MIAMI.– El segundo Nobel colombiano es, ante todo, el reconocimiento a un largo proceso de paz, complicado y doloroso. Debe representar el final de una cruenta guerra civil que tardó más de medio siglo.
La Paz vale mucho más que un Nobel
El presidente Juan Manuel Santos heredó el conflicto, que enfrentó siendo aún ministro de Defensa del expresidente Álvaro Uribe, y puso sobre la mesa todo su capital político en una apuesta, contra viento y marea, frente a una segmento importante de la sociedad colombiana que se opuso a los detalles de un acuerdo negociado en La Habana bajo la batuta de los gobiernos cubano y noruego.
Sin embargo, el Nobel de Santos tiene una característica particular. Como sucedió con los acuerdos de Oslo entre Israel y el Estado Palestino, las dos partes fueron galardonadas. En este caso, el jurado se abstuvo de recompensar a la guerrilla y se la jugó por el mandatario.
Como ha señalado la revista colombiana Semana, “todos le apuntaban a un reconocimiento compartido a las dos partes de la negociación, como ha tendido a ser la tendencia en este tipo de distinciones cuando se entregan a una negociación en concreto. Hasta el propio Nelson Mandela compartió su Nobel con su contraparte, Frederik de Klerk. Pero el sorpresivo Nobel de este año fue solo para Juan Manuel Santos, no hubo premio compartido con Rodrigo Londoño, mejor conocido como Timochenko, el jefe de las FARC, como se alcanzó a especular”.
Según el jurado, “con la concesión del premio al presidente Juan Manuel Santos, el Comité Nobel Noruego desea animar a todos aquellos que se esfuerzan por lograr la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia”. Es más, enfatizó el jurado, “el propio presidente ha dejado claro que seguirá trabajando por la paz justo hasta su último día en el cargo”.
A todas luces el premio fue decidido antes del referendo de la semana pasada en el cual una mínima minoría contestó el acuerdo de paz de la guerrilla, menos de 50.000 votos, por lo cual el Nobel surge ahora como un espaldarazo hacia Santos que ve ahora su apuesta reforzada y, sobre todo, coloca a Colombia en la primera línea de la diplomacia mundial. “Invito a todos a que se nos unan en nuestra lucha, pensamiento y corazón, en este gran lucha nacional de conquistar el más importante premio de todos: la paz en Colombia”, ha comentado Santos tras enterarse del galardón.
Las críticas no han faltado. Muchos colombianos creen que el premio ha sido una especie de interferencia exterior, como un espaldarazo a un mandatario que ha tomado decisiones políticas que, muchas veces, han sido poco comprendidas. Para el expresidente Uribe, que ha sido un fuerte crítico de su exministro de Defensa, el acuerdo de paz queda corto porque no tiene en cuenta a las víctimas de la guerrilla. En este caso del premio Nobel el exmandatario ha optado por un respetuoso silencio que no significa necesariamente que lo otorgue.
El premio Nobel colombiano anterior fue a Gabriel García Márquez. Sin duda mucho más unánime que el actual. Ese es el reto de Santos. Si la paz no prospera todo queda en veremos, en un fracaso que los colombianos saben que no merecen. La paz en Colombia vale mucho más que un Nobel.
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FUENTE: Especial
