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CUBA

"Que el año próximo sea diferente", desean las madres cubanas

Odalis, esposa del preso político Yeris Curbelo, activista y periodista independiente, no celebró el día de las madres

Por IVÁN GARCÍA

LA HABANA.- En medio de la oscuridad resalta el brillo de la pantalla del móvil de Dennise, 53 años. Está intentando contactar por WhatsApp con su hija residente en Curitiba, Brasil, y con su hijo, que lleva quince meses en una trinchera en la región del Donetsk, Ucrania, tras ser reclutado como mercenario por el ejército ruso.

Dennise vive junto a otras cuatro familias en una casona de puntal alto, con habitaciones separadas por tabiques de madera y paredes de ladrillos reconvertidos en pequeños apartamentos, en Tapaste, poblado del municipio San José de las Lajas, a 45 minutos en auto desde el centro de La Habana.

El inmueble multifamiliar es un infierno chiquito. Las broncas y robos son frecuentes. En la entrada, cuatro jóvenes, sin camisa por el calor, juegan dominó por dinero. Alumbran la mesa portátil con lámparas recargables y escuchan reguetón a todo volumen, mientras de un vaso desechable beben ron casero.

Según Dennise, “por cualquier cosa se arma un jaleo. Lo mismo te roban una ropa de la tendedera que una jaba con pan del cuarto. Solamente hay dos baños. La familia que lleva más de 25 años viviendo aquí se quedó con un baño, el otro tenemos que usarlo tres familias. Cuando quieres hacer tus necesidades, siempre está ocupado. La solución es orinar en un cubo y defecar en bolsas de nailon. Si quieres mejorar, tienes tres opciones: irte del país, conseguir un 'baro gordo' (mucho dinero) y comprar una casa o ir a la cárcel. Casi todos se ganan la vida con el 'invento', sean juegos de apuestas o venden alcohol y drogas".

Su hija mayor y su esposo emigraron hace ocho meses a Brasil. El hijo viajaba a Rusia dos o tres veces al año, a comprar ropa y piezas de automóviles que luego revendía en Cuba. “Pero no levantábamos cabeza. En Moscú conoció a una rusa que lo enroló en el ejército. Le prometieron pagarle dos mil y pico de dólares mensuales. Después del adiestramiento, junto a otros cubanos, los enviaron a pelear en Ucrania".

"Los rusos los usan de carne de cañón. Le pedí que deje eso, no quiero que regrese en un ataúd. Al principio le pagaban, aunque la mujer que le gestionó entrar al ejército se quedaba con el veinte por ciento, el resto del dinero lo enviaba a Cuba. Nuestro sueño es comprar una casa en La Habana. Pero hace tres meses que no le pagan. Los rusos son muy tramposos. Cogen a muchachos pobres con un montón de necesidades y los engañan”, asegura Dennise, quien lleva dos semanas sin noticias de su hijo.

“Cuando están en zonas de combate les prohíben conectarse a internet, porque los soldados ucranianos rastrean la señal, envían un dron y te vuelan en pedazos. Con mi hija chateo a diario. Cuando puede, me gira un dinerito y me recarga la cuenta de internet. En Tapaste los apagones son de dos y tres días. La vida es insoportable. Tienes que ser muy fuerte mentalmente para no caer en las drogas o volverte loca. Después del 1ro. de mayo, cuando el gobierno recogió esas firmas y organizó desfiles, arreciaron los apagones".

"Durante los días que les duró el buchito de petróleo que le regalaron los rusos, pasaron de 40 horas seguidas a 20 horas diarias. Parece que ya se les acabó, en la última semana lo que hay son alumbrones. Hace diez días que no entra agua. Por el alto precio del transporte, ir a La Habana es como viajar a otro país. La tapa al pomo la pusieron estos sinvergüenzas (los gobernantes) el día de las madres. Estuvimos a oscuras el fin de semana. Una celebración triste, separada de mis hijos y sin luz. Nos tienen viviendo como animales”, concluye Dennise.

Edania, 69 años, madre de cinco hijos, reside en un intrincado caserío montañoso del municipio Buey Arriba, provincia Granma, a más de 950 kilómetros al suroeste de la capital. Su vivienda es un rancho de tablones de palma y techo de zinc que refuerza con sacos de tierra para que la ventolera no la deje a la intemperie. En un primitivo corral tiene un par gallinas criollas y un cerdo enclenque de pelambre negra.

“Mi esposo falleció hace dos años, por culpa de una neumonía mal curada. Mis cinco hijos se marcharon del caserío. La hembra vive en Italia y el mayor está en México. Dos están en La Habana y el otro en Bayamo. Hubo un tiempo que el día de las madres todo el familión se reunía. El guateque duraba una semana, comiendo y bebiendo. Ahora, sin transporte y sin dinero en los bolsillos ni en los bancos, la gente ya ni se visita. La soledad de las madres es tremenda. Es muy duro vivir en la ladera de la Sierra Maestra con apagones de cuatro días, lavando en el río y caminando diez kilómetros hasta el pueblo más cercano”, se lamenta Edania.

Odalis, esposa del preso político Yeris Curbelo, activista y periodista independiente, no celebró el día de las madres. Con apagones infinitos y las cazuelas vacías, ha tenido que mantener al niño sin su padre, un hombre que se atrevió a cruzar la línea roja en el peor lugar de Cuba para ser opositor: Caimanera. Una demarcación donde la vigilancia y represión de la Seguridad del Estado es más efectiva que en cualquier otra región de la isla. Gracias a Yeris se conoció de la protesta del 7 de mayo de 2023 en Caimanera.

Además de noticias y audiovisuales en las redes sociales, Curbelo ofreció cobertura informativa los días posteriores a la protesta. Sus notas describían el dolor familiar de una madre por su hijo preso solo por reclamar libertad. Sus textos desmontaron el escarnio y la difamación de la prensa estatal, que pretendió acusar de 'vagos y borrachos' a participantes en la manifestación de Caimanera.

Yeris nació en una zona donde la Guerra Fría todavía no ha concluido. A un lado de la frontera minada, carteles de Socialismo y Muerte. Al otro lado de la cerca, una fragata estadounidense anclada en la bahía y en la lejanía el símbolo de McDonalds de una cafetería en la Base Naval de Guantánamo.

Desde que ingresó en la disidencia pacífica en 2007, Yeris Curbelo ha sido reprimido sistemáticamente y ha sufrido detenciones arbitrarias. En septiembre de 2024 fue condenado a dos años de privación de libertad. Es uno de los 1.250 presos políticos de la dictadura castrista. El domingo 10 de mayo, Yeris no pudo llamar a su madre y a su esposa para felicitarlas. Otras muchas cubanas, debido a las penurias cotidianas provocadas por la pésima gestión del régimen, no recibieron regalos ni pudieron compartir un almuerzo con sus hijos.

Aunque las cosas están que arden, Luisa, vecina de Jovellanos, en Matanzas, pudo pasar un rato con sus hijos. "Comimos arroz amarillo con perritos (salchichas). Tuve que cocinar con leña, porque hace meses no tengo gas licuado. Compramos seis latas de cerveza, pero como había apagón, no pudimos poner música y tampoco teníamos deseos de contar chistes y reírnos. Parecía un funeral y no el día de las madres".

Luisa es optimista. “Tengo una corazonada: el día de las madres del año que viene será diferente”.

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