Especial / @DesdeLaHabana
Usted también puede aspirar a ser presidente de Cuba
En momentos que el castrismo se desmorona y se avizora el fin de la dictadura, ciudsdsnos de diversa extracción social, hablan de aspiraciones políticas para el futuro de la isla
La Habana.- En la primavera de 2009 conocí a Luis Felipe Rojas y Rolando Rodríguez Lobaina. Fue en el apartamento de Reinaldo Escobar y su esposa Yoani Sánchez, quienes habían organizado un curso para formar blogueros en Cuba aprovechando el éxito de la bitácora Generación Y.
Escritor y periodista independiente, Rojas formaba parte de la Alianza Democrática Oriental (ADO) grupo opositor fundado por Néstor y Rolando Rodríguez Lobaina que llegó a tener más de mil miembros en las provincias orientales. Entonces, yo escribía para la edición América del periódico español El Mundo.
Seguía con marcado interés la aparición de nuevas figuras en la disidencia y el periodismo sin mordaza. Eran tiempos difíciles. Seis años antes, en marzo de 2003, el dictador Fidel Castro encarceló a 75 opositores, entre ellos 27 periodistas independientes. A partir del 23 de septiembre de 1995 pertenecía a Cuba Press, fundada ese día por el poeta y cronista Raúl Rivero.
Con la detención de Rivero, sancionado a 20 años de prisión, la mayoría de los periodistas se vieron obligados a partir al exilio, entre otros mi madre Tania Quintero. Decidí quedarme en la Isla. La Seguridad del Estado desmanteló Cuba Press y al resto de agencias independientes. Para poder mantener a mi hija recién nacida trabajé sin papeles elaborando pizzas en el negocio de un amigo.
De vez en cuando escribía notas sobre deportes o temas sociales de esa otra Cuba que el régimen pretendía ignorar. A fines de 2008, Yoani y Reinaldo me propusieron participar en el curso de blogueros. En 2009 abrí mi primer blog, Desde La Habana, que por la muerte respentina de su administrador, el portugués Carlos Moreira, desapareció en 2025.
A pesar del terror implementado por la maquinaria represiva del régimen castrista, la oposición y el periodismo independiente se mantuvieron activos. Mientras 75 disidentes estaban tras las rejas, surgieron varios grupos de activistas y Juan González Febles y Luis Cino lanzaron Primavera Digital, primer periódico realizado en Cuba.
Estaba al tanto de lo que sucedía en la oposición, en Cuba y en el mundo gracias a los correos que enviaba mi madre desde Suiza a una persona que tenía internet en La Habana, un lujo en aquellos años. También Vladimiro Roca y Félix Bonne, destacados opositores, me mantenían actualizado.
Gracias a 'radio bemba', los cubanos supieron que los hermanos Lobaina fueron sitiados por la Seguridad del Estado en un edificio en Baracoa, y les organizaron un acto de repudio masivo, lanzándoles botellas y piedras a su apartamento. Néstor y Rolando se defendieron con uñas y dientes.
Cuando conocí a Rolando, su hermano estaba en prisión y él vivía clandestinamente. Graduado de ingeniería en computación en la CUJAE, hablaba calmado y en voz baja. Viajaba de una provincia a otra para intentar escapar de la vigilancia policial. Esa mañana en casa de Yoani, quedé en entrevistarlo. La entrevista no se dio: fue detenido por la Seguridad del Estado. Nos volvimos a ver seis años después en un evento en Miami.
La oposición y el periodismo independiente vivían su mejor momento. Se hablaba de diversos temas, también del futuro de Cuba, convencidos que más tarde o más temprano aterrizaría la democracia. A Lobaina le pregunté si llegado ese momento se dedicaría a la política o soñaba con ser presidente, sonriendo respondía: “Cuando más, alcalde de Guantánamo”.
Hablar de deseos presidenciales era un tabú. En una extensa entrevista que en 2009 le hice a Yoani Sánchez, le pregunté si en una Cuba democrática le interesaría aspirar a la silla presidencial. “Demasiadas testosteronas, Cuba necesita la presencia femenina en los cargos ejecutivos”, me dijo. Pero no le interesaba ningún cargo político. Solo estaba enfocada en hacer un periódico.
