Evitar la permanencia indefinida de Maduro en el poder es la deuda que todos los venezolanos tenemos con las próximas generaciones. Sin embargo, en este asunto la elite política de la oposición tiene una responsabilidad superior. Sobre todo, porque sus errores han jugado un papel estelar en la posición de fuerza que los oficialistas tienen. La secuencia de sus descalabros es una de las variables que explica que Maduro haya logrado en menos de cuatro años lo que Chávez no consiguió en doce. De hecho, salir hoy de su gobierno es más difícil de lo que era antes de la guerra absurda que algunos decidieron iniciar en abril. Para ese entonces la transición era una cuestión de civiles, no de generales. Sin embargo, ese fracaso y los más recientes cambiaron el escenario. Ahora la posibilidad de recuperar la democracia depende de militares, antes de civiles. Por supuesto, no se trata de cualquier soldado sino de aquellos que a pesar de seguir siendo chavistas estarían dispuestos a jugársela para evitar la pretensión de convertir a la nación en la otra Cuba de América Latina.
Negociar con los militares chavistas-antifidelistas
Las condiciones internacionales están dadas para negociar con los militares chavistas-antifidelistas un alzamiento, no una intervención foránea. Sin embargo, esa ventana se puede cerrar muy pronto. Maduro trabaja aceleradamente para terminar de convertir a las FANB en una escuela de perros guardianes. Dentro de poco no habrá soldados con los que se pudiera acordar un período de transición. De allí que es momento de pensar y actuar con realismo. Después de todo, garantizar la transición mediante un pacto con soldados anticubanos es una alternativa más segura y útil que sentarse nuevamente a dialogar con el gobierno. En especial, debe aprovecharse que el mundo occidental entendió que Maduro desarrolla un proyecto de dominación, no un modelo político. De allí que hayan dado luz verde para que se le ponga punto final a su mandato.
En el particular, EE.UU ha hablado claro sobre este tema. Sus voceros han reiterado que en el caso venezolano la salida es militar. Con lo cual enviaron un mensaje a los militares chavistas anti-fidelistas; pues saben que en la FANB prácticamente no quedan oficiales demócratas sino chavistas. También saben que la sumisión ante Cuba es la manzana de la discordia entre esos sectores; algunos la aplauden mientras que otros la repugnan. Sin embargo, los americanos no se llaman a engaños. Ellos entendieron que en Venezuela cualquier cambio político deberá contar la aprobación y las armas de los soldados que aun siendo chavistas rechazan el programa procubano de Maduro.
Una transición cívico-militar es la mejor opción en un escenario en el que sólo existen alternativas peores. Ése tal vez es el precio que deba pagarse por haber permitido que algunos voceros de la oposición repitieran sus mismos errores durante más de una década. Lo cierto es que se llegó a un punto crucial. La encrucijada es de vida o muerte para las generaciones presentes y futuras. Maduro ha demostrado que no sólo tiene intenciones de emular la hoja de vida de Fidel Castro sino que ha dado los pasos para lograrlo. De hecho, no sólo mantiene maniatada la ira del pueblo a punta de chantaje, terrorismo, tortura, hambruna y violación masiva de derechos humanos sino que colocó en jaque a sus adversarios.
En diciembre Maduro tendrá en su puño desde las alcaldías hasta las FANB, pasando por el TSJ, las gobernaciones y a una parte del liderazgo opositor que ha decidido legitimarlo. Además, con la Constituyente se acomoda para apropiarse del presente y del futuro, de los sueños y de las ilusiones, de los ciudadanos de esta nación.
Si algo habrá que reconocerle a Maduro es que ha hablado con mayor claridad que su mentor Hugo Chávez. Él ha dicho que su compromiso es replicar el modelo de Cuba, no negociar su proyecto con los jefes de la MUD. Por lo demás, no habrá que esperar demasiado para comprobar que la ANC y el CNE pretenderán aprobar una Constitución para trocar en realidad los deseos del presidente. Pues las reformas estarán dirigidas a decretar larga vida al castro–madurismo. Por ejemplo, la elección directa, universal y secreta será sustituida por elecciones de 2do grado, mientras que las gobernaciones y municipios serán reemplazados por la comuna; y, por supuesto, la Asamblea Nacional será canjeada por un parlamento comunal. Seguramente, esa Constitución permitirá establecer bases militares extranjeras en el país para blindar con armas internacionales las tropelías del régimen. Las cartas están echadas. No será por falta de información que la elite opositora que hoy se apura a hincarse ante Nicolás Maduro, se convierta en responsable de lo que en los próximos meses ocurra con el destino de la república.
*Doctor en Filosofía y en Ciencia Políticas en Venezuela, egresado de la UCAB y docente de la UCV.
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