Por Félix Guillermo
Tanto va Alcántara al agua
A través de los años como periodista e hijo de cubanos que continúan su exilio en cementerios en Miami, he informado de la valentía de los activistas, intelectuales disidentes, y de los presos de conciencia en las cárceles castristas
Luis Manuel Otero Alcántara llegó a Miami el pasado 18 de julio después de 5 años en prisión, una condena injusta, arbitraria tras los acontecimientos del 11 de julio de 2021 en Cuba.
Luis Manuel y el movimiento San Isidro fueron la semilla que germinó en aquellas manifestaciones espontáneas, valientes e inéditas que marcaron un antes y un después en casi setenta años de control represivo castrista.
Llegó al aeropuerto Internacional de Miami envuelto en una bandera cubana con más peso corporal y con más musculatura de la esperado, tras sobrevivir más de mil ochocientos días en una cárcel de máxima seguridad.
Además, tuvo la audacia, o falta de sentido común, de comenzar a contar las horas de libertad en el destierro en un lujoso reloj (parece un Ademar Piquet probablemente falso) que exhibía en su muñeca. ¿Cuánto cuesta ese artículo? ¿Cómo lo compró o quién se lo regaló? ¿Las mentes más agudas empezaron a increpar cómo la seguridad del estado le habría permitido sacar ese reloj símbolo de la burguesía adinerada? Tal vez, la respuesta sea mucho más simple: buscaban distracción, generar controversia, sembrar dudas y, una vez más, no se equivocaron. Los más versados especialistas en teorías de conspiración reaccionaron a su envidiable estado físico y al prodigio suizo en su muñeca (insisto en que era falso).
Poco después Otero Alcántara hizo un nostálgico comentario, adelantándose a la añoranza, sobre las marcadas diferencias entre los olores vaginales autóctonos de Cuba y los foráneos. Nunca olvidaré la cara de asombro del entrañable expreso político cubano Ángel de Fana cuando Otero Alcántara le comenta sobre los intrínsecos olores femeninos criollos.
Ni al apesadumbrado Jean - Baptiste Grenouville, protagonista de la genial novela El perfume se le hubiera ocurrido hacer una distinción tan idealizada de nacionalismo y superioridad vaginal.
El comentario resultó pubertario e inoportuno.
Después de lo mencionado les cuento que entrevisté a Otero Alcántara, en mi programa de radio Entre Líneas, que se transmite de lunes a viernes por América Radio.
Relato mis impresiones: Otero Alcántara es un artista autodidacta, de origen y formación marginales, producto de una sociedad marginal y de un país marginal. Percibí a un hombre honesto, inteligente, inadaptado, pero, sobre todo, de gran sensibilidad y rebeldía. En la conversación me habló de Nalvany, del grito de Edvard Munch y cuando mencionó la obra expresionista su rostro cobró vida, escuché su propio grito ahogado, su angustia humana, su búsqueda de un camino que no acaba de encontrar, sus miedos, su ansiedad.
Otero Alcántara y el movimiento San Isidro son la versión criolla de Viktor Frakeinstein: jóvenes que se rebelan al cruel fracaso experimental cubano vengándose de su creador. El monstruo verdadero es el estado cubano y su proyecto educativo, político y social. Otero Alcántara y el Movimiento San Isidro son el resultado del hombre nuevo del Che.
Cuando lo escuchas hablar constatas que el arte y la libertad de expresión son oxígeno indispensable para estos sobrevivientes de una sociedad cerrada y represiva.
Buscan la identidad perdida y recurren a símbolos patrios, religiosos, robados por el estado y tal vez entonces se entiende la presencia del portentoso reloj suizo, símbolo del capitalismo voraz. Mientras conversa mezcla el "acere, que bola" con disquisiciones metafísicas sobre la cárcel y la muerte. Su mirada y sus gestos se endurecen. Y vuelve a repetir otro "broder". Y entiendo que no quiere ser correcto es un reflejo de su actitud anti poder, transgresora, iconoclasta.
¿Al final que es el arte, que es el artista, sino eso?
A través de los años como periodista e hijo de cubanos que continúan su exilio en cementerios en Miami, he informado de la valentía de los activistas, intelectuales disidentes, y de los presos de conciencia en las cárceles castristas. Nunca me importó sus orígenes, solo su dignidad opositora y la autoridad moral de predicar con el ejemplo. Hay una larga lista: Boitel, Matos, Martín Pérez, Payá, Yoany, Ferrer, Otero, imposible mencionarlos a todos.
