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OPINIÓN

Catar: arquitectura del poder autoritario

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Catar es una monarquía absoluta sin elecciones, libertad de prensa, sindicatos libres, igualdad jurídica entre hombres y mujeres, ni garantías para las minorías religiosas o sexuales. Su sistema concentra todo el poder en un solo hombre, y carece de mecanismos internos de rendición de cuentas. Se trata de una sofisticación del modelo autoritario petrolero.

La riqueza del emirato proviene del gas natural licuado. A diferencia de otros exportadores que fortalecieron sus instituciones internas con esos ingresos, Catar invirtió en blindaje: jurídico, mediático y diplomático. Su política exterior combina el despliegue de marcas internacionales en aviación, deportes y medios, con una red de relaciones que abarca desde Washington hasta Gaza. El Estado opera con racionalidad instrumental, no con coherencia normativa.

Durante la preparación del Mundial 2022, miles de trabajadores migrantes de India, Nepal y Bangladés murieron en circunstancias nunca del todo esclarecidas. Las causas oficiales incluyen infartos en hombres jóvenes, deshidratación, colapsos por calor. No existen cifras públicas precisas.

La kafala, el sistema laboral que subordinaba al trabajador a su empleador facilitó este esquema de explotación. Las condiciones eran incompatibles con los estándares internacionales, pero no con la lógica local.

La celebración del Mundial no modificó el núcleo del sistema, sólo cambió su presentación. La narrativa del emirato se orientó hacia la inclusión, el diálogo intercultural y la modernización. Las leyes que criminalizan la homosexualidad, los límites a la libertad de expresión y la subordinación legal de la mujer no fueron alterados.

Catar sostiene una paradoja estratégica: es sede de la mayor base militar estadounidense en la región, y al mismo tiempo aloja a dirigentes de Hamás y mantiene canales con Irán y otras facciones islamistas. Esta ambivalencia no es un error de política exterior sino su eje operativo, como intermediario es más rentable no tomar partido.

En ese contexto, el reciente ataque israelí sobre Doha, que causó la muerte de un ciudadano catarí y generó una respuesta diplomática inmediata, fue un quiebre. Netanyahu se disculpó públicamente y reconoció la violación de soberanía, también ofreció garantías para evitar una escalada. Catar aceptó las disculpas y lo hizo sin romper su rol como mediador. La estabilidad del vínculo primó sobre el episodio puntual.

Este episodio introdujo un límite a la lógica de acción directa que Israel aplicaba en Siria, Líbano y Gaza. Catar no es un actor periférico, es un socio energético para Europa, un aliado militar de Estados Unidos y un proveedor de liquidez en los mercados globales. Las reglas para operar sobre su territorio no son las mismas que en otros escenarios.

Comparar con la operación que mató a Bin Laden en Pakistán o el secuestro de Eichmann en Argentina es un ejercicio recurrente en la prensa. Pero este contexto es otro. El escenario de 2025 está atravesado por la visibilidad permanente, los costos reputacionales y la multiplicidad de actores que definen el juego. Las decisiones ya no se toman solo por cálculo militar: intervienen el gas, los tratados de inversión, la Bolsa, los clubes europeos y la política doméstica de Washington.

El emirato, mientras tanto, opera con la misma matriz: una teocracia funcional al capital global, con estética occidental, patrocinio deportivo y control doméstico estricto. Catar no es Afganistán con gas, ni Suiza islámica. Es otra cosa: un híbrido diseñado para maximizar influencia sin asumir responsabilidades.

La disculpa de Netanyahu no reconfiguró el sistema, sólo lo expuso. Y demostró también los límites reales de los actores que operan dentro de él. En este tablero, la indignación ya no define la jugada, sino la utilidad. Así, el conflicto entre principios y flujos de capital no se resuelve, se administra.

Las cosas como son

Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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