Cuando en agosto de 1959 comencé a trabajar de mecanógrafa en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular (PSP), en Carlos III y Marqués González, los tres inmuebles emblemáticos en el tramo de Belascoaín a Infanta, situados en la misma acera, eran la Gran Logia Masónica, la Compañía Cubana de Electricidad y la Sociedad Económica de los Amigos del País.
Fui testigo de la nacionalización de empresas en 1960
La nacionalización de empresas se adobó y se cocinó en la sede del PSP. Una de las influencias directas del PSP en el llamado Gobierno Revolucionario, se produjo los días 5 y 6 de agosto de 1960
La nacionalización de empresas se adobó y se cocinó en la sede del PSP. Una de las influencias directas del PSP en el llamado Gobierno Revolucionario, se produjo los días 5 y 6 de agosto de 1960. Fue la primera vez que trabajé más de 24 horas seguidas, incluida la noche y madrugada del 5 al 6 de agosto.
Cuando llegué a mi casa, todavía Fidel Castro estaba hablando (Hace 60 años Cuba nacionalizaba las empresas norteamericanas – MST ::). Fue cuando me enteré de que era en la clausura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, en el Stadium del Cerro: para la ocasión le cambiaron el nombre y le pusieron Estadio Latinoamericano.
Dando rewind. El que estaba al frente de los asuntos internos del Comité Nacional del PSP era Guerrero (Secundino Guerra) y, entre otras muchas tareas, a él le entregaban los trabajos que yo debía mecanografiar y Guerrero me los entregaba y me decía cuántas copias y si era algo urgente o no. Los trabajos mecanografiados se los entregaba a él, que los revisaba y se los entregaba a los distintos miembros del PSP.
Si había que hacer un trabajo extra, muy largo o importante, entonces con tiempo me lo decía, como cuando mecanografié la reedición del libro Los Fundamentos del Socialismo en Cuba, que todo el tiempo lo hice en la oficina de Blas, o un informe con muchos datos sobre las zafras azucarera que Carlos Rafael iba a mandar a los soviéticos (de las pocas veces que me dijeron a quién iba destinado un texto, pues Aníbal nunca me dijo que los mensajes para 'Alejandro' eran para Fidel Castro, lo suspuse).
Una excepción era Flavio Bravo, que me entregaba directamente las notas que tomaba de las reuniones del Comité Nacional, fueran semanales, mensuales o extraordinarias. Yo las pasaba en limpio y por encabezamiento ponía Acta No. tal de la reunión celebrada en tal fecha, con tales participantes. Yo no podía irme a merendar, al correo o al periódico Hoy, a tres cuadras, sin avisarle a Guerrero. Tenía que estar localizable, lista para teclear. Esa disciplina de trabajo siempre la tuve y aún la tengo, pese a estar jubilada hace tiempo y tener ya 83 años.
Volviendo a esos dos días de agosto de 1960. No recordaba qué días de la semana cayeron el 5 y 6 de agosto, por eso busqué en el almanaque online de 1960. El viernes 5 de agosto fui a trabajar como de costumbre (no tenía horario de entrada, de lunes a viernes solía llegar entre las 8 y las 8:30 y los sábados y domingos entre las 9 y las 10 de la mañana). Cuando llegué, Guerrero me dijo que a lo mejor terminaba tarde en la noche. Pero nunca pensé, probablemente él tampoco lo sabía, que íbamos a estar hasta la tarde-noche del sábado 6 de agosto.
En el salón de reuniones estaban los que tenían oficina fija (Blas Roca, Aníbal Escalante, Lázaro Peña, Salvador García Agüero, Joaquín Ordoqui, Severo Aguirre, Antero Regalado, Manuel Luzardo, Ramón Calcines) y los que trabajaban en sus casas o en otros lugares, pero eran miembros del Comité Nacional (Carlos Rafael Rodríguez, Flavio Bravo, Osvaldo Sánchez, Juan Marinello).
Pero en esta ocasión, no sé por qué, el que llevaba la voz cantante, el que estaba al frente de los documentos, era César Escalante, cuya oficina radicaba al lado, en el Comité Provincial del PSP. César, hermano de Aníbal, entraba y salía continuamente del salón de reuniones, iba a su oficina y luego volvía y directamente me daba lo que tenía que mecanografiar, que, por estar más cerca, mi máquina de escribir la puse en la oficina de Lázaro.
Por tratarse de un tema jurídico, tal vez había uno o dos abogados que no eran del PSP, pero si los hubo, deben haber estado en la oficina de César, a la que nunca entré o en un lugar cercano, porque entre una consulta o discusión y otra, cuando había que hacer un arreglo al texto, no demoraba demasiado tiempo, si acaso una hora u hora y pico. Me imagino que también estarían en contacto con Fidel, Raúl y el Che, entre otros, pero estos no se encontraban lejos, como en Tarará, en una casa secreta donde barbudos y comunistas solían reunirse.
Además de mí, los empleados que trabajaron en esas dos jornadas fueron mi padre, La Mora, encargada de servir café y agua, y el hombre de la limpieza, cuyo nombre he olvidado. Ellos también laboraban a las órdenes de Guerrero y era quien a La Mora y al de la limpieza les daba dinero para que fueran a comprar comida en La Fama China, en Belascoaín y Maloja. O trajeran sándwiches de OK, cafetería en Zanja y Belascoaín, que hacía uno de los mejores sándwiches de La Habana. O maltas, refrescos, cigarros, tabacos y fósforos, si alguien los pedía.
Los choferes y escoltas, con los respectivos autos, si sus jefes no iban a demorar, esperaban en el estacionamiento en el tramo de Carlos III entre Marqués González y Oquendo, debajo de unos árboles que en primavera florecían, unas flores rosadas preciosas. Si iban a estar varias horas, entonces se iban a sus casas y regresaban a la hora indicada. Dejo los recuerdos de Carlos III y me traslado al Estadio Latinoamericano.
Ese discurso de Fidel Castro se hizo famoso porque perdió la voz mientras hablaba. Al releerlo, no descubro nada relacionado con aquellos dos frenéticos días de principios de agosto de 1960. En internet encontré un artículo sobre la Ley Escudo (A 58 años de la Ley Escudo - CubaNet), que tampoco me dice nada. Y es en EcuRed (Nacionalizaciones en Cuba - EcuRed) que descubro, en el segundo párrafo, que lo que yo mecanografié fue la Resolución No. 1 del Poder Ejecutivo de la República de Cuba:
"La Ley No. 851 de 6 de julio de 1960 fue una ley defensiva de la soberanía nacional para garantizar el libre desenvolvimiento económico de Cuba ante la constante agresión con fines políticos a los fundamentales intereses de la economía cubana por parte de la administración norteamericana. Esta fue dictada bajo la preceptiva constitucional de expropiación forzosa, de incuestionable valor jurídico, y era contentiva de procedimientos de pagos de los bienes expropiados. A ese efecto, el Banco Nacional de Cuba abriría una cuenta especial en dólares, denominada Fondo para el Pago de las Expropiaciones de Bancos y Empresas de Nacionales de los Estados Unidos de Norteamérica, y los bonos devengarían un interés no menor del 2% anual, pagada exclusivamente contra tales fondos. Estos bonos serían amortizados en un plazo no menor de 30 años, contados a partir de la fecha de expropiación del bien".
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