Macondo llora a Gabo
El pueblo que inmortalizara Gabriel García Márquez en su novela "Cien años de soledad" es hoy el mundo que muestra su dolor por la muerte del Premio Nobel de Literatura
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u00bfQuién no lo conocía en Colombia? u00bfQuién no había leído alguna de sus novelas? Varias generaciones de colombianos tuvieron su obra primero como texto escolar para después seguir durante años disfrutando de la magia de su palabra en libros que se comparaban, se regalaban, se intercambiaban en un ritual que era casi señal de identidad de una nación. nPorque entre las muchas cosas que se puede decir de García Márquez es que fue el inventor del u201cbest seller u201d de calidad.
Desde que salió a la luz Cien años de soledad en la década de los años 60, hasta su melancólica última novela, nada más anunciarse un libro suyo el país lo esperaba ilusionado. nPero el Nobel colombiano era algo más que un escritor para sus paisanos.
Para un país que ha intentado varias veces un proceso de paz con los alzados en armas, García Márquez siempre fue el mediador deseado, la persona que más confianza inspiraba para llevar razones de unos a otros y de verdad lo intentó. Pero la paz no fue posible ni siquiera con la autoridad de patriarca que ejerció sobre los colombianos.
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Desde su retiro mexicano ejercía su maestría sobre los colombianos no sólo de literato sino de referente de muchas cosas, hasta que la enfermedad lo fue apartando de las actividades públicas en su país. Desde que se conoció el deterioro de sus condiciones físicas Colombia estuvo en vilo.
La gente no se hacía a la idea de un desenlace final. A tal punto que el propio presidente Santos, 24 horas antes de conocerse la noticia que nadie quería oír, declaró:"No es cierto lo que publicó un diario mexicano, que se le había revivido el cáncer y que está invadido de cáncer. Eso no es cierto". nIncredulidad, dolor y agradecimiento son los tres sentimientos que resumen el sentir de los colombianos en las horas inmediatas a conocerse la noticia de su muerte.
Incredulidad y dolor porque ningún colombiano vivo era tan cercano a sus paisanos como Gabo, y agradecimiento por el tiempo compartido con las fantasías de quien mejor supo interpretar la vida de este país de gente eminentemente sola, aislada tantas veces por una geografía inhóspita y feraz o por el abandono del Estado; un país poblado con muchos coroneles que no tienen quién les escriba, con pensiones que no llegan nunca y con tantas promesas aplazadas que ya tiene la enfermedad del olvido.
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Se va García Márquez pero a los colombianos les queda su inmensa herencia de 47 cuentos, 13 libros de crónicas, unas memorias inconclusas, 11 novelas y una de ellas que lo contiene todo.
La que más trabajo le dio pero que lo lanzó a la inmortalidad y situó a Colombia en el mapa de un mundo mágico que es también la realidad de este país. Porque Cien años de soledad es el ADN nacional.
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La desaparición física de Gabriel García Márquez coincide con un momento interesante de la literatura colombiana, en el que por fin despuntan algunos valores después de años de una sequía atribuible quizá, al complejo del padre titánico que nadie se atrevía a emular.
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u201cLa muerte -dijo alguna vez este colombiano irrepetible- no llega con la vejez sino con el olvido u201d. Una buena noticia tras esta muerte anunciada desde hace ya algún tiempo, porque García Márquez, que fue tantas cosas para los colombianos, jamás será un olvido.
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