidas del ideal iluminista emanado de la Revolución francesa. Pasó también que esas elites fueron liquidadas en la primera guerra, 1868-1878, y que en la segunda (entre la una y la otra no dejó de haber hombres sobre las armas, aunque fueran bandoleros como Matagás y Manuel García que finalmente murieron como oficiales del Ejército Libertador). Gracias al ideario martiano, prevaleció junto a lo independentista una visión acentuadamente social del conflicto y, en consecuencia, populista del devenir nacional que marcaría la República que nace el 20 de mayo de 1902, tras dos años de ocupación norteamericana. Paradójicamente, la modernidad nos mata”.

“Dar acceso al voto a grandes masas de analfabetos, desposeídos y exesclavos no ayudó mucho a la estabilidad de la República que surge más como democracia social que como régimen constitucionalista que velara efectivamente, no por las mayorías como erróneamente se asume, sino por las minorías. Tenemos que una gran parte de la masa electoral saltó en el tiempo, barco negrero y Atlántico mediante, de los estadios tribales, sin sentido de la propiedad, a una sociedad supramoderna, regida por la propiedad, de lo pologámico a lo monogámico, del politeísmo, y el polidemonismo en muchos casos, al monoteísmo. El catolicismo y el imperio español supieron acomodar mucho mejor, dado que ambos eran sistemas tradicionalistas, tan jerárquicos como los sistemas subsaharianos, con la fragmentación y la ruptura psicoreligioso social que significó para aquellos individuos la migración forzada, brutal, de un mundo al otro, de un tiempo mítico a un tiempo histórico; de la ancestralidad a la modernidad. La República que nace en 1902 es mayormente masónica, laica y, en algunos casos atea, hija degenerada del iluminismo y la razón. Imbuida del romanticismo revolucionario que la muy desconocida Constitución de 1901 logró mantener, a trancas y barrancas, convenientemente refrenado”.

Para De Armas el 20 de mayo debe ser nuestra gran fecha.

“Dado el devenir de los acontecimientos, ya no había otra opción que la independencia por la que habían peleado, muerto y matado una parte de la población cubana y porque, para colmo de fortuna, la República que nace el 20 de mayo de 1902, nace bajo el ala protectora del águila imperial norteamericana. Esa fecha, contrario a lo que se ha dicho, es la realización del sueño de Martí, aunque, ya sabemos, los sueños no suelen ser la realidad, sino su anticipación aproximada”.

Según De Armas, la República como seudorepública es una manera pedestre de denigrar el pasado, de crear la falacia de que todo empieza con Fidel Castro cuando, en verdad, sería al revés, todo termina con Fidel Castro y el nuevo poder inaugurado en 1959.

“Lo cierto es que, a pesar de la Enmienda Platt, no estábamos más supeditados a EE.UU que lo que ahora mismo están Canadá y el resto de las naciones del  Commonwealth a Gran Bretaña, cuyos habitantes son y se consideran sin complejos, y a mucha honra, súbditos de la Corona inglesa. Pero, parece que eso era mucho para el exaltado y patriótico corazoncito de los cubanos que patalearon y patalearon hasta que, ay, se la quitaron. Ese sentimiento infantiloide es el que aprovecha el aparato de propaganda antimperialista para definir impunemente a la República como seudorepública.

Por no hablar que Castro sí estuvo supeditado a los soviéticos, convirtiendo la isla en un satélite de la antigua URSS, mandando a los cubanos como carne de cañón a participar en las guerras internacionalistas del África y otros lares al servicio del imperio ruso.

