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REPORTAJE

Cuba: apagones interminables, alimentos cada vez más caros y el miedo tiene un límite

La flota de viejos autos estadounidenses con carrocerías de la década de 1950, conocidos como almendrones, hoy apenas circulan por la Isla

Por IVÁN GARCÍA

El pasado sábado, comprar media docena de huevos y un litro de aceite vegetal le provocó un estallido de cólera a Saray, 66 años, ama de casa, residente en la barriada de Luyanó, al sur de La Habana. Hace diez días, en ese mismo mercado, cada huevo costaba 80 pesos y la botella de aceite 2 mil pesos.

"Precios que ya me parecían abusivos, pues meses antes se compraba el aceite en 1,300 pesos. Cuando fui a pagar, vi que el dependiente me viró el dinero pa’atrás y me señaló los nuevos precios en la tabla: un huevo a 115 pesos y el litro de aceite en 3,500 pesos. No pude más y solté la chancleta. Lo que estamos viviendo los cubanos es una guerra psicológica. Le dije hasta del mal que iba a morir al dueño del negocio y a Díaz-Canel, quien junto a Fidel y Raúl Castro son los culpables de este infierno”, dice Saray, insultada.

En cualquier esquina de La Habana, taxi colectivo o en la cola para sacar dinero del banco, las palabrotas y críticas subidas de tono a la desastrosa gestión de los servicios básicos por parte de la dictadura verde olivo son habituales. Irasema, 43 años, cuenta que desde las cuatro y media de la madrugada marcó en una sucursal bancaria cerca de su casa. “Tengo en la tarjeta casi 20 mil pesos y no puedo comprar en ningún sitio porque o no hay cobertura para las transferencias o porque los particulares solo aceptan efectivo”.

“En el banco atienden a los clientes si hay electricidad. Era el número once en la cola, pues los cajeros automáticos están rotos o no tienen efectivo. Pero desde las ocho de la mañana, hora de apertura, había un apagón. Cuando al mediodía llegó la luz, no sé cómo apareció más gente en la cola. Se armó una bronca monumental y vino hasta la policía. Cuando los ánimos se calmaron y se organizó la cola, se volvió a ir la luz".

"Y los empleados del banco, muy campantes, dijeron que cerraban hasta el día siguiente. Se me fueron los 'pines' (montó en cólera) y me cogí la tribuna pa’ mí sola. Me cagué en la madre de todos los dirigentes y dije que Cuba está en bancarrota. Solo dos o tres personas me apoyaron. El resto, grabando con el celular el momento en que la policía me arrastraba por los pelos hasta el carro de patrulla. Al final me pusieron una multa de ocho mil pesos por escándalo público. Estoy salá”, confiesa Irasema.

La frustración de los cubanos se palpa a flor de piel. Con un calor de 33 grados a la sombra y sensación térmica de 39, debido a la elevada humedad, Erasmo, profesor jubilado, busca guarecerse del sol en un portal de la Calzada del Cerro, mientras intenta parar un taxi. El déficit de combustible, intensificado después de las restricciones del gobierno de Estados Unidos a la longeva dictadura, como arma de presión política, ha provocado una disminución de los autos de alquiler y una feroz subida del precio de la gasolina, lo que repercute en el bolsillo de los pasajeros.

“El litro está entre 2.80 y 3.50 dólares en las gasolineras que antes eran estatales y ahora manichean las MIPYMES y sus enchufados. En la calle ese mismo litro te lo venden en 3,500 o 4 mil pesos. El pasaje que antes costaba 200 pesos, en estos momentos cuesta de 700 a mil pesos, dependiendo de la distancia”, explica Josué, taxista particular que maneja tratando de driblar los baches en la Calzada.

Erasmo puede entender el asunto de la inflación. "Sé que la escasez de combustible provoca una subida en la cadena de los precios en todos los rubros de la economía. El gobierno es el encargado de buscar soluciones. Pero el imbécil de Díaz-Canel sigue con sus explicaciones de la utopía y es carne de meme”.

La flota de viejos autos estadounidenses con carrocerías de la década de 1950, conocidos como almendrones, hoy apenas circulan por la Isla. Han sido sustituidos por triciclos eléctricos con capacidad para seis o diez pasajeros cada uno. A Erasmo no le gustan los triciclos.

