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RELATO

Un cangrejo ciguato

Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión

Por CAMILO LORET DE MOLA

No hay un patrón que se repita para el futuro de los hijos de los autócratas a nivel mundial. No se puede encontrar similitudes en lo que ha pasado con los descendientes de los diferentes tiranos universales, una vez que estos son depuestos.

Hay herederos que logran vivir tranquilos con los réditos mal habidos por sus padres. La lista incluye a los hijos de una pléyade de dictadores africanos desperdigados por el mundo, o a la familia de Fulgencio Batista y a la de Augusto Pinochet, por poner dos ejemplos latinoamericanos.

Otros son perseguidos con saña y hasta pierden la vida en enfrentamientos y ajustes de cuenta tardíos con las víctimas de sus padres, como el hijo de Gadaffi en Libia o los hijos de Sadam en la convulsa Irak durante la invasión estadounidense.

Algunos se han reinventado en la política como herederos de sus mayores, como las nietas del dictador italiano Benito Mussolini que han sido desde diputadas hasta eurodiputadas representando partidos de derecha.

Pero hay una coincidencia importante para los descendientes de dictadores: los que se llevan bien con los Estados Unidos tienen más chance de sobrevivir en paz una vez derrocados sus padres.

Esta opción es la que quizás ha llevado a Raul Castro a buscar desesperadamente una silla para su nieto en la hipotética mesa de negociaciones con la administración Trump.

Ahora mismo lo mejor para Raúl Guillermo Rodríguez Castro sería reeditar la suerte de Ramfis Trujillo, cuando dejó la pista limpia para Joaquín Balaguer en la Republica Dominicana, en los inicios de los años 1960, y gracias a ello pudo vivir a todo tren en la lejana Europa sin riesgo de que le fueran a buscar.

Quizás esta intención justifique que al Cangrejo lo presentaran vestido de gigoló en una entrevista con periodistas de los Estados Unidos durante el pasado fin de semana:

La camiseta Boss, los tenis Hermés, el portafolios Ferragamo, la cadena de oro con las iniciales de Fidel y Raúl en su cuello y el Rolex de acero en su muñeca izquierda parecen más una puesta en escena que la incapacidad del príncipe del socialismo cubano para disimular su nivel de vida.

Lo disfrazaron de señuelo buscando que Trump y Marco Rubio lo compraran. La carnada del tipo corrupto, amante del dinero y de las marcas sobre el que pueden influenciar.

Porque es inconcebible que los expertos de la dirección de inteligencia del ministerio del interior en Cuba no le recomendaran el uso del uniforme verde olivo y del sambrán con pistola enorme, con que su tío abuelo presumía de “los humildes y para los humildes”.

Además, la imprudencia de narrar los viajes pagados por amigos y admiradores para ver a los Yankees jugar en Nueva York y para cenar en los mejores restaurantes de Paris, o el poco interés en justificar lo que a todas luces son privilegios que irritarán a sus vecinos sacrificados por el ideal vendido desde 1959. El irrespeto de referirse al actual dictador de facto como Miguelito, ni siquiera por sus apellidos.

Raúl Castro está en una carrera contra reloj sabiendo que le queda poco en esta dimensión, no quiere “salvar la patria, la revolución y el socialismo” como gritara su hermano Fidel a los cuatro vientos. Al viejo general lo que le importa es salvar a su cangrejo, dejarlo bien plantado, “con cabillas de doce pulgadas”, me dice un amigo desde La Habana.

El abuelo es egoísta, en su esfuerzo final no empuja al tuerto, su hijo, el coronel Alejandro, ni a su hija la díscola Mariela y mucho menos a Nilsa y a Débora. Bueno que de Débora se ocupe el cangrejo que para eso es su hijo, que por donde salga el crustáceo salga también la hija mayor.

Para que se complete la ecuación falta que Trump muerda el sedal, pero parece que la carnada de cangrejo no es atractiva para los peces del norte: “Vinieron, le dieron vuelta al anzuelo, pero terminaron alejándose”, me argumenta el amigo habanero, “el canciller Rodríguez Parrilla anda desesperado gritando que los yumas no vienen, que lo han dejado solo y para colmo en naciones Unidas los yumas vinieron a pegarle con todo, no para conciliar”

Yo me quedo con la frase del heredero, asegurándole a los periodistas de USA Today que sufre mucho porque el resto de los cubanos no pueden vivir como él y que todos los días se levanta buscando la forma de hacer posible que eso pase.

“Está ciguato”, dice mi amigo, nadie compra un cangrejo fuera de frío, aunque lo congelen ahora, apesta, se le siente el tufo”

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