El proyecto Cuba Posible, que dirigen Roberto Veiga González y Lenier González Mederos, salió este miércoles en defensa del académico cubano de la Universidad de Harvard, Jorge Domínguez, acusado de acoso sexual.
Proyecto Cuba Posible defiende al académico cubano acusado de acoso sexual
Diario de Cuba informa que en un texto difundido este 14 de marzo, Veiga González utilizó contra intelectuales y personas que no identificó (pero que según él estarían "atacando" a Domínguez) la misma acusación que le hiciera la prensa oficial el año pasado: el plattismo.
Intentando buscar una causa de lo que califica como "ataques" a Domínguez por parte de un grupo de intelectuales, Veiga elucubra tres posibles razones: "a) la debilidad de esos que procuran sentirse fuertes cuando no tienen a quién temer, y para ello suelen ensañarse con aquellos caídos en desgracia; b) la envidia; y c) coqueteo con estereotipos estadounidenses, es decir, por una especie de plattismo que aún no puede formularse políticamente, pero que podría ser diseñado pronto cuando no exista un Raúl (Castro) que los mantenga flácidos, cándidos".
En julio pasado, tanto Veiga como Lenier González pidieron ser encausados ante la Fiscalía General de Cuba después de que desde varios sitios oficialistas se les acusara de "querer 'subvertir' el orden interno y de ser 'dos plattistas' al servicio del Gobierno norteamericano".
Sobre las acusaciones de acoso sexual a Domínguez, Veiga señaló: "La Universidad de Harvard está investigando estos sucesos ahora mismo; y todos debemos esperar por ese dictamen. Sin embargo, estimo que la culpa que está cargando se la están haciendo mucho más pesada, injustamente".
Asimismo, el director de Cuba Posible se hizo varias preguntas retóricas sobre la situación de Domínguez y concluyó con lo que definió como una "metáfora": "Estoy seguro de que si algún día Donald Trump (quien tuitea sus agravios a los cuatro vientos, con total sinceridad) se apoderase de Cuba, ejerciera todo su poder sobre la sociedad cubana de la manera más asimétrica posible, y nombrase al profesor Domínguez como su 'asesor' para Cuba (lo cual este jamás aceptaría), vería a no pocos de esos que hoy denostan del profesor, cortejarlo y, además, hasta empeñarse en la construcción de un monumento al 'acoso sexual' frente al Capitolio de la República".
Por otra parte, Veiga también salió en defensa de Carlos Alzugaray, presidente de la sección cubana de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) que en pasados días anunció que tomaría medidas con Domínguez a raíz de las acusaciones.
"También siento la obligación de resaltar mi aprecio por el profesor Carlos Alzugaray y solicitar que, dada su condición de actual director de la Sección cubana de LASA, no sea juzgado (también de forma indiscriminada) como consecuencia de la posición que sobre el caso asumió LASA en general, y sus integrantes cubanos en particular. El profesor Alzugaray se ha destacado siempre por sustentar el respeto a toda costa, ha sido y es un 'constructor de puentes', y siempre ha abogado a favor de 'la justicia a través de la justicia'", afirmó Veiga.
El profesor cubano Jorge Domínguez anunció el pasado 6 de marzo que se retirará de su puesto de docente en la Universidad de Harvard al final del semestre y que dimite de inmediato de sus funciones administrativas, varios días después de que al menos 18 mujeres lo acusaron públicamente de acoso sexual.
La Universidad había colocado a Domínguez de "licencia administrativa" el día 4 por la noche y después del anuncio de su retiro dos días después aclaró que ello no cambiaba la investigación en curso por las acusaciones.
Según varios medios especializados de EEUU, desde la década de 1980, se podrían rastrear estas denuncias contra el cubano. En aquel entonces, la profesora asistente Terry Karl se quejó a la Universidad de Harvard de que un académico de alto rango le había hecho insinuaciones sexuales en repetidas ocasiones. El suceso concluyó sin graves consecuencias.
Jorge Domínguez es experto en temas de América Latina y ha impartido clases de Gobierno en Harvard durante décadas. Es presidente de la Academia de Harvard para Estudios Internacionales y por Área. Fuera de la prestigiosa universidad fue uno de los fundadores del grupo de estudios Diálogo Interamericano y presidió la Latin American Studies Association (LASA).
