MIAMI.- Para construir la segunda fase de la modernización del tramo histórico de la calle Flagler, que va desde North Miami Avenue hasta Biscayne Boulevard, el contratista ha durado más de un año en finalizarla. Dicha fase empezó en enero de 2016, y a la fecha aún no la ha terminado.

Hay que tener en cuenta que el proyecto consta de 13 fases. Una fase comprende una intersección más la mitad de la cuadra que le sigue. La extensión total de la obra es de apenas media milla.

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El valor del proyecto es de 13 millones de dólares (seis millones los puso la ciudad de Miami, los otros seis millones los dio el Condado Miami-Dade y el millón restante salió del bolsillo de los propietarios de negocios de la emblemática calle) y la ciudad aún está evaluando los posibles sobrecostos en los que se habría podido incurrir por los retrasos.

Se suponía que la construcción de cada fase se demoraría entre 40 y 90 días, como máximo, si se presentaban dificultades imprevistas. Los comerciantes de la zona se han visto afectados de manera significativa. Es el caso, por ejemplo, de La Loggia, un restaurante de comida italiana localizado en el área de la obra. “Nadie quiere consumir en la terraza. Hay polvo y la vista de la construcción no es agradable. Tampoco entran muchos al salón como antes. La gente prefiere ir a otro lugar donde pueda llegar con comodidad”, comentó Mario, uno de los empleados del sitio.

“Estoy esperando el análisis que hará responsable al contratista por algunos de los daños que se han producido en el área. Somos conscientes de que cada vez que hay un contrato como estos, incluso si está ceñido al cronograma de trabajo, existe una perturbación para los negocios locales”, explicó en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS Ken Russell, comisionado del distrito 2 de la Ciudad de Miami y presidente de la Autoridad de Desarrollo del Downtown (DDA, por sus siglas en inglés).

El contratista

La pregunta que siempre surge cuando se presentan estos problemas es si se hubieran podido evitar, o por lo menos detectar el problema a tiempo.

La buena noticia es que el proyecto, en el presente, está bajo la mirada atenta de varias instituciones con un tipo de vigilancia diaria del desarrollo de la obra, no sólo por parte de la Ciudad de Miami sino de la DDA y la Flagler Street Task Force (FSTF), un grupo de ciudadanos organizados en defensa de los intereses de los comerciantes de la zona.

La FSTF quiso participar en todo el proceso de selección del contratista de este proyecto (F.H Paschen, empresa de construcción con sede en Chicago), pero no se lo permitieron. “Nosotros no fuimos parte del proceso y es muy frustrante saber que habían tenido con anterioridad problemas con ese contratista. Sin embargo, por los procedimientos, se vieron obligados [la ciudad y la comisión] a utilizar este contratista una vez más”, indicó, en conversación con este medio informativo, Brian Alonso, vicepresidente de FSTF y dueño de Lost Boy Dry Goods, negocio localizado en el área intervenida. Incluso, según Alonso, la ciudad ya había tenido problemas con la empresa contratista en el proyecto del Museum Park.

Pero la explicación que dio Jeovanny Rodriguez, director del Departamento de Obras Públicas y Transporte de la ciudad de Miami, sobre el contratista, difiere de la percepción de Alonso: “La historia de este contratista cuando trabajó con la ciudad fue en un punto dado muy positiva, pero diría que de dos años para acá no lo fue tanto. Este contratista ofreció el precio más bajo. En el momento en que fue seleccionado, su historia no era negativa. Desde que fue escogido hubo dos proyectos que el mismo contratista terminó”.

Seguir adelante

Neisen Kasdin, abogado, especializado en el mercado inmobiliario, vicepresidente de la DDA y también miembro de la FSTF, en diálogo con DLA, precisó que “la ciudad ahora está de acuerdo en incluirnos como socios para seguir adelante con la obra y terminarla en un tiempo razonable. Creo que ahora habrá más cooperación y la ciudad también ha intensificado el escrutinio de qué fue lo que pasó con la supervisión de ese proyecto”.

De acuerdo con Alonso, hay instrumentos que podrían obligar al contratista, en un momento dado, a pagar por los daños y perjuicios producidos por su incumplimiento. Por una parte, podría hacerse efectivo el seguro de la empresa para responder, desde el punto de vista financiero, por los problemas generados. “El nuevo papel que podemos jugar es continuar una monitoría profesional del proyecto, documentar los retrasos día tras día, documentar la manera cómo actúa el contratista, con el fin de hacer que el contratista cumpla”, acotó Alonso.

