Si bien Estados Unidos todavía puede ostentar con ser la economía más grande del mundo, también está enormemente endeudado.
El déficit presupuestario crónico y los gastos imprevistos dispararon la deuda estadounidense, elevando el riesgo de inflación y afectando las tasas de interés.
Si bien Estados Unidos todavía puede ostentar con ser la economía más grande del mundo, también está enormemente endeudado.
La semana pasada se hizo público que la deuda nacional ha ascendido a 40 billones de dólares, una cifra tan astronómica que resulta difícil de asimilar para el ciudadano común.
Pero ¿Como entender la magnitud de la deuda?
Por una parte, la deuda federal bruta comprende la deuda en manos del público más la deuda que el gobierno mantiene con sus propios fondos fiduciarios y otras cuentas gubernamentales.
La deuda en manos del público es la medida de mayor relevancia económica, ya que representa el endeudamiento del Tesoro con inversores, hogares, instituciones financieras, la Reserva Federal y entidades extranjeras.
Mientras los datos del Tesoro ofrecen mediciones diarias de la deuda pendiente, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyecta la carga futura.
La CBO estima que la deuda en manos del público se situará del 101 % del PIB en 2026, al 120 % del PIB para 2036, una cifra que superaría ampliamente el récord anterior de la posguerra, situado en el 106 % del PIB.
Y es que, la deuda nacional se ha duplicado rápidamente en los últimos diez años.
Por una parte, están los déficits presupuestarios persistentes o cuando el gobierno gasta más de lo que recauda en impuestos.
Existen muchas razones para ello, entre las que destacan: los gastos derivados de la pandemia de COVID, la guerra en Irán, el creciente coste de los programas de bienestar social y atención médica, y el aumento constante del pago de intereses.
El problema no se limita a las recesiones ni a los gastos de emergencia.
El gasto en prestaciones sociales referido a la Seguridad Social y el Medicare continúan siendo factores claves del crecimiento del gasto a largo plazo debido al problema demográfico: más jubilados, mayor esperanza de vida y menos trabajadores, supone mayor presión sobre las finanzas públicas.
Igualmente, el interés sobre la deuda crea un círculo vicioso pues cada vez que el Gobierno pide prestado, la deuda aumenta, los pagos de intereses aumentan, el déficit aumenta y así el ciclo se repite.
La CBO proyecta que los pagos netos de intereses aumentarán de aproximadamente 1 billón de dólares en 2026 a 2,1 billones de dólares en 2036.
El impacto interno se traduce en tasas de interés más altas, tasas hipotecarias más altas, mayores costos de endeudamiento para las empresas, préstamos para consumo más caros y mayores costos de financiamiento para la inversión empresarial.
El problema de la deuda de Estados Unidos ya no radica principalmente en la capacidad del gobierno para endeudarse pues el país sigue emitiendo la moneda de reserva dominante a nivel mundial, y los títulos del Tesoro continúan siendo fundamentales para las finanzas globales, aquí la cuestión más importante es si la deuda y los costos de los intereses están aumentando a un ritmo superior a la capacidad y a la voluntad política de la economía para hacerles frente.
No deja de resultar asombroso que, un país del tamaño de Estados Unidos, con su enorme capacidad para generar riqueza, se enfrente a una deuda nacional de tal magnitud y según los expertos, si este ritmo continúa, la deuda podría superar los 60 billones de dólares en otros diez años.
Claramente, no se puede permitir que esta carga financiera persista, pero por ejemplo, mientras no finalice la guerra en Irán y no se resuelva la crisis del estrecho de Ormuz, permitiendo el paso sin trabas de los petroleros, los precios de la energía seguirán subiendo y la economía en su conjunto se verá afectada impulsando al alza la inflación general de los precios al consumidor.
Entre tanto, el presidente, Donald Trump, espera destinar 1,5 billones de dólares al sector militar durante el próximo ejercicio fiscal y si bien el fortalecimiento de las fuerzas armadas debería contar con apoyo bipartidista en el Congreso, el enorme coste de la guerra en Irán está ejerciendo una gran presión sobre el Pentágono.
Ya se reconoce que las reservas de muchos sistemas de armas se están agotando, y que reponer los arsenales requerirá años y miles de millones de dólares.
Por el momento, no hay indicios de que las hostilidades contra Irán vayan a cesar en un futuro próximo. De hecho, el mandatario ha advertido que planea un “Día D” económico para intentar paralizar la economía iraní para que el régimen de Teherán se vea obligado a negociar un acuerdo.
Hasta ahora, la combinación de acciones militares y sanciones económicas no ha logrado su objetivo: poner fin a la guerra; esto implica que la Casa Blanca deberá mantener la presión mediante una importante presencia militar en la región, a fin de sostener el actual bloqueo naval de todos los puertos iraníes; una operación que resultara costosa.
A lo largo de los diferentes gobiernos, muchos presidentes han aprendido que la economía gana las elecciones y aunque es cierto que la magnitud de la deuda nacional no bastará por sí sola para convencer a los votantes de cambiar sus lealtades políticas, otra será la historia si empieza a tener un impacto negativo en las finanzas personales.