Tiene publicados numerosos libros y estudios sobre la isla, entre ellos "Cuba: Order and Revolution"; "To Make a World Safe for Revolution: Cuba's Foreign Policy"; "Social Policies and Decentralization in Cuba: Change in the Context of 21st Century", y "The Cuban Economy in a New Era: An Agenda for Change toward Durable Development".
Algunos de sus libros han sido publicados en español por la editorial Colibrí, de Madrid: "Cuba hoy, (analizando su pasado, imaginando su futuro)", 2006; y "La política exterior de Cuba (1962-2009)", 2009.
El académico ha recibido críticas por sus posturas respecto al régimen de La Habana o que han sido consideradas como alejadas de la dura realidad del pueblo cubano. Tuvo palabras de elogio para Fidel Castro.
El proyecto Cuba Posible, por su parte, con posiciones en muchos puntos cercanas a las del oficialismo, ha sido catalogado por el propio vicepresidente Miguel Díaz-Canel como parte de "la oposición leal".
Texto íntegro del documento difundido por Cuba Posible
Ante el “caso” del profesor Jorge I. Domínguez: el cinismo siempre resulta lamentable
Por Roberto Veiga González
En las últimas semanas algunos cubanos, residentes dentro y fuera de la Isla, de manera festinada, han derrochado mezquindad en las redes sociales y en cadenas de correos electrónicos a propósito de las acusaciones de “acoso sexual” en contra del profesor Jorge I. Domíguez. No obstante, antes de opinar sobre ello, esbozaré un suceso ocurrido hace tres días en la escalinata del Capitolio de la República, ahora sede central del Parlamento cubano. Tal vez anotar este suceso sea una disgreción, pero se me antoja que no, porque puede tener cierto vínculo con el tema a tratar.
Ahora el Capitolo, además de concentrar las oficinas más importantes de la Asamblea Nacional, permite el acceso de la ciudadanía para que disfrute de la belleza de su inmueble y aquel que pueda respire la historia (oscura y/o luminosa) allí cobijada. Sin embargo, era el mediodía y por alguna razón, un custodio (una especie de guardia no profesional, insuficientemente preparado y falto del necesario respaldado por parte de las instituciones oficiales del orden) no les permitía ascender por la escalinata, pues en ese momento estaba cerrado el acceso al público.
Aquel grupo, de unas 12 o 14 personas, que había llegado a la mitad de dicha escalinata, ante el impedimento, ejecutaba ademanes, miraba al custodio con euforia y desprecio, le recriminaba su demanda y, al parecer, estaba a punto de pasarle por encima. Transcurridos unos 12 minutos, se presentó en la parte superior de la escalera otro custodio. Este, al menos por su apariencia, era de esos otros guardias que sí son profesionales, están bien preparados y tienen quizá “demasiado” respaldo institucional. Era un hombre de más de 2 metros de alto, muy fuerte, vestido con guayabera, y era ostensible que portaba, de manera encubierta, un arma de fuego en la cintura.
Este no dijo una palabra. Solo movió su brazo derecho de algún modo que dejaba clara la necesidad de suspender aquel desorden con el propósito de que todos se condujeran escaleras abajo. En cuanto esto sucedió, bastaron dos o tres segundos para que aquellas personas lo advirtieran y casi se electrizaran. Sin tiempo para razonar, sus fuertes ademanes se convirtieron en movimientos flácidos, la ira de los rostros se tornaron expresiones de candidez, y torcieron camino, ahora rumbo a la calle, como quienes desean que lo ocurrido no hubiera sucedido jamás.
Aquí dejo la anécdota. Ojala más adelante aporte a mis criterios.
Desde hace algún tiempo, en Estados Unidos, cualquier expresión que de distintas maneras pueda integrar lo sexual resulta considerado “un acoso”. Incluso, una galantería puede constituir “un acoso”. En mi opinión, esto podría resultar un exceso. La sexualidad existe, atraviesa a todo ser humano y a las relaciones humanas; y no se limita al empleo de los genitales, ni a otras relaciones eróticas. Cualquier gesto o acto de reconocimiento de una persona a la belleza o simpatía de otra, a partir de impresiones que sólo pueden apreciarse desde la dimensión sexual, resulta tan natural como los reconocimientos emitidos ante la profesionalidad, el talento, el mérito, etcétera. No obstante, toda persona y sociedad pueden tener el criterio y la posición que deseen sobre cada cuestión y, en tanto, yo las respeto.