El contrato, además, habla de compensaciones por los daños producidos a cualquiera de las partes participantes en el acuerdo. Por cada día de retraso de la obra, hasta su terminación, el contratista deberá pagar una multa de 3.300 dólares. “Todo ese dinero irá a la Ciudad, pero esperamos que regrese a Flagler”, recalcó Alonso.

Al respecto Russell señaló que “vamos a ver con la DDA y la Ciudad cómo podemos ayudar a estos negocios, no sólo de manera financiera sino en mercadeo y en su recuperación. Seguro que tenemos una responsabilidad con los dueños de negocios de la zona de Flagler”.

¿Qué va a pasar?

Uno de los puntos críticos, para que no se vuelva a repetir una situación de estas, es el proceso como se llevan a cabo las licitaciones.

Según Russell, la Comisión de Miami debe participar desde el inicio del proceso, cuando se da la convocatoria de licitantes para desarrollar un proyecto determinado, es decir, los llamados RFP (Request for Proposal). La semana pasada la comisión de la ciudad de Miami aprobó una ordenanza del comisionado Frank Carollo en la que los comisionados harán una auditoria de esos RFP. “Nosotros tenemos que ser parte de las decisiones más importantes y en la manera como se procesan esos RFP”, aseveró Russell.

Desde el punto de vista técnico, Rodríguez puntualizó que los problemas que se presentaron con la modernización de la calle Flagler ya se están abordando y eso, al parecer, ha hecho que el ritmo de la obra se acelere.

Hubo dos obstáculos principales en esta obra, según el director del departamento de obras públicas y transporte de la ciudad de Miami. El primero, la existencia de una enmarañada red de servicios públicos subterránea de la cual no se tenía información y tampoco planos ni mapas. El segundo, que se está reduciendo la altura de la calles en por lo menos ocho pulgadas.

De acuerdo con Rodríguez, “una de las cosas que estamos haciendo es presionar a las empresas de esos servicios públicos para que respondan en el tiempo que requerimos. Vamos a evaluar al contratista en lo que haga sección por sección. Y la razón por la que estamos haciendo eso es que si cancelamos el contrato lo hagamos antes de que se inicie una nueva sección”.

Se supone que la obra deberá estar terminada en abril de 2018. Alonso no cree que eso suceda, y Rodríguez lo insinúa pero en lenguaje más burocrático: “Dependiendo del análisis del tiempo que estamos haciendo ahora y la decisión final que se tome sobre eso, podría afectarse esa fecha”.

“Esto va a ser algo que transformará a la Ciudad cuando la calle Flagler se convierta en un corredor emblemático para caminar, hacer compras, montar en bicicleta. Será algo muy bueno, sé que ahora no lo es, pero estoy seguro de que el resultado final será excelente”, enfatizó Russell.

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Francis Suarez: “No me pueden echar la culpa a mí de un proyecto que salió mal”

El comisionado del distrito 4, Francis Suárez, afirmó en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS, que la Comisión de Miami no tiene ninguna responsabilidad en el desastre que ha significado el desarrollo de la obra de modernización de la zona histórica de la calle Flagler.

“La aprobación del proyecto, que es la otorgación de fondos, lo hace la comisión. Ejecutar y administrar el proyecto para que no sea un desastre para los residentes, eso lo hace la administración de la ciudad”.

-¿Ustedes no dan la aprobación final del proyecto y también del contratista que les recomienda el administrador de la ciudad?

Por supuesto. Pero la administración es la que hace el proceso de licitación y la que supervisa al contratista. Si nos dicen a nosotros que la administración recomienda a esta compañía de ingeniería, quién soy yo, que no soy ingeniero, para decir que esa compañía no tiene la calificación. Si me están dando un mal consejo de una compañía que no sirve y no están presionando a dicha compañía para que haga su trabajo de manera eficaz, es culpa de la administración no mía.

-Pero a la Comisión le recomiendan un candidato y ustedes los comisionados pueden decir sí o no

Si yo puedo ser alcalde, administrador y comisionado a la misma vez, entonces yo asumo la responsabilidad. No me pueden echar la culpa a mí de un proyecto porque salió mal. Es muy poco lo que nosotros [los comisionados] controlamos de ese proceso. Controlamos los fondos, escogemos la persona que ellos recomiendan, pero ellos hacen el análisis.

-De todas formas, a ustedes les llega un paquete de información con el estudio de cada uno de los candidatos

A mí me disgusta que en la vida siempre alguien quiere echarle la culpa al otro. Si alguien tiene que ejecutar un proyecto y no lo está haciendo bien, esa es la persona que debe ser la responsable. Y esa es la razón por la que siempre he estado a favor de tener un alcalde fuerte. Porque el alcalde es el responsable de ejecutar mientras que la comisión selecciona y ejecuta fondos. Hay una división de poderes.

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