LA HABANA, CUBA — Parece que ha pasado mucho tiempo cuando aquella tibia mañana del 22 de marzo de 2016, Barack Obama, se reunió con un grupo de opositores y periodistas independientes en un salón de la embajada estadounidense en La Habana.
Cuba: oposición apuesta por el consenso para construir la democracia
En el marco de aquella histórica visita de Obama, exmandatario de a Cuba, surgieron diversos proyectos contestatarios en el país
Fue en el marco de aquella histórica visita del exmandatario de Estados Unidos a Cuba -que generó exageradas expectativas en un sector de la población y la disidencia local- cuando surgieron diversos proyectos contestatarios en el país.
En un corto plazo de tiempo, se fundaron medios independientes como Periodismo de Barrio, dirigido por la reconocida periodista Elaine Díaz, El Estornudo, liderados por Carlos Manuel Álvarez y Abraham Jiménez, y El Toque, web originalmente patrocinada por Radio Nederland.
La prensa alternativa dio un salto cualitativo y cuantitativo con la llegada de una camada de jóvenes y talentosos periodistas como Mónica Baró, Carla Gloria Colomé, Darcy Borrero, José Jasán Nieves y Glenda Boza, entre otros. Como flores brotaban proyectos de la comunidad LGBTIQ+, de emprendedores privados y de activistas en distintos sectores que reivindicaban un socialismo democrático.
En algún momento de esa etapa comprendida entre 2013 y 2017, en el marco de las tímidas aperturas de Raúl Castro, la disidencia tuvo la posibilidad de viajar al exterior participar en talleres y foros, y optar por becas en Estados Unidos, Europa y América Latina.
No había consenso, ni tenía por qué haberlo. Harold Cárdenas y un grupo de jóvenes universitarios defendían al proceso castrista, aunque reclamaban democracia y reformas políticas. Coincidían las diversas tendencias y vertientes en recepciones, eventos en el extranjero y en ruedas de prensa convocadas por la Embajada de Estados Unidos en La Habana, donde se invitaban a todas las partes.
Es justo de reconocer que hubo un segmento de la oposición, denominado ala dura o conservador por aquéllos que apoyaban la estrategia de Obama, que fueron ninguneados y apartados de la hoja de ruta establecida por la Casa Blanca.
Es el caso de Antonio Rodiles y Claudio Fuentes, que con el paso del tiempo demostraron la certeza de su teoría: todo fue un espejismo, era una puesta en escena del régimen para seducir a la izquierda estadounidense y europea.
En 2014, la represión a los que apoyaban la política de Obama dirigida a Cuba amainó o fue más sutil. Para quienes como las Damas de Blanco, que mantenían sus reclamos en favor de la libertad de presos políticos y una democracia real, cada domingo recibían una paliza y eran detenidas.
Recuerdo que cuando cubría una protesta de las Damas de Blanco o una conferencia en Estado de Sats, que dirigía Rodiles, los agentes de la policía política intentaban tratarme amablemente. Salvo excepciones, las detenciones eran breves, cuestión de horas.
Un día sí y otro también se efectuaban eventos de la sociedad civil independiente. El Centro Cultural Padre Félix Varela, institución laica perteneciente al Arzobispado de La Habana, en la zona colonial de la ciudad, los fines de semana organizaba debates sobre disimiles temas económicos, sociales o políticos. Participaban juristas de calibre como Julio Fernández Estrada, el empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas y politólogos como Guenady Rodríguez. Entre los organizadores destacaban Roberto Veiga y Lenier González.
Concurrían opositores y periodistas independientes y al final de las presentaciones podíamos hacer preguntas. Habían fuertes discrepancias, pero siempre bajo un clima de respeto. Existían prejuicios, tal vez demasiados. En un encuentro sobre periodismo en Miami, un brillante reportero abiertamente anticastrista, sospechaba que los jóvenes periodistas por su visión idílica, eran agentes de influencia del régimen.
Del otro lado igual. Tildaban a los periodistas autodidactas de dinosaurios, conservadores, plattistas. Le comenté a un periodista de la nueva hornada, que intentaba con disimulo mantener una distancia saludable con los viejos reporteros, como si contamináramos, que la represión y el presidio político de la dictadura a los que pensaban diferente no era una fábula, pues al joven comunicador le parecía una exageración.
