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BARACK OBAMA

¿Quiénes vencerán?

Respuesta a una columna publicada en este diario por César Vidal, sobre la visita del presidente de EEUU a Cuba

En días pasados el destacado historiador y periodista César Vidal escribió el artículo de opinión “Llegó, vió y otros vencerán”  Debo discrepar a pesar de que por lo general concuerdo con Vidal y admiro su prolífica obra.

Vidal destaca como muy positivos e históricos la reunión con trece disidentes cubanos que sostuvo el presidente Obama y su discurso televisado a una audiencia nacional. Sin embargo, no hay que sobredimensionar su importancia —el régimen cubano ya los contempló entre los costos necesarios cuyas consecuencias mantendrá bajo control. La dictadura hizo su acostumbrado cálculo costo-beneficio y siente que su maquinaria propagandística y aparato represivo neutralizarán ambas acciones. Eso sí, los órganos represivos del régimen se esmeraron en enviarle un claro mensaje tanto a Obama como al mundo y al  pueblo cubano de que, con o sin visita, seguirán actuando igual. Horas antes de la llegada del presidente de Estados Unidos, muchos disidentes pacíficos, incluyendo Damas de Blanco, fueron arrestados o reprimidos sin misericordia por todo el país, algunos frente a las cámaras de medios internacionales. Durante y después de la visita, la represión se mantuvo, incluyendo cuando el presidente de la democracia supuestamente más avanzada del mundo asistió al renombrado partido de béisbol junto al líder de la dictadura más antigua del hemisferio occidental.

Vidal se refiere a “las semillas sembradas por los hombres de negocios que acompañaron al presidente” y los que los precedieron. Hasta la fecha, la mayoría de los empresarios estadounidenses que han ido a Cuba en el último año no han podido concretar negocios de importancia, salvo algunos vinculadas al turismo y la venta de alimentos.  No entienden la lentitud del andamiaje burocrático cubano y destacan la ausencia de garantías jurídicas fundamentales. Sólo como ejemplo de los riesgos que corren los empresarios extranjeros en Cuba, recomiendo la lectura del artículo, en inglés, de Justin Rohrlick publicado el 25 de marzo en Vice News sobre el elevado costo de hacer negocios en Cuba. 

No olvidemos que desde principios de los ochenta, Cuba ha permitido más de una mal llamada “apertura” económica y, en cada ocasión, tan pronto el régimen lo ha considerado necesario, ha dado marcha atrás.

Vidal compara la política de Obama con el supuesto éxito de las concesiones de Nixon a China. Sin embargo, la historia enseña que los Estados Unidos no tenía necesidad de una política de acercamiento con China para debilitar a la URSS, como versaba el realpolitik nixoniano, concebido por el entonces Secretario de Estado Henry Kissinger. Como oficial de la Dirección General de Inteligencia cubana entre 1978-88, pude conocer tanto en Cuba como durante mi formación por la KGB en Moscú que la Unión Soviética y su satélite cubano consideraron a China un país enemigo a partir del 1967. Incluso, la KGB y los servicios cubanos trabajaban contra China tal como lo hacían contra países occidentales. La política de Nixon contribuyó a fortalecer y hacer crecer el monstruo que hoy es China, una dictadura implacable con capitalismo monopolista de estado que intenta desplazar a Estados Unidos de su protagonismo mundial. El hecho que determinadas industrias de Estados Unidos se beneficien de la mano de obra semi-esclava china y que los consumidores podamos comprar muchas bienes de consumo más baratos no “santifica” dichas acciones. Es especialmente lamentable cuando se le dió la espalda a los chinos libres de Taiwán y se le garantizó a la China Comunista el estatus de potencia mundial con plena legitimidad internacional.

Para no entrar en otras grandes diferencias entre China y Cuba basta decir que los pequeñas espacios que se han permitido en Cuba distan mucho de los que existen en China.

La lista de errores históricos en importantes evaluaciones oficiales de Estados Unidos de política exterior podría ocupar muchas páginas. De acuerdo con algunos historiadores, en el caso chino tanto el Departamento de Estado como otras agencias gubernamentales estadounidenses fallaron en no evaluar adecuadamente la amenaza que representaba Mao Tse-tung en sus orígenes; incluso llegaron a afirmar que Mao era un reformista agrario y no un comunista. Esto llevó a que no se neutralizará la revolución marxista que lideraba cuando aún era posible; para colmo, la errada política estadounidense ayudó a consolidarla. En América Latina, vemos dos ejemplos de similares errores importantes.  El Departamento de Estado sostenía que Fidel Castro no era comunista y el Presidente Jimmy Carter afirmó que los sandinistas eran demócratas no marxistas. Nada más lejos de la verdad.

Vidal también compara a la España de Franco con el caso de Cuba al predecir que la muerte natural de los hermanos Castro resultará en un cambio gradual similar al ocurrido en España. Sin embargo, la esencia del franquismo es totalmente distinta a la del régimen cubano. Franco nunca llegó a tener el control que ha mantenido la dictadura totalitaria de los Castro. En España la economía nunca estuvo totalmente controlada por el estado como en Cuba, ni los servicios de contrainteligencia vigilaban cada aspecto de la sociedad ni una sola expresión disidente llegó a ser un delito, tal como lo ha sido y es en Cuba.

Por lo demás, sostener que en Cuba lo que falta es un cambio social, pudiera ser fruto del desconocimiento por parte de Vidal de aspectos importantes de la realidad cubana. Desde mediados de los años noventa, el régimen cubano decidió acceder al turismo y a los negocios capitalistas para enfrentar el descalabro económico que le supuso la caída del bloque soviético.  Desde entonces, el nuevo modelo de capitalismo de estado ha dado la bienvenida a decenas de millones de visitantes de Occidente; hoy llegan a Cuba más de tres millones de visitantes al año incluyendo a más de un millón canadienses. Los bikini extranjeros, que menciona Vidal, hace rato se pasean por toda Cuba sin una mínima pérdida de control por parte del estado policial. Además, no puede crecer una clase media independiente mientras no se permita propiedad privada y los negocios “cuentapropistas” no puedan acceder a un mercado mayorista ni zafarse del yugo del estado. Más que un cambio de mentalidad en la población reprimida, lo que hace falta es la derogación de las leyes y prácticas estalinistas así como la instauración de una democracia y un estado de derecho, o sea un cambio de régimen.

La dictadura cubana, con sus servicios de inteligencia en el extranjero (incluido Estados Unidos) y su gigantesco aparato represivo interno, ejerce inmenso control e influencia tanto dentro como fuera de Cuba. Recibe miles de millones del exilio, de la exportación de mano de obra esclava --que es ya su principal renglón económico--, del turismo (ahora se suma el de Estados Unidos) y del petróleo y los subsidios de Venezuela. Por eso puede subsistir sin ningún cambio significativo por muchos años. Mientras tanto, la sucesión dinástica castrista está bien planificada

Pensar que la transición cubana es inminente y que Cuba ya no es una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos nos pone en peligro a todos.

Enrique García es consultor de seguridad, licenciado en Derecho y ex oficial de la Dirección General de Inteligencia de Cuba.

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