“Ya La Habana parece Hanói. Una pila de cachivaches por las calles llenas de basura. Incómodos con cojones. Peso 250 libras y tengo que viajar apretado, con este calor de espanto, con un pie colgando en el estribo del triciclo. Además, por cualquier maniobra se vuelcan. Y sus conductores, sabiendo que no hay transporte público, están cobrando 500 y 600 pesos por persona”.

Silvano, oriundo de un poblado montañoso en Santiago de Cuba, recaló en “La Habana pa' luchar el 'baro' (dinero), porque allá en Oriente las cosas están que arden. Hay tres veces más hambre y necesidades que aquí. Mi familia no come carne ni pollo hace meses, se alimentan a base de fongo (plátano burro), harina de maíz y mango". Silvano aclara que el precio del pasaje del triciclo en La Habana ha subido por los apagones.

"Muchos habaneros tienen motos, pero al no tener electricidad, no les da tiempo a cargarlas (demora cinco horas). Y los dueños de plantas de gas se aprovechan y te cobran mil pesos por dos horas de carga. La crisis que estamos padeciendo es bestial. Pero yo no soy el culpable de este desastre. Cada día tengo que entregarle al dueño del triciclo seis mil pesos y pagar un montón de pesos si el triciclo sufre daños".

"El dinero que entra por una mano sale por la otra. El alquiler de un cuchitril sin refrigerador ni ventilador no baja de 60 dólares mensuales. Este bisne solo da pa'comer y mandarle un poco de plata a mis parientes en Santiago. Es una vida de perro la que padecemos los cubanos por culpa de estos mal nacidos”.

Erasmo, el profesor jubilado, se queja de que los maratónicos apagones han traído como consecuencia "que tengamos que comprar la comida al menudeo, para que no se eche a perder. Solo los millonetas (nuevos ricos) pueden tener plantas conectadas a sus neveras. El refrigerador y el freezer lo tenía lleno de jama. Me quedaba sin dinero, pero la familia tenía asegurada la comida. Ahora hay que salir cada día a luchar el condumio".

Los precios son de infarto. "Hace una semana, la libra de lomo de cerdo deshuesada estaba en 1,500 pesos. Ahora ronda los 2 mil pesos. El paquete de pollo de diez libras, que hace dos meses costaba 5 mil pesos, ha subido hasta cerca de 7 mil pesos. Los productos del agro igual: un aguacate 300 pesos, un mango grande, 150 pesos y 2,500 pesos una ristra de ajos. Una bolsa de pan subió de 300 a 500 pesos. Si no salimos pa’la calle, dentro de un año nos comeremos unos a otros”, afirma Erasmo.

Es tanta la frustración, la pobreza extrema, la pésima alimentación y las billeteras vacías, que muchos cubanos van perdiendo el miedo y están protestando frente a las sedes del PCC en sus municipios.

Claudia, ingeniera, considera que “la gente debe cambiar de método, ir a cantarle las cuarenta a esos descarados en sus casas o en el comité central. El pasado martes, luego de un apagón de varios días, fuimos a Villa Marista a protestar. Éramos casi cien personas, con calderos y objetos que hacían bulla. Algunos gritaron «Libertad». Nos plantamos a la entrada de Villa Marista, que queda por un costado, en la calle Anita. Exigimos hablar con el jefe. Salieron varios militares con armas largas para intentar intimidarnos".

"La cara de miedo se les notaba a la legua. Un coronel nos explicó que iba a resolver el problema. Esa noche nos pusieron la luz desde la una de la madrugada hasta las siete. Pero el miércoles hubo otro apagón de tres días. Regresamos de nuevo a Villa Marista. Esta vez no nos dejaron pasar. Tenían rodeada la unidad y nos impidieron el paso. Pero no paramos de gritar. Apareció un coronel y la presidenta del partido comunista local. Nos prometieron buscar una solución. Llevamos ocho horas con luz, un lujo en Cuba”.

Claudia asegura que la mejor opción es “armarle la protesta frente a las sedes principales del gobierno. Y si amenazan con usar la fuerza y detenernos, que nos detengan a todos juntos”. Para ella fue una pequeña victoria ciudadana. A pesar de las armas largas que portaban, por primera vez observó el pánico reflejado en la cara de las autoridades. El miedo está cambiando de bando.

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