Procrastinación: dejando todo para después
Todos tendemos a posponer aquellas tareas que nos resultan incómodas o aburridas, pero este hábito, podría convertirse en un trastorno
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Este es un fenómeno complejo y multifactorial relacionado con nuestros hábitos, aunque según investigaciones científicas podría tener, incluso, un rasgo genético. Su designación, proviene del latín u201cpro u201d que se traduce como adelante, y u201ccrastinus u201d, un referente de futuro. n
En líneas generales, el procrastinador, es decir, la persona que padece este trastorno, bien sea de carácter eventual o crónico, tiene un problema con el manejo del tiempo, subestimando su valor y manteniéndose al borde del peligro de no poder cumplir con sus compromisos, generalmente, como resultado de una excesiva autoconfianza.
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La famosa frase u201cNo dejes para mañana lo que puedas hacer hoy u201d define perfectamente a cualquier procrastinador, quien relaciona la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad, aunque su aparición puede ser igualmente un signo de depresión, falta de motivación, impulsividad, apatía, baja autoestima o perfeccionismo. Otro perfil muy distinto es el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden materializarlas porque contantemente se distraen con un pensamiento nuevo. n
Los especialistas señalan que son tres las causas de la procrastinación: la evasión, pues es usual retrasar una tarea por miedo al fracaso, lo que implica un problema de autoestima; la activación, que es para muchos el impulso que se produce cuando se ha postergado una tarea hasta que ya no hay más remedio que enfrentarla; y finalmente, la indecisión, típica de quienes invierten el tiempo en decidir cómo entrar en acción pero sin ejecución alguna. n
A nivel orgánico n
Podríamos decir que la procrastinación es resultado de la batalla entre nuestro sistema límbico y la corteza pre frontal, responsable de las funciones ejecutivas y el control impulsivo, en la que el primero siempre gana u2026con nuestro beneplácito. n
La procrastina no tiene cura, pues es una cuestión de actitud, que se afianza por la irrupción de las nuevas tecnologías y los numerosísimos gadgets que nos rodean y estimulan para ocuparnos de u201cotras cosas u201d distintas a nuestras obligaciones. Por eso, modificar este hábito que suele meternos en problemas hay que poner manos a la obra, haciendo una distribución efectiva de nuestro tiempo y asumiendo que no hay necesidad de postergar, ni de correr riesgos.
Cómo evitarla n
- Reconozca la situación, pues el primer paso es asumir lo que está sucediendo.
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- Organícese para aprovechar de la mejor manera posible el tiempo. n
- Evite las distracciones.
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- Transforme el u201cdebo u201d hacer por el u201cquiero u201d hacer, para disfrutar la tarea que está realizando.
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- No sea perfeccionista.
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- Diferencie las tareas.
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