Locos por las armas
Se calcula que entre uno y tres millones de armas cambian anualmente de manos en el mercado secundario a través de mecanismos que no están sujetos a regulación
Ciudadanos armados n
La mayoría de los países se reservan el control de las armas, impidiendo el acceso a los ciudadanos, y muy pocos, reconocen la posesión como un derecho constitucional, pero ese no es el caso de los Estados Unidos, donde el fácil acceso a las armas de fuego es la causa fundamental para las más de 61 matanzas que se han vivido en los últimos 30 años.
No en vano ningún país del mundo tiene más armas per cápita que nosotros, como mínimo 270 millones de estas están en manos de civiles estadounidenses, y tres, de cada cuatro de las 139 armas en posesión de los asesinos fueron compradas legalmente, incluyendo armas de asalto y semiautomáticas.
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La violencia generada por el uso de armas en este territorio, solo es superada por México, que cuenta con el mayor número de homicidios a bala como consecuencia de la acción habitual del crimen organizado y los carteles de la droga. Hablando de cifras, mientras el país azteca tiene 10 muertes por cada 100.000 habitantes, en EEUU tenemos 3,2, esta pareciera una cifra inofensiva, pero no es así, pues rebasa los límites esperados en un país desarrollado. Es más, en Estados Unidos el uso de armas de fuego es la segunda causa de muerte. n
u00bfCuestión cultural? n
Una pregunta que ronda en la mente de todos es por qué la marcada inclinación de los estadounidenses a tener un arma, y aunque hay muchas respuestas, ninguna satisface del todo a la opinión pública. La posesión de armas es definitivamente un rasgo de identidad cultural en muchas zonas del país, especialmente en el sur y en el oeste, donde el argumento de la autodefensa es habitual, además, pareciera una cuestión de orgullo que cada ciudadano pueda disponer de una para uso personal.
Pareciera que esta conducta es una forma de sentirse parte de la tradición histórica que se remonta a la creación de la nación y a la época en que se aprobó la Segunda Enmienda de la Constitución en 1791.
Lo lamentable, es que tal y como están las cosas, este fanatismo por las armas y los mínimos controles existentes hacen que la población estadounidense viva atemorizada por la acción de bandas peligrosas, ladrones, terroristas, y hasta civiles que de un momento a otro pierden el control y dejan a su paso una estela de sangre y dolor. Pareciera que tanta libertad es contraproducente.
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