El 44,5% de los cubanos encuestados en la Isla entre el 23 de febrero y el 13 de marzo de 2026 considera que es mejor callarse lo que piensa para evitar problemas, revela estudio realizado por Diario de Cuba.
Más del 44% de los cubanos prefiere guardar silencio por miedo a las consecuencias, revela Cuba Data
El dato sugiere que la autocontención no se explica principalmente por apatía, cansancio o desinterés, sino por una evaluación práctica del riesgo
Este hallazgo del estudio "Condiciones de vida, servicios, seguridad y ajuste cotidiano", segundo de diez de Diario de Cuba e implementado por Cubadata, aparentemente está en contradicción con el aumento de las protestas en la Isla reportado por varias organizaciones durante marzo.
En el sondeo participaron 1.807 cubanos con acceso a internet de todas las provincias, a los que Cubadata preguntó si es mejor evitar hablar de asuntos públicos.
Menos de un cuarto opinó que no, si sumamos los que estuvieron muy en desacuerdo (9,8%) y en desacuerdo (13,3%).
El objetivo de la pregunta era "medir no solo cuánto acuerdo existe con esa idea, sino qué tipo de lenguaje activa con más fuerza la autocontención", explica el investigador principal del proyecto, Arístides Vara Horna.
Por ese motivo, se formularon versiones distintas de la misma pregunta a cuatro grupos aleatorios. Las respuestas revelaron que la contención aumenta cuando la pregunta menciona consecuencias o complicaciones prácticas.
Por ejemplo, cuando la frase fue: "expresar opiniones en público puede traer consecuencias, por eso es mejor evitarlo", el 51,2% estuvo de acuerdo o muy de acuerdo. Cuando la formulación fue "hablar de temas públicos puede complicar la vida, por eso es mejor no involucrarse", el nivel de acuerdo llegó al 50,3%. En cambio, cuando la idea de mantenerse al margen se presentó como una forma de "vivir con menos estrés", el acuerdo bajó a 36,6%.
"El dato sugiere que la autocontención no se explica principalmente por apatía, cansancio o desinterés, sino por una evaluación práctica del riesgo. Para muchos ciudadanos, callar no significa no tener opinión; puede significar administrar los costos de expresarla", destaca Vara Horna.
Sin embargo, justo en marzo, en Cuba hubo protestas durante al menos 12 días consecutivos, según reportes de organizaciones defensoras de derechos humanos y perfiles de redes sociales.
El grupo de asesoría jurídica Cubalex registró 229 protestas, para un promedio de siete diarias, en su informe sobre derechos humanos en Cuba correspondiente a ese mes.
Los cortes diarios del servicio eléctrico, que en algunos territorios se extendieron más allá de las 30 horas consecutivas, fueron el principal detonante de las manifestaciones. También hubo dos apagones nacionales por colapsos del sistema eléctrico cubano los días 16 y 21 de marzo.
En ese escenario, Vara Horna considera necesario preguntarse no solo cuántas personas participan en las protestas en Cuba, sino cuántas deciden no hacerlo.
"La contención pública funciona como una zona intermedia entre el malestar y la acción colectiva. Ayuda a explicar por qué, incluso en contextos de deterioro severo, la protesta puede aparecer de forma intermitente, localizada o explosiva: el descontento puede existir, pero su expresión pública está mediada por miedo, cálculo y protección cotidiana", señala el investigador.
Vara Horna también llama la atención sobre el hecho de que no se encontraron diferencias significativas en las respuestas, por sexo, edad o regiones.
"Esto sugiere que la autocontención no pertenece a un solo grupo demográfico. Es una regla práctica extendida: evitar exposición, reducir riesgos y proteger la vida cotidiana. En sociedades cerradas o con baja tolerancia a la crítica, esa regla puede convertirse en una forma cotidiana de supervivencia", explica.
"La lectura principal es esta: en Cuba, el silencio público no debe confundirse con ausencia de opinión. La encuesta muestra una ciudadanía que puede estar evaluando cuidadosamente cuándo hablar, dónde hablar y frente a quién hablar. En tiempos de crisis, esa administración del riesgo se vuelve parte central de la vida política", apunta el investigador principal de Cubadata.
Por otra parte, el miedo —justificado, vista la respuesta represiva del régimen cubano— también podría explicar que la mayoría de las protestas reportadas en las redes sociales en marzo consistieran en cacerolazos en la oscuridad.
En muchos de los videos difundidos se escuchaban los golpes de cazuelas y las exigencias de libertad a gritos, pero no se distinguían los rostros.
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FUENTE: Con información de Diario de Cuba
