Posiblemente “fascismo” y “fascistas” sean dos de los términos más usados por el presidente venezolano Nicolás Maduro en la larga lista de insultos y acusaciones que habitualmente lanza contra los miembros de la oposición.
La cacería de Maduro
El chavismo ha justificado su proceder apelando al derecho a remover de su territorio a todos los ciudadanos extranjeros que permanezcan en el país de manera ilegal
Irónicamente, la crisis humanitaria provocada por la decisión del “heredero de Chávez” de cerrar la frontera, perseguir y deportar a miles de ciudadanos colombianos, recuerda los peores días de la persecución de los judíos por parte de los nazis.
El trato inhumano hacia las familias colombianas ha llegado a un punto en que a Bogotá no le ha quedado más remedio que denunciar el proceder de Miraflores ante la Corte Penal Internacional.
El chavismo ha justificado su proceder apelando al derecho a remover de su territorio a todos los ciudadanos extranjeros que permanezcan en el país de manera ilegal.
Sería imaginar la repulsa mundial que hubiera generado (con quema de banderas incluida) si Estados Unidos hubiera decidido actuar de igual manera con los millones de inmigrantes indocumentados que viven en su territorio.
Pero al chavismo y al “elegido de Chávez”, para bochorno de muchos países de la región, aún se le sigue tratando con guante de seda.
La demanda del procurador colombiano, Alejandro Ordoñez, quien esta semana llevó ante el organismo internacional la solicitud de procesar a Maduro, la canciller Delcy Rodríguez, el gobernador José Vielma Mora y dos generales venezolanos quienes, asegura, han implementado una “política de limpieza” en los estados fronterizos, ha sido contundente en su denuncia.
Al chavismo se le ha desprendido una máscara más, aquella que hablaba del amor y la unidad entre hermanos latinoamericanos, para dejar al descubierto su rostro fascista.
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