Entre varios expertos connacionales ha surgido una especie de sabiduría inútil en relación con el espinozo tema de las transiciones políticas. Se realizan eventos, se promueven deliberaciones, se aprovechan financiamientos, y todo queda en nada. No hay transición, sino
Transición y poder
La búsqueda de analogías para una transición política en Cuba resulta inútil ante la persistencia de la estructura de poder y la creciente necesidad de emigrar.
apariencia de transición, y algunos de los expertos alegan que la misma no está madura y que se debe seguir esperando hasta nuevos tiempos.
Llevamos añales en eso. Cambian diversas cosas, es cierto: pero no la estructura del poder interno, ahora amparada por un poder externo que pasó de La Habana a Washington. En el largo mientras tanto, las realidades del país continúan hacia peor, y una preocupación importante sigue siendo cómo emigrar. El pantano no se seca, se extiende.
Los sabihondos de las transiciones buscan analogías foráneas y domésticas para tratar de probar sus argumentos. No me convencen, y de seguro que convencen a pocos, porque las oportunidades que ha habido al respecto, se han quedado en eso: oportunidades. Las voces prudentes, así lo aconsejan en las horas decisivas para renovada gratificación de los mandoneros de Miraflores.
La transición que se anhela, no es la de quitate tú para ponerme yo. No. Es un cambio de raíz que tendrá su gradualidad, pero sin perder de vista un horizonte próximo de reconstrucción republicana, legítima, democrática y soberana.
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