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ANÁLISIS

Los mismos que escogieron a los actuales magistrados ¿Van a ser los renovadores del TSJ?

Entre las tareas más ingentes previas a las referidas designaciones destaca la necesidad de depurar, los curricula de los respectivos aspirantes

Por OMAR JESÚS ESTACIO

En buen Derecho, los magistrados designados por la llamada Asamblea Nacional 2015, deberían ser traídos del exilio para ocupar sus plazas en la sede del Tribunal Supremo de Justicia, TSJ, ubicada en Caracas.

Pero creemos tenerlo dicho: “En la RoboLución Forajida –a partir del pasado tres de enero mutada en colonia muy servil del imperialismo yanqui— la única ley es que no hay ley”. Si la voluntad de la White House, ha sido la de renovar el TSJ, con exclusión absoluta de los dignos magistrados que por alrededor de 10 años han sido extrañados de la Patria, los destinatarios de tal voz de mando están obligados a acatar ¡Plan y pa’l cuartel!, y sin recurrir a exquisiteces legales. Realpolitik o “Las cosas son como son y no como deberían ser”.

Restaría, tan solo, alguna que otra reflexión, sobre la forma más plausible de salir airosos de la referida renovación o reestructuración. Suficientes los 27 años de tropezar con la misma piedra, de depositar tal tipo de escogencias en los ilegítimos parlamentarios de tendencia chavistas. Después de todo, dicha bancada siempre ha sido producto del ventajismo, de la represión al adversario político, del fraude electrónico y no electrónico, continuado, con fractura, escalamiento y nocturnidad.

“Las mismas personas más los mismos procedimientos, conducen a idénticos resultados”. Si quienes van a elegir los mencionados reemplazos, son el grupito de diputados que eligieron a los actuales magistrados, es seguro que nos volverán a tirar por el mismo despeñadero. Por lo demás, los comicios de mayo de 2025 en los que resultaron reelectos el grueso de los parlamentarios en cuestión fueron desconocidos, a su vez, por la oposición venezolana –salvo los colaboracionistas de siempre; por EEUU, la Unión Europea, por el sistema interamericano de tutela de derechos humanos.

¿No rige en Venezuela una situación excepcional de transición aplicable al Poder Ejecutivo? Pues esa misma excepcionalidad, debe aplicarse para la reestructuración en referencia. Así, como a partir del pasado tres de enero se prescindió, sin mayores legalismos, de la espuria presidencia de Nicolás Maduro, en la situación que nos ocupa se debe prescindir de la AN oficialista del 2025. Es allí cuando deben entrar en acción mecanismos sucedáneos como lo son, las llamadas Mesas Técnicas o las jornadas de diálogo, con presencia del oficialismo y de un sector minoritario de la oposición. Pues bien, con todo y las objeciones contra tales mecanismos, son los únicos que tenemos a mano. De allí, que seamos quienes pensamos que las referidas Mesas Técnicas o como se quiera llamarlas están en la obligación de designar, directamente, a los nuevos magistrados, supuestos a rescatar el imperio de ley y el estado de Derecho en nuestro país ¿Se busca que el nuevo TSJ no esté a merced de determinada bandera política? Pues bastaría que en los referidos nombramientos se proceda a través del mayor consenso posible. La exigencia de una mayoría calificada del 75% para conformar tales sus decisiones sería un buen comienzo.

Entre las tareas más ingentes previas a las referidas designaciones destaca la necesidad de depurar, los curricula de los respectivos aspirantes. La corrupción, también, ha hecho metástasis en el Alma Mater universitaria. Un número considerable de nuestros centros de estudios superiores, públicos o privados, civiles y militares, éstos con más intensidad, se han dado a la costumbre de subastar, regalar, de negociar a cambio de valimientos inconfesables cualquier clase de grados, maestrías, especializaciones o doctorados. El entonces Vicerrector Académico de la Universidad Católica Santa Rosa, Jorge Luis Gaviria Linares; el secretario del rectorado de la Universidad de Carabobo, Pablo Aure; el profesor Adolfo Salgueiro, directivo de la extensión en Miami de la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA), entre otros muchos docentes universitarios, son testigos calificados de cuanto hemos escrito por haberse enfrentado a riesgo de sus propias vidas a semejantes trapisondas. Meses atrás —no muchos— alertamos en este mismo espacio la irritante pretensión de ciertas autoridades de la UCAB de doctorar express o vía VIP, al inefable “Nicolasito”.

Las precauciones para discernir las máximas autoridades del TSJ, deben adoptarse, con la misma urgencia, que los reemplazos de los rectores del Consejo Nacional Electoral, del Contralor General, del Fiscal General, del Defensor del Pueblo, estos dos últimos, designados entre gallos y medianoche por la espuria AN 2025.

El señor Trump y en menor medida su Secretario de Estado, Marco Rubio, son los responsables directos, de la buena o mala selección de los venideros magistrados del TSJ. Al final, han sido ellos y nadie más que ellos, quienes, contra legem, han escogido a los actores de las mencionadas mesas técnicas y todo no puede ser beneficiarse con el petróleo venezolano sin rendir cuentas.

Llegado el caso, un jalón de orejas, nunca sobra para meter en cintura a uno o a varios de sus portaestandartes que se pongan obstruccionistas.

@omarestacio

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