MIAMI.-LUIS LEONEL LEÓN
@luisleonelleon

“Que estemos aquí es un mensaje de cómo está Cuba. De eso en lo que nos han convertido. No puedo hablar por todos los policías. Pero sí te digo que muchos no están de acuerdo con el Gobierno y ahora mismo quisieran haber hecho lo mismo que nosotros”.

Hareton Jaime Rodríguez Sariol, excapitán de la Policía Nacional Revolucionaria cubana que arribó el lunes 5 de abril a las costas de la Florida ataviado con su uniforme, en una rudimentaria embarcación, junto a otros casi 30 balseros, es el vivo ejemplo.

Durante décadas, la llegada de cubanos a suelo estadounidense por vía marítima se ha convertido en noticia, por los medios utilizados y por las incontables historias de un éxodo que además de impulsar a miles en busca de libertad también ha cobrado la vida de muchos, que han quedado sepultados juntos a sus sueños, en el Estrecho de la Florida.

Pero el más extravagante de los desembarcos vividos recientemente, lo constituye éste, calificado como una historia símbolo de la degeneración y falsedad de una sociedad o un cuento que algunos no acaban de asimilar.

Según el testimonio de los dos policías balseros que viajaron uniformados, ellos “no se conocían”.

Operaban en el mismo barrio habanero, se habían visto “pero no eran amigos ni sabían que harían el viaje juntos”, dijeron en entrevista a DIARIO LAS AMÉRICAS.  

“El organizador nunca nos dijo quiénes eran los del grupo, como es lógico, por seguridad, cuidando que no se corriera la voz y nos agarraran en el intento”, comentó el exoficial más joven, Michel Herrera Cala.

Sin embargo, Héctor Joel Carrera, que viajó en la misma embarcación desde la Habana, declaró vía telefónica a la publicación digital 14yMedio, que “los uniformados  colaboraron junto al resto de los migrantes en la construcción de la embarcación” y que al oficial de mayor rango lo apodaban “el capitán”, por los grados que obtuvo durante 28 años de servicio como policía.

A partir de las declaraciones de Carrera a 14yMedio, la travesía la iniciaron desde la playa Guanabo, la madrugada del sábado 2 de abril, desde la costa norte habanera, después de haber fracasado tres intentos anteriores.

Una pregunta que muchos se hacen es por qué los oficiales se bajaron de la embarcación en Florida vestidos con el uniforme de un cuerpo militar represivo, odiado por la mayoría de los cubanos exiliados.

“Es muy sencillo”, simplificó en su respuesta Rodríguez Sariol.

“¿Quién mejor que un policía para cuidar que el camión donde transportábamos la balsa llegara sin problemas al lugar de la salida? Los dos íbamos vestidos de uniforme y si alguien nos paraba (cosa que al vernos era casi imposible), le decíamos que era una mudanza y listo. Era un plan bien pensado”, y añadió, “no traíamos más ropa que nuestros uniformes”.

A pesar de haber pertenecido al cuerpo armado de una dictadura, el más joven de los policías desertores asegura que no vio peligro en llegar a Miami de uniforme. “Tampoco ahora lo creo. De hecho así llegamos y no nos pasó nada. Nunca cogí otra ropa porque eso fue lo acordado. Tenía que ir vestido con mi uniforme, que era lo que necesitaba el grupo”, añadió.

“La misión era esa, garantizar que la embarcación llegara al mar sin problemas. Y lo logramos. No tengo por qué esconder lo que fui en Cuba ni nada de mi pasado. Hay un dicho en Cuba que dice que el que no la debe no la teme. Y yo digo lo mismo. Nunca he hecho nada malo a nadie. Por eso no pueden cogerla conmigo porque simplemente haya sido policía. Hay gente que ha hecho mal y han sido otras cosas”, acotó Rodríguez Sariol.

Natural de Holguín, el excapitán creció en Granma, provincias pertenecientes a la región oriental del país, seriamente afectada con el deterioro económico y la ineficiencia del sistema, y de donde procede una buena parte de quienes se incorporan a las filas de la Policía, esperanzados en obtener los beneficios de servir al régimen. El oficial dijo que por varios años trabajó en la Dirección Nacional de Transporte de la Policía, en La Habana, a donde  tras su partida quedaron su esposa y dos hijos.

Entre los argumentos expuestos para su huida de Cuba, el excapitán mencionó que “llevaba tiempo siendo mal visto” por sus jefes. “Hace tiempo estaba cansado y llegó el momento que decidí irme y hacer una vida nueva”.

