ver más
OPINIÓN

Expresidente de Costa Rica analiza situación venezolana

El exmandatario costarricense y exsecretario general de la OEA, Miguel Ángel Rodríguez, da su punto de vista de lo ocurrido en Venezuela luego de las elecciones del 6 de diciembre

En pocos días, el 5 de enero, será instalada en Venezuela la nueva Asamblea Nacional electa el pasado 6 de diciembre. Esa elección, que contó con una extraordinaria participación (74%) de los votantes, abre un difícil camino para la pacífica recuperación de la democracia y el bienestar.

El amplio triunfo de la oposición, que eligió dos tercios de este parlamento, cambió las reglas del juego que por 17 años imperaron en ese país.

Pero el poder chavista ha actuado de diversas maneras para reducir las competencias que constitucionalmente corresponden a la Asamblea Nacional,  e impedir que funcione la nueva integración de los órganos estatales.

Con posterioridad a las elecciones para integrar el nuevo parlamento se creó un parlamento comunal sin sustento constitucional, entregándole espacios físicos de la Asamblea Nacional que entrará en funciones,  y a la cual se trata de arrebatarle competencias.

Se nombró Defensora de los Habitantes a la jueza que, sin consideración al debido proceso, impuso una pena de casi 14 años de prisión -por política- a Leopoldo López.

Se corrió a nombrar y juramentar a 13 magistrados principales y 21 suplentes del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por un pretendido período de 12 años, para lo cual se aprobaron jubilaciones anticipadas de miembros anteriores.

Y para colmo de males se presentan 6 impugnaciones ante la Sala Electoral del TSJ -que estaba en receso- contra elección de diputados de la oposición. Quienes han tenido el control del proceso electoral con 4 de los 5 rectores de ente electoral; quienes han abusado del estado, sus recursos y la capacidad de crear miedo; quienes han monopolizado los medios de comunicación pretenden con sus impugnaciones y medidas cautelares impedir que la oposición tenga la mayoría calificada de la Asamblea Nacional.

Estas maniobras para conservar la concentración de poderes no democrática que ha regido en Venezuela, hace aún más difícil la cohabitación de poderes con visiones políticas diferentes que vivirá Venezuela a partir del 5 de enero.

Antes de esta elección, la concentración del poder y el populismo del “socialismo del siglo XXI” se caracterizó por tratar de representar de manera muy directa los intereses del “pueblo” en contraposición a la élite; por la retórica inflamatoria  y de apariencia moralista de su discurso confiscador de la propiedad privada; por un nacionalismo y un antimperialismo emotivos; por la falta de compromiso con la democracia representativa y el estado de derecho.

El ejercicio continuado de este tipo de poder llevó a una cada vez mayor violación de la libertad y los derechos humanos. Los medios de comunicación se incautaron para expresar la voluntad del caudillo pretende encarnar la consciencia popular. Los adversarios políticos se encarcelan o expatrian para que no obstaculicen al líder. Los poderes del estado dejaron equilibrar y limitar el poder y se sometieron a la voluntad del caudillo para fortalecer su imperio. Se impuso una intervención ilimitada de la actividad económica y un derroche de las rentas petroleras, que han conducido al desabasto y al incremento de la pobreza a contrapelo de haber disfrutado muy altos precios del petróleo.

La elección parlamentaria del 6 de diciembre cambia este estado de cosas. Hay ahora una Asamblea Nacional independiente con amplio respaldo popular, que defenderá sus competencias constitucionales.

Las circunstancias actuales de Venezuela demandan acciones de esa Asamblea Nacional en muchos importantes frentes: el desabastecimiento que amenaza con una posible emergencia humanitaria; la situación insostenible de los presos políticos; la ausencia de libertades públicas y el control estatal de los medios de comunicación; el atroz nivel de la criminalidad y la inseguridad ciudadana; el despilfarro de los ahora menguados recursos petroleros; el dominio por el Poder Ejecutivo de los otros Poderes estatales y de los organismos de control; la confusión entre el Estado y el partido chavista.

Para poder enfrentar con éxito estos muy graves problemas, el chavismo y la oposición democrática deberán actuar con mucho espíritu patriótico, paciencia y perseverancia,  y es esencial que la oposición mantenga la unidad de propósitos que la llevo al triunfo electoral el pasado 6 de diciembre. Claro que a este fin no contribuyen las acciones abusivas del gobierno chavista, posteriores a las elecciones parlamentarias.

En defensa de la democracia y los derechos humanos en Venezuela, y para facilitar a los venezolanos que puedan enfrentar con éxitos las graves circunstancias de falta de abastecimiento y elevadísima criminalidad, los organismos internacionales deben prestar la atención debida y ejercer el liderazgo moral que de ellos con razón se espera.

Los Expresidentes de América Latina y de España organizados alrededor de IDEA deberemos mantener nuestros esfuerzos para hacer consciencia ante la opinión pública internacional, y para impedir que -con acciones antidemocráticas y contrarias a su régimen constitucional- el gobierno de Venezuela impida  el ejercicio de las competencias de la Asamblea Nacional democrática y contundentemente electa por el pueblo venezolano.

Los verdaderos demócratas debemos serlo en todas partes.

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar