Internacionalismo democrático
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Me impresionó muy bien el discurso que pronunció el sábado el alcalde Tomás Regalado, ante algunos centenares de personas que acudimos ese día a su llamado, en las afueras del City Hall de Miami, para que expresemos junto a él nuestra solidaridad con Venezuela.
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No pretendió el burgomaestre Regalado dar lecciones de cómo se debe luchar por la democracia en otras tierras. No utilizó el acto para ganar votos, o para desacreditar a sus oponentes y rivales. No dijo u201cellos no hacen nada, yo hago esto u201d. nHizo algo mejor: ofreció que Miami estará siempre a disposición del enorme esfuerzo en Venezuela, o en cualquier otra nación, por alcanzar la libertad, con lo que haga falta, con lo que le pidan.
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No sé si a alguien le parecerá poco, o insuficiente. A mí me pareció muchísimo, y de gran valor. nLas grandes batallas por la democracia trascendieron siempre las fronteras nacionales.
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Años más tarde, cuando mi ciudad, Guayaquil, en Ecuador, se independizó de España, contó con la ayuda invalorable de un norteamericano de 32 años, José de Villamil, que había llegado de Nueva Orleans, Luisiana. Fue en su casa, al frente del puerto, en el río Guayas, donde por primera vez se reunieron los conspiradores.
Carlos Marx con toda seguridad tuvo en mente algunos de estos ejemplos cuando proclamó que la lucha de la clase obrera para imponer su dictadura debería trascender las fronteras nacionales. u201cInternacionalismo proletario u201d, lo llamó.
No necesito recordarles cuántas lágrimas y cuánta sangre le costó a la humanidad ese torpe error de Marx de creer que una clase social podría convertirse en un grupo humano especial o iluminado.
El mundo ha comprobado de sobra, más de una vez, que no es la dictadura de una clase lo que nos traerá bienestar, sino la más amplia libertad política para todos, en todos los países, en todo el planeta. nPodríamos llamarlo, quizás, u201cinternacionalismo democrático u201d; pero el nombre, en realidad, es lo de menos.
Lo importante es el concepto: es decir, la idea de que la lucha por la democracia, en Venezuela o en Ucrania, en Cuba o Ecuador, es una sola, es la misma, nos pertenece y nos obliga a todos, sin imposiciones ni recetas exportadas, sólo mediante la más fraterna solidaridad.
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El sábado, Tomás Regalado y la ciudad de Miami nos dieron un ejemplo práctico de ese internacionalismo democrático que yo reclamo. Gracias de nuevo por eso.
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