Herrera Cala, de 30 años, también natural de Holguín, antes de ser policía, trabajó como chofer en una fábrica de níquel. “No tenía vida. Por eso tuve que irme. Me fui a La Habana y trabajando como policía, logré tener una familia”, dijo el joven que alcanzó el grado de segundo suboficial y trabajó 4 años y medio en una unidad policial de La Habana Vieja.

Niegan haber reprimido

“Mi área era el Boulevard de Obispo, por el Parque Central. Básicamente mi tarea era mantener el orden en esta zona donde hay mucho turismo. La verdad, ahí casi nunca pasaba nada complicado”, dijo el exoficial que dejó en La Habana a su esposa y tres hijas.

A partir del testimonio de ambos, desde que trascendió la noticia de la deserción, sus familias han recibido llamadas de las autoridades cubanas para interrogarlos.

“Más que reprimidos prefiero decir que han sido acosados”, precisó Rodríguez Sariol, notablemente preocupado por su mujer e hijos.

“El único responsable de lo que hice soy yo. Si tienen algo en mi contra, que hagan lo que quieran, pero que no los toquen a ellos”, reclamó.

Herrera Cala planeó huir con toda su familia, pero la enfermedad de una de sus hijas  se lo impidió y “el viaje no podía esperar”.

“Cuando llegamos, sentí alegría. Ya no había peligro, todos con vida y no nos atraparon. Si eso llega a suceder, el capitán y yo hubiésemos ido presos. Cualquier cosa podría haber pasado si nos cogen. Pero valió la pena el riesgo. Ya estamos aquí.”

Para Rodríguez Sariol, la primera sensación tras la llegada fue “de libertad”.

“Por eso realmente me fui. Claro que llevaba muchos años pensando diferente, pero qué podía hacer”.

Tanto Herrera Cala como Rodríguez Sariol niegan haber participado en la represión de opositores y dicen tener escasa información sobre los grupos de la disidencia interna.

No saben de la disidencia

“Sé que existen. Pero le repito que nunca los golpeé. Nunca trabajé como un policía en la calle”, dijo el excapitán que admitió “cuando te dicen que lo hagas, [reprimir a un disidente] es una orden militar, pero siendo sincero, no sé si yo lo hubiera hecho”.

Herrera Cala admitió haber visto videos sobre la represión del régimen contra los disidentes. Describió que los videos de esos actos la gente los graba en sus teléfonos.

 “Uno los ve, claro que los policías también los vemos, nos los enseñan, incluso otros policías, más que nada la gente del barrio. Pero en mi zona de trabajo todo el mundo me quería. Te lo aseguro. La gente de La Habana Vieja donde yo trabajaba sabe que jamás hice nada malo contra ellos”.

“En Cuba como en todas partes hay policías buenos y policías malos. Yo, aunque la recomendación viene de muy cerca, creo que fui un policía bueno. Me hice policía por la integración de mi familia con la revolución, todo el mundo creció acorde al sistema, así me criaron y por eso escogí esa carrera. Luego con el tiempo uno va viendo más cosas y pensando por uno mismo. Pero es un proceso muy complicado”, agregó el excapitán.

“Puedo decir que efectivamente hay policías que han hecho mucho mal, pero no puedo pedir perdón por cosas que no hice”, añadió.

Lo que ganan

El salario promedio de un policía en Cuba oscila en los 850 pesos mensuales (equivalente a  35 dólares). Aproximadamente el doble de lo que gana la media de los trabajadores. Sin embargo, teniendo en cuenta la existencia de una dualidad monetaria y la devaluación del peso cubano,  los oficiales aseguran que “ni ganando miles alcanza”.

A pesar de que el adoctrinamiento ideológico en Cuba privó a las generaciones nacidas después de 1959 de tener una formación sustentada en la fe, la acogida brindada por la iglesia al grupo de balseros en el que viajaron los dos expolicías provocó que Herrera Cala le diera “gracias a Dios por haber llegado a Estados Unidos”.

Rodríguez Sariol prefirió agradecerle al presidente Obama, “porque éste es su país. Además de que él le habló muy bien al pueblo cubano [durante su reciente viaje a La Habana]. Dijo lo que casi todo el mundo tiene miedo decir”.

Ambos aspiran a trabajar muy duro para ayudar a sus familias y algún día poder sacarlos de Cuba.

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