En todo caso, si lo dicho por la prensa ha sido cierto, realmente el profesor Domínguez tiene una culpa que deberá cargar por el resto de sus días; pues, incluso, lo narrado supera un tanto a lo esbozado en el párrafo anterior. De hecho, la Universidad de Harvard está investigando estos sucesos ahora mismo; y todos debemos esperar por ese dictamen. Sin embargo, estimo que la culpa que está cargando se la están haciendo mucho más pesada, injustamente. ¿Quién puede asegurar que eso ocurrió? ¿Quién conoce que, si esto ocurrió, fue exactamente como se dice? ¿Quién se pregunta por qué fue ahora, y de conjunto, que se hace público todo de una sola vez? ¿Quién ha reclamado que no se debe emitir criterio valorativo hasta conocer ciertamente lo ocurrido? ¿Quién, convencido de que todo ha sucedido según las acusaciones, atiende a la exigencia de la justicia de criticar la culpabilidad, pero sin pretender mancillar las virtudes del acusado, ni su dignidad humana?
Muchos cubanos, de diversas posiciones político-intelectuales y desde diferentes lares, se han sumado al escarnio y, además, algunos lo han hecho de manera convulsiva. Reitero que lo considero un escarnio, porque reconocer e increpar cualquier culpa no debe incorporar la agresión. Además, entre esos que lo agreden hay quienes le deben favores y le rindieron toda la pleitesía posible mientras hacerlo era “rentable”.
Por otro lado, algunos colegas que rechazan estos ataques, durante estos días me han referido un sinúmero de presuntas o reales (¿quién sabe?) “culpas” de algunos de esos que ahora atacan al profesor Jorge I. Domínguez. Estos se refieren a oportunismo político e intelectual, violencia de género, relaciones sexuales (homo y heterosexuales) durante sus desempeños universitarios (que son naturales, pero estaban prohibidas por el reglamento de la institución), y varios etcéteras.
En tanto, preciso que desearía entender por qué toda esta dinámica y vitalidad, por parte de cubanos en contra del profesor Domínguez, que tanto esfuerzo ha brindado a favor de Cuba. Un amigo, viejo psiquiatra, conocedor de la historia, ayer me decía al respecto: “puede que lo hagan por tres razones: a) por la debilidad de esos que procuran sentirse fuertes cuando no tienen a quién temer, y para ello suelen ensañarse con aquellos caídos en desgracia, b) por envidia, y c) por coqueteo con estereotipos estadounidenses, es decir, por una especie de plattismo que aún no puede formularse políticamente, pero que podría ser diseñado pronto cuando no exista un Raúl que, como el custodio del Capitolio, los mantenga flácidos, cándidos”.
Al profesor Jorge I. Domínguez, con independencia de lo sucedido, lo respeto y lo considero muchísimo. Lo hago por la integridad de su vida, por los valores que sostuvieron sus relaciones con los cubanos, por sus aportes académicos acerca de Cuba, y por su afán (del que soy testigo) de trabajar (incluso, muchas veces corriendo riesgos, que tal vez tengan que ver con esas acusaciones) a favor de nuestro país.
Llegado a este punto, también siento la obligación de resaltar mi aprecio por el profesor Carlos Alzugaray y solicitar que, dada su condición de actual director de la Sección cubana de LASA, no sea juzgado (también de forma indiscriminada) como consecuencia de la posición que sobre el caso asumió LASA en general, y sus integrantes cubanos en particular. El profesor Alzugaray se ha destacado siempre por sustentar el respeto a toda costa, ha sido y es un “constructor de puentes”, y siempre ha abogado a favor de “la justicia a través de la justicia”.
Lo que expondré a continuación resulta sólo una metáfora y, además, afirmo que jamás sucederá, porque siempre habremos cubanos que no lo vamos a permitir.
Estoy seguro de que si algún día Donald Trump (quien twittea sus agravios a los cuatro vientos, con total sinceridad) se apoderase de Cuba, ejerciera todo su poder sobre la sociedad cubana de la manera más asimétrica posible, y nombrase al profesor Domínguez como su “asesor” para Cuba (lo cual este jamás aceptaría), vería a no pocos de esos que hoy denostan del profesor, cortejarlo y, además, hasta empeñarse en la construcción de un monumento al “acoso sexual” frente al Capitolio de la República.
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FUENTE: DIARIO DE CUBA
