WASHINGTON.-dpa
Republicanos temen por su mayoría en el Senado por el efecto Trump
Muchos analistas se frotan los ojos con asombro. Desde hacía generaciones que no había tanta distancia en el seno de un partido estadounidense con un candidato
La mayoría de los republicanos en Estados Unidos se refieren a "nuestro candidato" cuando hablan de Donald Trump. O al menos, a nuestro "candidato designado" o "probable candidato". Prácticamente nadie pronuncia el nombre completo del millonario neoyorquino ni pronuncia la "palabrota" Trump. Pocos del Grand Old Party quieren identificarse con el hombre que parece abocado a ser su líder y su cartel político.
Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, se ha declarado en los últimos días "anti-Trump". Ryan le negó públicamente su apoyo, puso a disposición su cargo de presidente en el Congreso Nacional de julio y retó a Trump casi en un duelo.
Mañana jueves Trump y Ryan se reunirán en el Capitol Hill. Los dos hombres fuertes del partido republicano, el rebelde contra el representante del establishment, con resultado totalmente incierto.
El miedo se extiende mientras tanto entre los senadores. Si el "experimento" Trump resulta un fiasco para los republicanos, las consecuencias podrían tener un efecto a largo plazo. El dividido partido se enfrenta a una prueba de fuego.
El mayor peligro para los republicanos está en el Senado. Las elecciones presidenciales del 8 de noviembre coincidirán con la votación para un mandato de seis años de 34 escaños de la segunda cámara del Congreso, donde están representados dos senadores por cada uno de los 50 estados del país.
Si los Demócratas se hacen con cuatro escaños más de los que tienen hasta ahora, equilibrarían la balanza y romperían la actual mayoría republicana.
Muchos senadores republicanos temen por sus puestos que ya consideraban seguros. El histórico John McCain se ve por ejemplo en la "carrera de su vida" en el estado de Arizona a sus 79 años. El ex senador de Arizona Jeff Flake lo ha dicho incluso más claro. "Ningún elector latino va a ir de repente corriendo a votarte si insistes en la expulsión de once millones de (migrantes) ilegales o en la construcción del muro (en la frontera con México)", dijo en relación a las propuestas políticas de Trump.
En Arizona viven muchos latinos que podrían verse ahuyentados por la política de Trump hostil a los migrantes. Y las últimas elecciones ya demostraron que muchos electores no diferencian en la cabina electoral a la hora de votar al presidente y al Senado: en seis de siete estados que votaban también a un senador en las presidenciales de 2012 ganó el candidato del partido que se impuso también en la votación a la Presidencia.
"Los demócratas ya están intentando por su parte dirigir algunas de las declaraciones de Trump contra los candidatos republicanos al Senado", asegura Melinda Henneberger, redactora jefe de la publicación política "Roll Call", especializada en la información desde el Congreso.
En el estado de Wisconsin, por ejemplo, donde se espera una de las carreras más reñidas al Senado este año, el candidato demócrata Russ Feingold ya hace campaña contra el senador republicano: "¿Quiere Ron Johnson realmente encerrar en la cárcel a las mujeres que hayan abortado?", preguntó en reiteradas ocasiones en referencia a declaraciones de campaña de Trump.
En Pennsilvania, Carolina del Norte, Illinois, New Hampshire y otros estados las elecciones de este año prometen duelos similares. Los republicanos podrían perder un máximo de 24 escaños y los demócratas sólo 10. Pero si la mayoría cambia, los demócratas podrían entonces tener más influencia en la decisiva novena plaza vacante del Tribunal Supremo incluso en el caso de que Trump fuera presidente.
Sin embargo, muchos escépticos entre los republicanos temen que también la mayoría de la Cámara de Representantes se pierda por culpa de Trump. Para ello, sin embargo, el partido de Hillary Clinton tendría que hacerse con 30 escaños más. "Algo que hasta ahora parecía imposible; pero con un Trump como candidato se escuchan las primeras voces de que esto ya no parece tan fuera del alcance", señala Melinda Henneberger.
Muchos analistas se frotan los ojos con asombro. Desde hacía generaciones que no había tanta distancia en el seno de un partido estadounidense con un candidato, pese a todas las rivalidades internas habituales en las primarias.
Los expertos no ven tan negras las opciones de Trump de llegar a la Cas Blanca. La prestigiosa Universidad de Quinnipiac publicó el martes una encuesta en la que Trump aparece prácticamente empatado con Clinton. En Ohio, un estado que los republicanos necesitarían sí o sí si quieren ganar, Trump ya encabeza los sondeos.
Mitch McConnell, el líder de la fracción republicana en el Senado, es una prueba de la rapidez con la que el éxito puede cambiar la opinión dentro del partido. "Aún queda mucho tiempo hasta noviembre, pero parece que nuestro candidato podría ser bastante competitivo", dijo sin que de su boca saliera el nombre "Trump".
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