Le dije que creía -y sigo creyendo-, que no se puede iniciar un nuevo ciclo sin repasar el pasado y reconocer que antes de que nosotros llegáramos, hubo otros que reclamaron lo mismo que demandamos ahora. Con la brutal diferencia de que a ellos los fusilaron o fueron condenados a muchos años de cárcel. Le leí un poema de Niemoller. Y le recordé las palabras de Martin Luther King, igualmente válidas para las instituciones autoritarias del régimen cubano: 'Yo no quiero que me amen, solo pido que no me linchen'.
La breve tregua concluyó. Las autoridades se espantaron con la popularidad de Obama entre los cubanos y el surgimiento de nuevos grupos de activistas, periodistas y artistas independientes. La llegada de Trump a la Casa Blanca fue el pretexto para desatar la razia por parte del castrismo.
Quedó en evidencia que la autocracia verde olivo utilizó a los contestatarios de tendencia moderada como un camuflaje para esconder su aberrante absolutismo. El mensaje de ida y vuelta fue simple: cualquiera que se oponga a las directrices oficiales es el enemigo.
De 2017 a la fecha se desató una represión sistemática no solo contra los opositores, también contra los que piensan diferente. No importa si reclaman un socialismo democrático, economía de mercado o son anarcosindicalistas. Todos los que se aparten del guión dictado por los comisarios del partido comunista son ‘traidores’. Están expuestos a los linchamientos verbales de corte fascista y cánticos frenéticos de sus perpetradores como "al machete, que son pocos".
La ola represiva desatada por el régimen ha sido persistente y sin tanta repercusión en los medios internacionales como la Primavera Negra de 2003, que encarceló a 75 opositores pacíficos. Hasta la fecha, hay más de mil presos políticos. La mayoría jóvenes de a pie de a pie que el 11 de julio de 2021 salieron a las calles a demandar libertad y democracia.
La represión ha provocado que cientos de activistas políticos y periodistas libres se marchen al exilio. La oposición se ha desmantelado. Nunca tuvo poder de convocatoria, pero fueron los precursores en reclamarle a la dictadura libertad de expresión y respeto por los derechos humanos. Las timoratas aperturas del régimen, como venta y compra de casas, negocios privados y otros, siempre fueron reclamos de la disidencia interna.
Justo en el momento que ocho de cada diez cubanos se opone al gobierno de Díaz-Canel y sus ministros, cuando más se necesitan líderes políticos capaces de tender puentes con la disidencia y la población, la oposición cubana está menguada.
Entre la brutal crisis económica, que obliga a cualquier disidente a desgastarse haciendo colas para alimentar a su familia, y el hostigamiento de la Seguridad del Estado que te ofrece solo dos opciones, emigración o cárcel, ha provocado que la oposición esté en modo supervivencia.
En ese desierto, un grupo de activistas tiene como estrategia apostar desde el consenso para construir un futuro democrático en Cuba. El analista político y periodista independiente Julio Aleaga Pesant publicó un artículo inspirado por la estrategia de Javier Milei en Argentina y María Corina Machado en Venezuela, de efectuar elecciones primarias, supongo que en el exilio, para elegir un candidato que, más allá de las diferencias ideológicas, tendría como objetivo superior construir la democracia en Cuba.
Alega declaró a Diario Las Américas que “la propuesta se está manejando con cuidado. De lo contrario, saltaría el lobo a tratar de comernos. Lo que te puedo decir es que ahora mismo los que trabajamos para que se cumpla ese proyecto lo estamos haciendo en tres fases. La primera sería una campaña sobre el tema para que se dé la discusión en los diferentes foros que podamos movilizar en esa dirección. La segunda y en paralelo, conversaciones con abogados, unos en el exilio, otros en la isla, que se identifican como activistas prodemocráticos. Y por último, la discusión plena para comenzar a encadenar a los diferentes actores políticos y organizaciones y que ellos mismos establezcan un plan para desarrollarlo”.
A partir de octubre de 1995, el abogado Leonel Morejón Almagro intentó forjar un proyecto llamado Concilio Cubano, a favor de la unidad en la oposición local y el exilio, pero la feroz represión desatada por Fidel Castro en febrero de 1996 impidió su éxito. Esperemos que esta nueva estrategia pueda limar asperezas, sortear el hostigamiento de la policía política y erigirse como portavoz del cambio. Por el bien de Cuba.
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