MIAMI.-REDACCIÓN
Entre aplausos y críticas, Cuba y EEUU se preparan para la apertura de embajadas
A pesar de todos los percances y denuncias, Castro exigió un solo detalle para la apertura de las embajdas: “Si Cuba sale de la lista negra se nombrarán los embajadores”, dijo el mandatario. Y así fue
Las agitadas relaciones entre Estados Unidos y Cuba dieron un cambio histórico cuando el pasado 17 de diciembre, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron al mundo el arranque de un histórico proceso hacia la normalización bilateral.
Luego de 56 años de una enemistad mirada de soslayo, emigraciones de la Isla a EEUU, impertinencias en Cuba contra los derechos humanos y el intento forzoso para sobrevivir, el panorama ha cambiado rotundamente.
Esta decisión dejó a muchos asombrados, empezando por la misma historia. La nueva realidad generó críticas y aplausos, y aún la balanza no termina de estabilizarse ante la serie de cambios que se avecinan.
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Poco a poco, el Gobierno de Raúl Castro hizo reformas sustanciales como aprobar el trabajo por cuenta propia, la compra venta de automóviles y casas, los viajes al extranjero de cualquier ciudadano y una nueva ley de inversión extranjera que autoriza las inversiones de los cubanoamericanos residentes en EEUU, prohibido por el embargo. Todo ello no ha influido del todo en el cese de la persecución y represión a los opositores que se mantienen en pie exigiendo sus derechos.
El próximo cambio que se avecina es la apertura de las embajadas de Cuba y Estados Unidos. A pesar de todos los percances y denuncias, Castro exigió un solo detalle para alcanzar ese objetivo: “Si Cuba sale de la lista negra se nombrarán los embajadores”, dijo el mandatario. Y así fue.
Las embajadas se quitaron el traje de promesa y están a punto de volverse un hecho. El viceministro de Relaciones Exteriores, Marcelino Medina González, recibió al jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana, Jeffrey DeLaurentis, quien le hizo llegar una carta del presidente de EEUU, Barack Obama, dirigida a Raúl Castro, según ha informado el ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
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En esta misiva se confirma la decisión de restablecer las relaciones entre ambos países a partir del 20 de julio. La reapertura de las embajadas también está prevista para esa fecha, según ha informado el ministerio de Relaciones Exteriores cubano en una nota oficial.
El proceso de deshielo entre ambas naciones no culmina con la apertura de las embajadas. El gobierno aclaró que aún faltan un serie de pasos que permitirían alcanzarlo: “No podrá haber relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias al pueblo cubano, es el obstáculo principal al desarrollo de nuestra economía, constituye una violación del Derecho Internacional y afecta los intereses de todos los países, incluyendo los de los Estados Unidos”.
El régimen agregó: “Para alcanzar la normalización será indispensable también que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba que son violatorias de las normas internacionales y lesivas a nuestra soberanía, se eliminen los programas dirigidos a promover la subversión y la desestabilización internas, y se compense al pueblo cubano por los daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos”.
Las reacciones no tardaron en llegar. La congresista republicana por Florida, Ileana Ros-Lehtinen, una de las más críticas sobre este tema, aseguró que la reapertura de embajadas "no brinda ningún beneficio al pueblo cubano y es sólo otro intento trivial del presidente Obama para conseguir un legado."
"No había duda que la Administración Obama buscaría cumplir su meta de abrir una embajada en Cuba, a pesar de la triste realidad en la isla", indicó Ros-Lehtinen, quien consideró un "fracaso" del departamento de Estado "no condenar el incremento de la represión" en la isla.
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