Pero cuando se publicó, se sacó de contexto. Y desató una feroz campaña contra ella. Si en la disidencia interna o en el exilio pensaban que algunos podrían esconder intenciones políticas, ardía Troya.
Uno puede estar de acuerdo con una persona o no. Puede gustarte o no su afiliación política. Pero si de algo siempre he estado claro es de que cualquier ciudadano tiene el derecho de aspirar a ser presidente de su país.
No es un delito. Aunque la dictadura lo catalogue ‘como deslealtad y seducido por las mieles del poder’. Por esa razón montó una trama conspirativa y defenestró a funcionaros como Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.
He hablado en privado con casi todos los líderes opositores de la Isla. La mayoría han presentado proyectos políticos para una Cuba democrática. Pero cuando les preguntas su intención de aspirar a la máxima legislatura no saben qué decir. O son muy humildes o no quieren provocar un estado de opinión desfavorable.
Temen que la dictadura se burle de sus pretensiones y los desacredite, como si los altos cargos solo le fuera permitido a un clan familiar o a una casta determinada. Una sociedad democrática no funciona así. No importa la tendencia política. Lech Walesa era electricista en los astilleros de Gdansk cuando fundó el movimiento Solidaridad y posteriormente fue presidente en Polonia.
De la izquierda, Lula fue obrero metalúrgico. Pepe Mujica era floricultor y Pablo Iglesias, fundador de Podemos y luego vicepresidente de España, profesor universitario. En la derecha, Milei era economista y Bukele un hombre de negocios. En Estados Unidos, hay personas que la mayor parte de su vida la han dedicado a la política como Biden o clanes políticos como los Kennedy y los Bush.
Ronald Reagan, desde mi punto de vista el mejor presidente de Estados Unidos en los últimos cincuenta años, era actor de Hollywood. Obama, abogado recién graduado que llegó a la Casa Blanca gracias a su labor social en las calles de Chicago. Y Donald Trump un empresario de bienes de raíces. Dictadores que desatan vitriólicas campañas contra sus adversarios politicos, suelen tener un pasado intrascendente.
Fidel Castro fue un mediocre abogado que no ganó ningún pleito legal. Vivía de las mesadas de su padre, un terrateniente millonario en aquella época. Fue pandillero universitario e intentó afiliarse sin éxito en el partido ortodoxo de Eduardo Chivas. Hugo Chávez fue un teniente coronel de las tropas paracaidistas y exgolpista fracasado. Nicolás Maduro chofer de autobuses.
¿Por qué entonces Manuel Cuesta Morúa, Dagoberto Valdés, Rolando Rodríguez Lobaina, Alina Bárbara Hernández o la empresaria privada Yulieta Hernández, residentes en Cuba, no pueden pretender aspirar a ser presidentes? Fuera de la Isla la lista es larga, aunque no hablen del tema. Desde Zoé Valdés, Eliécer Ávila, Alexander Otaola, José Daniel Ferrer, Manuel Milanés, Orlando Gutiérrez, Amelia Calzadilla hasta Omar Sixto.
Cualquiera que tenga un proyecto factible para el futuro de Cuba puede aspirar al cargo. ¿Qué se lo impide? La dictadura que detenta el poder. Pero un buen día esas barreras caerán y las urnas decidirán.
Atacar desde la oposición y el exilio lo considero un error. La presidencia de una nación no es un club selecto ni un coto cerrado. Después del 3 de enero, con la captura de Maduro y la probable desaparición del castrismo, numerosos cubanos, que ni siquiera son opositores, hablan de aspiraciones políticas, no de emigrar.
Jóvenes radicados en Estados Unidos quisieran regresar y participar en la vida política de Cuba. Es muy positivo que se sumen a un proyecto de país. Para reconstruir el desastre ocasionado por 67 años de dictadura se necesita de todos los cubanos. No importa cómo se llamen. Ellos no son el enemigo.
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