Cuba fue es y será diversa. Y ahí está el secreto de una Cuba democrática futura plural e inclusiva. Y los artistas suelen romper barreras, disentir, y hacer sentir sensaciones, más que ideas, algo que ningún político gris, de discurso grave, consigue.
Por eso los regímenes totalitarios, o las sociedades intransigentes, les temen tanto, y el temor se hace censura. Los artistas, los intelectuales, no comprometidos, comienzan siendo censurados, después perseguidos y terminan siendo desterrados o asesinados. Y esto no es exclusivo de un color político: Solzheintser, Bretch, García Lorca. En el caso cubano Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Heberto Padilla.
El poeta Padilla fue víctima de la vigilancia y el control del estado represivo cubano. El gran hermano, el Patriarca Distópico (léase Fidel Castro) ordenó su arresto por actividades y propaganda contrarrevolucionarias. No se podía permitir que se descarrilara. Se acudió al manual. Fidel lo había advertido en un sombrío discurso en la Biblioteca Nacional de la Habana en1961, dirigido a los intelectuales: “Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada”. Pero Padilla tuvo mala memoria y tuvo la osadía de descarrilarse. Había publicado “Fuera del Juego” un poemario, de gran calidad literaria, en el que desafiaba el control estatal sobre la cultura, y la falta de libertad de expresión es Cuba.
Padilla fue arrestado, sometido a coacción psicológica (práctica del estalinismo soviético) y forzado a realizar la humillante autocritica en la que promulgó un Mea Culpa, reconociendo delitos ficticios.
Aquella autocrítica sirvió de escarmiento y atemorizó a muchos intelectuales de la época: Belkis Cuza, Díaz Martínez, César López, Pablo Armando Fernández.
Aquellos atropellos, al igual que los de ahora cometidos contra el Movimiento San Isidro, tuvieron un alto costo político de negativas repercusiones internacionales para el régimen cubano.
La gran intelectualidad de la época, año 1971, dominada por la izquierda, respondió al arresto y posterior autocritica enviando dos cartas dirigidas al “Patriarca Distópico”. La primera de protesta, la segunda de rompimiento. El régimen respondió con represión y aislamiento. Ese fue el primer gran quiebre de la izquierda con el totalitarismo cubano. Una izquierda, que, hasta entonces, le había servido, ciegamente, de escudo cultural para vender al mundo su utopía internacionalista.
Una larga lista de los pesos pesados de la intelectualidad y el arte rompieron con Fidel. Con dos grandes e imperdonables excepciones García Marquez, y Cortázar. La firma del premio Nobel colombiano apareció en la primera carta, pero desapareció de la segunda que fue de total condena y rompimiento, a raíz de la autocrítica.
Años después el escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, amigo de juventud de Gabo, me confirmó que él había decidido incluir la rúbrica de García Marquez sin habérselo consultado, basándose en conversaciones sostenidas, en privado, con Gabo en las que éste le había confesado un profundo descontento y decepción con el rumbo de la revolución cubana. García Márquez retiró su firma.
En el caso de Cortázar murió como un “Fama disfrazado de Cronopio” al menos en su compromiso (Kompromat) con Fidel y la revolución.
El rompimiento más notable fue el del Nobel peruano Mario Vargas Llosa quien, a raíz del caso Padilla, pasó de ser uno de los principales defensores de Fidel, a uno de sus más implacables enemigos.
Otero Alcántara ha sido criticado como lo fue Padilla, como lo fue Arenas, como lo fue Payá.
Las críticas podrían ser entendibles en cuanto a formas, pero nunca en contenido.
Los opositores son útiles a una causa, no están en un curso de simpatía ni debemos estar de acuerdo en todo.
A Luis Manuel le tocó vivir un momento histórico y cumplió, dignamente. Un papel que no eligió y por el que pagó un alto precio. Sería injusto después de sus cinco años de presidio y de haberse convertido en el rostro de la oposición cubana en el mundo, que no encuentre comprensión, libertad y respeto entre los exiliados en Miami.
- Después de terminar este artículo, leo que Otero Alcántara ha reivindicado a Chocolate MC: “Su Bajanda se convirtió en un himno contra la dictadura cubana”.
Tal vez, hay que aceptar la otra realidad.
No obstante, Luisimi: no aprietes que tanto va Alcántara al agua, hasta que se rompe.
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FUENTE: Félix Guillermo