Cuando los norteamericanos intervienen en la guerra en 1898 la economía cubana, la agricultura, la ganadería, la industria, las propiedades, estaban arruinadas, la población diezmada, por la ferocidad del conflicto, acuérdate de la estrategia de la tea incendiaria ejecutada por el generalísimo Máximo Gómez, política de tierra arrasada, escasas regiones escaparon a eso, entre ellas Cienfuegos, el resto de los campos de Cuba era un páramo de desolación, mi abuela materna María Quintana, que estuvo de niña entre los reconcentrados, me contaba que almorzarse una rata en aquellos tiempos era un lujo. Pero, la administración militar del norteamericano Leonardo Wood, en el breve período de tiempo que va de 1899 a 1902, dejó instalado en la isla un eficaz sistema de educación pública; construyó una amplia red de ferrocarriles, carreteras y puentes, hizo mejoras en los puertos, edificó faros, modernizó la ciudad de La Habana y estableció planes para su alcantarillado y pavimentación; además de reorganizar el obsoleto sistema carcelario, formar una Guardia Rural profesional compuesta fundamentalmente de ex oficiales y soldados del Ejército Libertador, y estructurar una salud pública capaz de desarrollar una gigantesca campaña sanitaria en la que participaron los más prestigiosos epidemiólogos cubanos de la época como los doctores Carlos J. Finlay y Juan Guiteras Gener, entre otros,  que dio lugar a la supresión del azote de la fiebre amarilla. No se explican de otra manera los extraordinarios índices de desarrollo que ya exhibía la isla en fecha tan temprana como 1910; recién salida de una guerra devastadora en vidas y haciendas.  Por no hablar de la influencia en el terreno de las ideas políticas y las relaciones comerciales que eran  más importantes y fluidas con Estados Unidos que con España; al menos desde la segunda mitad del Siglo XIX y hasta un punto en que mucho antes del año 1898, según el historiador Manuel Moreno Fraginals, el 90 por ciento de las transacciones comerciales isleñas se hacían con la vecina nación del norte”.

De Armas suele recordar una foto del parque José Martí de Cienfuegos en 1910, lleno de lujosos autos del año, aparcados a su alrededor.

Para el escritor, lo que menos que necesitaba Cuba en 1958 era una revolución.

“La tesis de la revolución traicionada es falsa. Castro ha sido el más eficaz y consecuente de nuestros revolucionarios, lo que ha logrado en Cuba es una auténtica revolución, si usted piensa que las revoluciones son buenas, ya es otra cosa, pero todas traen esa innombrable cuota de dolor y muerte, todas traen más problemas que los que pretenden resolver, empezando por la madre de todas las revoluciones, la francesa. Excepto, claro, la Revolución norteamericana de 1775, que no sería en puridad una revolución. En Cuba pasaba que había problemas políticos, que no eran nuevos, que venían del 33, y aún antes, pero esa Cuba, la de Batista, es la de la glamurosa Habana que muestra el cine y la novelística de Guillermo Cabrera Infante, quien era, cómo no, radicalmente antibatistiano. Batista se iba mediante la solución electoral, seguramente amañada, pero solución al fin, del electo Andrés Rivero Agüero en noviembre de 1958”.

Los Castro han sembrado en varias generaciones la idea de que antes de su revolución en Cuba había una democracia solo de nombre. A 114 años del comienzo de la República, aún hay millones que creen en esta falacia, pues ha sido la única historia que conocen.

“Aún con interrupciones al ritmo democrático, golpes de Estado y revueltas, en Cuba hubo democracia antes de 1959. Democracia no ha de ser otra cosa que un medio para arribar a un fin, el fin de la libertad. Puede haber democracia sin libertad, y determinadas dictaduras donde hay más libertad que en determinadas democracias. Así, en la Cuba bajo Batista tras el golpe de Estado de 1952, sin dudas una dictadura, había gran libertad, más que en muchas democracias latinoamericanas del presente, se era más libre bajo Batista en Cuba que bajo Chávez o Maduro en la Venezuela del presente, a pesar de que allí padecen, desde los tiempos del fallecido Chávez, el síndrome de las elecciones perennes”.

“La revolución castrista se hizo más en la revista Bohemia que en la Sierra Maestra. La democracia si no cuenta con frenos a las mayorías, degenera en demagogia, y la demagogia degenera en dictadura. Luego, la manera mejor de mantener la libertad es con una democracia dentro de un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley y la igualdad ante la ley, como manera de frenar los posibles abusos de las personas que tienen mayor poder, del Gobierno y de las mayorías, con el objeto de proteger los derechos fundamentales y las libertades civiles de los ciudadanos, lo que se conoce como República constitucionalista, en fin, el caso de EE.UU, al menos hasta ahora, aunque eso pudiera estar cambiando”.

“En la República anterior a 1959 no hubo siempre democracia pero hubo siempre, con altibajos, libertad. En la Cuba posterior a 1959 ha habido una simulación de democracia (democracia participativa le llaman, como la hubo en la República Democrática Alemana) pero nunca ha habido libertad. La Cuba actual es un desastre y, lo peor, un desastre que se banaliza y se pone de moda”. 

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